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Mundo / 7 de enero de 2019

Michelle Bolsonaro, la apuesta silenciosa para acallar a feministas y gays

La primera dama de Brasil sorprendió con un discurso en lengua de señas. Será clave en la lucha del Gobierno contra la “ideología de género”, junto a una ministra de Mujeres machista.

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Fotos: AFP y DPA.

Fue uno de los puntos más destacados de la asunción de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil el martes pasado. Rompiendo el protocolo, la primera dama Michelle realizó su discurso en el locutorio del Palacio de Planalto, sede del Gobierno brasilero, antes de que lo hiciera su esposo. Y lo hizo en lenguaje de señas. Una interprete le puso voz al discurso de la primera dama muda.

Calladita. Michelle había sido la “traductora” al lenguaje sordomudo de los discursos de su marido durante la campaña (en la que tuvo un perfil bajo y no dio notas), señas que aprendió de su madrastra, y que practicó siendo -hasta hace apenas unos meses- la traductora de los cultos evangélicos de la Iglesia Batista Atitude, en Río de Janeiro, que frecuentaba con asiduidad.

Creyente militante, es además quien acercó a su marido católico a los grupos evangélicos que terminaron siendo aglutinadores durante la campaña. Y por recomendación suya no habrá en el Palacio de la Alvorada (la Quinta de Olivos brasilera), obras de arte sacro: los evangélicos no rinden culto a imágenes, por lo que todas las tallas barrocas de santos católicos dormirán en un almacén los próximos cuatro años (lo mismo pasará con el cuadro “Orixás”, que decoraba la sala donde se reúne el gabinete en el Planalto con las divinidades del candombe).

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“Brasil por encima de todos y Dios por encima de todos”, cerró Michelle su discurso insonoro, repitiendo el lema de campaña que repite ahora como mantra la poderosa “bancada de la Biblia” que también domina en el Congreso Nacional.

Dos caras. A pesar de su discurso abiertamente machista Bolsonaro tuvo el voto de un gran caudal de mujeres. Oídos sordos a las críticas feministas. Fotos: AFP y DPA.

Lejos del lugar de primera dama decorativa al estilo de la estadounidense Melania Trump, con quien se la compara frecuentemente, la ex asesora del presidente -devenida ahora en abanderada de la inclusión de las personas con deficiencia- será una de las cartas fuertes de Bolsonaro para acallar a las fenimistas y abanderados de las cuestiones de género, blanco del primer discurso y decretos del presidente brasilero.

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Mudos. “Vamos a combatir la ideología de género”, prometía Bolsonaro en uno de los puntos más criticados de su discurso de asunción. Y horas después firmaba el decreto para excluir a la Dirección de Promoción de los Derechos de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (DPDLGTB) del organigrama gubernamental.

La misma medida redefinía las directrices del Ministerio de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos, que reemplazó al de Derechos Humanos. La misión institucional de este organismo incluía la lucha contra la discriminación de las personas LGTB.

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El nuevo organigrama ministerial no menciona a ese grupo, sin embargo, la nueva ministra Damares Alves lo tuvo en cuenta en su discurso de asunción. “Vamos a luchar contra todas las formas de violencia y preconcepto en esta nación. Ningún derecho conquistado por la comunidad LGTB será violado”, prometía Alves, que es pastora evangélica (juró en el cargo ante un auditorio repleto de activistas que gritaban “¡aleluya!” y “¡gloria a Dios!”).

Las marchas feministas durante la campaña usaron el rojo del PT y su reclamo quedó teñido por la política. Ahora volvieron al violeta. Fotos: AFP y DPA.

“Todas las políticas públicas de este país serán construidas con base en la familia tradicional. El Estado puede ser laico, pero esta ministra es terriblemente cristiana”, cerró Alves alimentando finalmente muchas dudas. “El gobierno de Bolsonaro viene a poner otra vez ‘en su lugar’ a las feminazis, los putos, las travas, los negros, los nordestinos, los favelados, los pobres en general. Viene a reestablecer es mundo que sentían que la modernidad y las políticas sociales les estaban robando”, explica Bruno Bimbi, corresponsal en Brasil y autor de los libros “Matrimonio igualitario” y “El fin del armario”.

Sordos. Alves es una de las únicas dos mujeres en el gabinete de Bolsonaro (la otra es Tereza Correa, la Ministra de Agricultura que antes presidía un grupo suprapartidario que aboga por los intereses de los grandes propietarios rurales en la Cámara Baja). Abogada, se desempeñaba hasta ahora como asesora de un frente parlamentario evangelista y del senador Magno Malta, uno de los impulsores de la candidatura presidencial de Bolsonaro y, como ella, pastor de una iglesia evangélica.

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De corte conservador y hasta machista, la actual Ministra de la Mujer y Familia señaló en reiteradas oportunidades que las mujeres “nacieron para ser madres”, y tiene un largo historial de militancia contra el derecho al aborto y se declaró en contra de la educación sexual, en sintonía con el ministro de Educación Ricardo Vélez Rodríguez (que durante la campaña se manifestó a favor de “censurar” a los docentes universitarios). Alves es finalmente la gran abanderada en el gabinete de la lucha contra lo que los evangelistas llaman la “ideología de género” en las escuelas.

“No es que Bolsonaro haya puesto solo dos mujeres y machistas en su gabinete, simplemente son todos de ultraderecha”, resume el analista Josias de Sousa. “Y no dicen nada que no hayan dicho antes, solo que ahora es el discurso oficial”, añade. Un discurso que representa a una buena porción del electorado brasilero, y al que otra parte de los votantes del Bolsonaro decide hacer oídos sordos, más preocupados por la inseguridad y la crisis económica.

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“No se puede entender el proceso político actual sin tener en cuenta a esa gente. El gobierno de Bolsonaro es el gobierno de esa gente. Bolsonaro es esa gente en el poder, es esa gente que va a gobernar. Y vienen sedientos de revancha, entusiasmados”, señala Bimbi.

Miedo. Si la respuesta a los dichos de Bolsonaro y sus laderos durante la campaña habían sido las marchas y manifestaciones de grupos gays y feministas con carteles en los que se lo emparentaba fotográficamente con Hitler (a lo que el candidato contestaba aludiendo a su cercanía con Israel y el pueblo judío), las contramedida a los primeros decretos presidenciales han sido las bodas masivas gays en San Pablo y otros puntos del país (de hasta cuarenta parejas en un mismo oficio). “La comunidad LGTB tiene miedo por lo que pueda pasar con los derechos conquistados en las últimas décadas, las primeras señales con malas”, dicen temiendo el avance de la ultraderecha religiosa.

“Las elecciones dieron voz a quien no era escuchado y la voz de las urnas fue clara”, marcó Michelle Bolsonaro en su discurso mudo. Y harán valer esa presunta voluntad callada.