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Noticias Uruguay / 13 de noviembre de 2018

Romper con el algoritmo

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Las redes sociales modificaron nuestra forma de relacionarnos con los demás.

Todos los días recibimos incontable información a través de Internet y de las redes sociales, a la que damos nuestro “like” o “dislike”, “retwitteamos”, “whatsappeamos” o comentamos, en cuestión de segundos.

Estas noticias en general repercuten sobre nuestros grupos de afinidad, con quienes estamos conectados y en minutos su difusión se multiplica en forma exponencial y según el tema, los ánimos pueden pasar de acalorados a directamente combativos.

Cada vez más las personas se dejan llevar por sus posiciones ideológicas y basta con que un dato provenga de la vereda de enfrente para que sea rechazado o que provenga de alguien que supuestamente se nos parece, para que sea abrazado. Sin abrirnos a la idea de que en general entender ambos puntos de vista enriquece el análisis de cualquier tema y que la razón está repartida en cuotas bastante parejas.

¿Cuántos de los que opinaron en forma tan contundente sobre la ley integral para personas trans, ya sea para defenderla como para criticarla, leyeron la ley o los análisis de los técnicos especialistas en el tema? ¿Cuántos brasileños decidieron su voto en base a información real sobre la corrupción de Lula Da Silva y otros operadores políticos o sobre ideas que efectivamente haya manifestado Bolsonaro? ¿Cuántas personas por motivos sólo ideológicos se niegan a aceptar la falta de democracia que vive hoy Venezuela?

Los usuarios de Internet tienden a confiar en toda la información que se encuentra online. La Universidad de Stanford hizo un estudio en el año 2016 sobre este tema (“Evaluando información: la piedra angular del razonamiento cívico en línea”) y concluyó que cuatro de cada diez de los miles de estudiantes que participaron en el proyecto creen como verdadera una noticia falsa (“fake news”), sin siquiera evaluar que no posee referencias a su autor o forma de creación.

A la innumerable cantidad de noticias falsas que circulan en las redes, muchas completamente inventadas desde cero y con voluntad expresa de influir sobre el ánimo social, debemos agregar el uso de algoritmos para el envío de contenidos, que puede manipular nuestra proyección de la realidad.

Los algoritmos son fórmulas que permiten canalizar un ingente flujo de información y convertirlo en datos relevantes para la toma de decisión, por ejemplo, para el diseño de un producto o servicio. Son el secreto del éxito de grandes compañías y generan un debate moral profundo sobre las oportunidades y amenazas que implican. En el contexto de las redes sociales e Internet son utilizados para modelar el comportamiento de navegación y en base a ello predecir sus intereses y decisiones de lectura o compra. Por ello son cada vez más utilizados por las empresas que quieren llegar a su público de manera digital. Determinan que cada persona reciba contenidos asociados a sus búsquedas anteriores, descartando información de los temas sobre los que no ha demostrado interés.

Así funcionan los sistemas de recomendación de Amazon, Google, ebay, Facebook, Spotify y Netflix. También Twitter por su forma de funcionamiento genera un efecto burbuja, en el que el usuario ve la realidad en forma parcial, sólo en el contexto de su grupo de seguidores y seguidos.

Esta nueva forma de elaboración del conocimiento y la sobreabundancia de datos de la era digital, requiere más que nunca el uso de nuestro pensamiento crítico. Utilizar el espíritu crítico cuando leemos información o una noticia significa analizar en forma individual y completa las afirmaciones antes de considerarlas verdaderas. Esto pasa por analizar las fuentes de la información recibida: si se trata de una organización, que sea reputada y sus propósitos conocidos; si surge de un medio, que sea conocido y respetado en el mercado; y si proviene de una persona, que se conozca su experiencia y profesionalidad. Si el contenido no tiene una fuente creíble y conocida, es recomendable mantener la visión de que la noticia puede ser falsa y sobre todo, no circularla como veraz.

Como observó Michael Lynch, un filósofo que estudia el cambio tecnológico, Internet puede ser “el mejor verificador de hechos del mundo así como el mejor confirmador de prejuicios”.

Sin darnos cuenta, somos quienes muchas veces legitimamos y le damos un velo de veracidad a noticias falsas al circularlas. Sobre todo, porque operamos en un conglomerado de opiniones e intereses afines en el cual la probabilidad de aceptación de una mirada prejuiciosa es elevada.

Ser conscientes del algoritmo que nos induce, sacarnos las anteojeras ideológicas y operar con sentido crítico frente a la información es la única forma de entender la realidad y de actuar alineados a nuestros estándares éticos. Porque así también se construye democracia y se combate al populismo.

* ABOGADA y empresaria.
Socia del Estudio Ferrere.