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Opinión / 15 de noviembre de 2018

Alfredo Casero: ¿flan o panqueque?

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Mauricio Macri quedó impresionado la primera vez que vio cómo Alfredo Casero lo defendía por TV. No conocía su trayectoria, jamás había oído hablar de “Cha cha cha”, pero sí sabía que necesitaba más fanáticos como él para bancar el proyecto. Fanáticos que, como había dicho el humorista, estuvieran dispuestos a “pegar tiros” para evitar que al Presidente lo derrocaran.

–¿Vieron cómo nos apoya este tipo? –arengó Macri a sus colaboradores en la siguiente reunión de Gabinete–. ¡Es increíble!

A su lado, Marcos Peña lo secundaba:
–Necesitamos muchos como él.

(Lea también: Flan vencido: Macri descubrió a Alfredo Casero en 2017)

La escena la publicó el diario Clarín hace un año y medio, cuando Casero comenzó a hacerse más conocido como defensor mediático del Gobierno que como comediante. Desde entonces, el autor del “¡Queremos flan!” se transformó en una bandera del PRO, en un ícono a la altura del perro Balcarce, los hits de Chano Charpentier, los billetes con animalitos o los globos amarillos que no se le niegan a nadie. Hasta hoy. Porque Casero acaba de dar una entrevista al canal LN+ en la que despedaza a la gestión macrista que hasta hace cinco minutos apoyaba.

Algunas frases:
“Tenemos un gobierno con el culo pesado, con el pecho frío, que nos ha abandonado a todos los que pusimos el pecho porque se piensan que por ser PRO ganaron, y ganaron porque toda la gente se puso en contra de algo que fue terrible, un choreo absoluto durante años”.

“El Gobierno se caga en la gente que votó por ellos, no les importa nada, lo único que quieren es hacer la plancha hasta las elecciones. Y en las elecciones van a tener que agarrarse el culo porque por esperar y quedarse tranquilos y hablar del flan en vez de poner las barbas en remojo, dejan que todo suceda y la gente la está pasando cada vez peor”.

(Lea también: Estela de Carlotto: “Siento pena por Casero, pero es más grave cuando lo dice un Presidente”)

“Siento que hay desidia. Yo vengo dándoles desde que esto empezó y a mí lo único que me están dando es que me están sacando, cada vez más”.

Al Gobierno le importa tres carajos la gente, lo que dice la gente, lo que piensa la gente. Nosotros no los votamos para eso”.

¿Qué le pasó a Casero para “panquequearse” de ese modo? Lo mismo que a casi un tercio de los encuestados que, luego de pasar el invierno más duro de Cambiemos, entre corridas cambiarias, inflación acelerada y tarifazos sin límite, se cansó de esperar la recuperación económica que el Gobierno viene prometiendo desde que asumió.  Macri, desde el día del triunfo en las legislativas de 2017, perdió 30 puntos de imagen en un año, según distintas mediciones. Un récord.

Julio Bárbaro me contó lo que alguna vez le dijo a Néstor Kirchner cuando el santacruceño, recién llegado a la Casa Rosada, buscó rodearse de artistas e intelectuales para darle más lustre a su gestión.

–Ojo que estos son los peores –le avisó Bárbaro, el encargado de reclutarlos.
–¿Por qué?
Se te dan vuelta a la primera de cambio, sin pestañear.

En el caso particular de Casero, bien podría argumentarse que cambiar de opinión es un signo de inteligencia. O también, que algunas convicciones políticas son tan sólidas como el flan.