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Teatro / 21 de febrero de 2019

Chorus line: un musical admirable

Número final. Enfundados en elegantes smokings dorados, bailan al unísono, en un glorioso despliegue de movimientos coordinados.

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Foto: Silvy Galdi

**** Estrenado en 1975, dentro de una sala pequeña del Public Theater de Nueva York, tuvo tanto éxito, que se trasladó luego a un gran teatro de Broadway donde alcanzó el récord de 15 años de permanencia ininterrumpida en cartel. Claramente, la intención del coreógrafo estadounidense Michael Bennett, creador principal de este legendario musical, era exponer las individualidades de quienes conforman el cuerpo de baile, la línea de coro (al que alude el título en inglés) o ensamble, presente en la gran mayoría de las obras del género.

Por eso, en el hilván de la trama, escuchamos las confesiones íntimas de cada uno, mientras un pragmático e intuitivo director escénico, a través de audiciones grupales e individuales, reduce el grupo de aspirantes a integrar esa suerte de telón de fondo humano a sólo un puñado de elegidos. De esta manera, quedan expuestos tanto sus habilidades artísticas como sus orígenes en familias disfuncionales, las ambiciones de estrellato, el miedo al fracaso e incluso la vergüenza por la elección sexual. En el ya famoso número final, es inevitable aplaudir al verlos, enfundados en elegantes smokings dorados, mientras bailan al unísono, en un glorioso despliegue de movimientos perfectamente coordinados.

En Buenos Aires hubo una primera versión en 1980, con producción del recordado Alejandro Romay. La actual lleva la impronta del popular coreógrafo y director Ricky Pashkus. Con suma inteligencia y mano firme, compactó los relatos y reunió un ecléctico elenco: nombres conocidos del género local, artistas emergentes y algunos debutantes, en una amalgama que funciona. Además, se rodeó de experimentados colaboradores: el creativo coreógrafo Gustavo Wons, la exacta dirección vocal de Matías Ibarra y la potente banda musical que lidera Gaspar Scabuzzo. Sobre el escenario se destacan la proverbial eficacia de Martín Ruiz y Laura Conforte, el magnético e irresistible histrionismo de Sofía Pachano, la rotunda belleza y presencia de Jessica Abouchain, más el notable desempeño y la conmovedora entrega de Mariu Fernández. El resultado es admirable.

“Chorus line” de Michael Bennett y otros. Con Martín Ruiz, Laura Conforte y elenco. Dirección: Ricky Pashkus. Maipo, Esmeralda 443.