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Música / 5 de diciembre de 2018

“Ey” en la ciudad liberada

Fito Páez en estado puro. Dos Gran Rex repletos y una triple excusa: repetir algunas nuevas composiciones, evocar los 30 años de “Ey” y recordar sus hits.

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Foto: Karina Dos Santos

* * * * Volvimos a ver a un Fito Páez en estado puro. El que es tan Salieri de Charly García como de Prince. El que moderó el asco que dijo sentir –y escribió– por los porteños y dijo ahora que “Buenos Aires sigue siendo el laboratorio más hermoso y en su naturaleza está ese corazón por la cultura”. El que sigue saludando al público con un “Bienvenidos Buenos Aires”, como si no hiciera décadas que vive a pocas cuadras del Obelisco. El muy talentoso que alguna vez supo ser la síntesis de sus mayores y convertirse en referente. El que posiblemente siga teniendo en sus temas más clásicos lo mejor de su producción pero que es también capaz de sacar constantemente algún buen conejo de su galera.

Ya había presentado el último álbum, “La ciudad liberada”, en el Luna Park hace unos meses. Ahora volvió a actuar frente a dos Gran Rex repletos con una triple excusa: volver a hacer algunas de esas nuevas composiciones, evocar los 30 años de su disco “Ey” y, por supuesto, recordar unos cuantos de sus hits.

Y así fue. Intercaló las más recientes y muy interesantes “Nuevo mundo”, “La ciudad liberada” o “Plegaria” con temas que todos los fans del rosarino llevan en su corazón, como “11 y 6”, “El amor después del amor”, “Circo beat”, “Brillante sobre el mic” o Al lado del camino”. Aunque por la emoción del recuerdo, mucho de lo mejor ocurrió en la parte central, cuando hizo íntegramente” el disco “Ey” en el estricto orden en que fue editado. Un trabajo áspero, de un Páez en estado de crisis constante, “muy Prince” en su estilo, con la poesía descarnada y la música potente en la que Fito se exhibe mejor. Esta reinterpretación tuvo momentos muy altos en, por ejemplo, “La ciudad de los pibes sin calma”, “Polaroid de locura ordinaria”, “Canción de amor mientras tanto”, “Alacrán” o “Por 7 vidas”. En la función del viernes, además, invitó a Franco Saglietti, de Francisca & les exploradores”, para hacer “Villa Urquiza”, que había cantado para el disco “Hermafrodita”. Y, como era esperable, la cosa terminó muy arriba con la sala coreando y bailando “Ciudad de pobres corazones”, Mariposa tecknicolor”, “A rodar mi vida”, “Dar es dar” o “Dale alegría a mi corazón”.

Como es habitual en él, volvió a mostrarse muy bien acompañado por Juan Absatz, Gastón Baremberg, Juani Agüero, el director musical Diego Olivero y los coros explosivos de Anita Álvarez de Toledo. Páez sigue siendo particularmente mejor cuando toca las teclas, adopta el papel del muy buen músico que es y se olvida por un rato de su papel de “rock star”. Y conserva una vigencia que queda muy bien plasmada en la presencia de un público entusiasta que tiene, en promedio, muchos menos años que él.

Fito Páez en estado puro. Dos Gran Rex repletos y una triple excusa: repetir algunas nuevas composiciones, evocar los 30 años de “Ey” y recordar sus hits.