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Sociedad / 28 de diciembre de 2018

Pinamar prohíbe las pajitas

La ciudad costera inhabilitó el uso de sorbetes. Fue una medida para cuidar el medio ambiente que ideó una ONG. Críticas de los empresarios plásticos.

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Foto: Mario De Fina.

Según un estudio realizado por la  consultora McKinsey para la  ONG estadounidense Ocean Conservancy, hay en este momento 150 millones de toneladas de plásticos flotando en los mares del mundo. Es más que grave: ese material puede tardar más de 1.000 años en desintegrarse. Sin embargo, este verano podría ser el primero en que una ciudad de Argentina no aporte lo suyo a la contaminación global, ya que Pinamar prohibió el uso de sorbetes.

La idea la tuvo la ONG “Yo amo mi playa”, que preside Gastón Caminata. El activista tocó la puerta de los concejales de la ciudad costera durante un tiempo largo, hasta que a fines del año pasado la legisladora del PRO, Alejandra Apolonio tomó el proyecto y lo impulsó.

En junio se aprobó por unanimidad, y el primero de diciembre entró en vigencia. La ley prohíbe el uso de sorbete de plásticos en la ciudad, aunque permite el uso de sorbetes de otro tipo, como de cartón.

Las “pajitas” tradicionales sólo se podrán usar en eventos privados, e incumplir la medida estará penado con multas de hasta 3 mil pesos. “El objetivo es concientizar a todos que estamos en un lugar turístico y que hay que cuidar el océano. El sorbete contamina sin sentido“, dice Apolonio, que cuenta que incluso convencieron a McDonalds de adaptarse a la ley.

La aplicación de la medida podría tener sus resistencias. NOTICIAS recorrió la costa de punta a punta y encontró tres sorbetes. Uno de ellos está retratado en la foto que ilustra la nota, aunque parecería ser de los que vienen en productos como los envases de jugo, a los que se les hizo una excepción para que puedan seguir funcionado.

Foto: Mario De Fina

Roly Vignale, dueño del balneario Mirasoles, admite que es difícil convencer a las familias, en especial en las que hay niños pequeños. “Estoy a favor, pero te puede traer algunas complicaciones mínimas. Va a pasar hasta que la gente se acostumbre”, dice Vignale.

Martín, un guardavidas de la costa que prefiere no dar su apellido, asegura que, casi a fin de diciembre, la aplicación de la ley es menos efectiva de lo que debería: “El tema es que hay poca gente de la municipalidad que controle la playa. Veo sorbetes casi todos los días”.

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No sólo es difícil el cambio de hábito, sino que también hay intereses en juego. A fines de julio, la Cámara Argentina de la Industria Plástica tuvo una reunión mano a mano, y picante, con los miembros del Consejo Deliberante de Pinamar. Lo que pidieron los empresarios del plástico era que se derogue la ley recién votada, pero los políticos argumentaron que estaban cuidando el medio ambiente, hecho que está sancionado en la artículo 41 de la Constitución. El punto de la Cámara no es menos válido: si la prohibición se extendiera a través del país, las ventas caerían y junto a ellas los puestos de trabajo.

Desde que Pinamar votó la ley, municipios como Mar del Plata, Villa Gesell y Mar Chiquita pidieron el proyecto para estudiarlo y aplicarlo en sus localidades. Es una guerra que se está peleando en todo el mundo:  La Unión Europea (UE) anunció el 25 de octubre pasado que sus 28 estados miembro le pusieron fecha de defunción a la producción de productos fabricados con plásticos no reciclables, como por ejemplo vasos, cubiertos y sorbetes.

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