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Cumbre G20, Opinión / 30 de noviembre de 2018

Primeras damas en visita cultural

Villa Ocampo y Malba serán protagonistas de las actividades de Juliana Awada y las esposas de los presidentes. Arte y macrismo.

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Seguramente la elección obedeció más a cuestiones estratégicas y de seguridad que a una “traición” a nuestra cultura más autóctona. Lo real es que Juliana Awada llevará a las primeras damas (y caballeros) del mundo a dos centros culturales que no son patrimonio de la Nación.

El primero es Villa Ocampo, en Beccar, donde el grupo almorzará y conocerá una de las casonas más bellas de la zona norte. La residencia fue donada por la escritora Victoria Ocampo (que vivió allí toda su vida y murió en 1979) a la Unesco, para que allí funcionara un centro de traducción internacional. El proyecto estuvo bastante abandonado hasta que, hace algunos años, la institución cobró nueva vida. Hoy la casa alberga el Observatorio Unesco cuya función más importante es cuidar del patrimonio documental de Ocampo y de su legado fundamental: la Revista Sur, unos de los proyectos culturales más sólidos que tuvo la Argentina y la publicación por la que pasaron algunos de los nombres más importantes del siglo XX, por ejemplo, Jorge Luis Borges.

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Villa Ocampo es también hoy domicilio de muestras y conciertos y brinda los servicios de un restaurante gourmet, para quienes prefieren disfrutar de los jardines frente a un buen plato de comida. El otro centro que visitarán las primeras damas es Malba, el Museo de Arte Latinoamericano que alberga, fundamentalmente, la colección del empresario Eduardo Costantini, pero también aloja grandes muestras temporarias de artistas contemporáneos. La institución es, sin dudas, uno de los centros más activos de la Ciudad, en una década en la que los proyectos privados brillaron en materia artística por sobre los estatales.

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Las dos elecciones son pertinentes y atinadas. Edificios hermosos, ubicados en barrios elegantes, con un contenido artístico de gran valor y originados en capitales privados. Lugares más cercanos al adn cultural del macrismo que cualquier otro centro o proyecto que albergue la ciudad. Tal vez la elección estuvo menos basada en criterios simbólicos que estratégicos. Pero Freud ya lo sabía: todas nuestras decisiones, aún las más pequeñas, al fin nos delatan.

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