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Opinión / 28 de noviembre de 2018

La cumbre del G20 y el desafío de un nuevo contrato social

El riesgo de automatización del empleo oscila entre un escenario del más del 70% de las profesiones que podrían ser reemplazados por máquinas inteligentes, a los pronósticos que dan apenas un 15%.

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EL G20 argentino tiene tres pilares muy relevantes para el futuro del trabajo. La primera es la adaptación del sistema educativo a las nuevas habilidades digitales. Algo que exige una profunda transformación, que involucre al Estado como actor indispensable, pero que también incluya a las empresas como educadoras de su fuerza laboral, y a los institutos de formación profesional de los sindicatos.

Hoy existe consenso acerca de la importancia de un doble tipo de habilidades, no sólo las “duras” de matemáticas, tecnología, ciencia y programación, pero también las “blandas” de inteligencia emocional y trabajo en equipo . Y también de la economía del cuidado, las energías renovables, y la economía circular.

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La segunda gran pregunta es: ¿en qué magnitud y a qué velocidad llegarán los robots? Nuestras cuentas nacionales, registran escasamente el fenómeno de la innovación. Pero el riesgo de automatización de los actuales empleo oscila entre un escenario atemorizante del más del 70% de las profesiones que podrían ser reemplazados por máquinas inteligentes, a los pronósticos más escépticos que dan apenas un 15%.

Como contracara figura la Justicia Social tecnológica: la equitativa distribución de los dividendos digitales; la ética de los datos y la inteligencia artificial; el despliegue de regulaciones; el fomento de la competencia cooperativa; los algoritmos abiertos; los incentivos para la innovación; y la atención a los sectores más vulnerables.

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Esos puntos llaman a repensar las premisas básicas de una economía digital, donde hace falta un nuevo contrato social, tecnológico, inclusivo e innovador.