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Opinión, Política / 11 de marzo de 2019

Marcos Peña, entrampado en la “vieja política”

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El Jefe de Gabinete, Marcos Peña, en Casa de Gobierno. FOTO: PABLO CUARTEROLO

Luego del primer test electoral importante del año, en Neuquén, apareció en boca de varios analistas la misma idea: el Gobierno estaría disfrutando de un “respiro” por la derrota del kirchnerismo, a pesar de que el candidato de Cambiemos quedó tercero cómodo. El triunfo de la continuidad neuquina -muy contaminado con las mañas de “la vieja política”-, parece sacarle las papas del fuego a Marcos Peña, justo en la semana donde las internas en la coalición oficialista están al rojo vivo por los chispazos de la accidentada carrera electoral en Córdoba, la próxima prueba que afrontará el Gobierno en las urnas.

Sin embargo, no queda tan claro que los resultados neuquinos sumen tanto para el escenario macrista a nivel nacional. Más bien parece ser otro envión para la precandidatura de Roberto Lavagna: en Neuquén quedó demostrada la noción de que las dos principales ofertas instaladas en la cabeza de los votantes argentinos –Macri o Cristina- tienen un techo muy pesado que parece cada vez más difícil de perforar, y que le abre la puerta a cualquier candidato que no acumule tanta imagen negativa como el Presidente y la expresidenta.

(Leer también: Roberto Lavagna: el nuevo tapón del peronismo)

Sin tiempo para digerir los efectos del voto neuquino, la mesa chica del Gobierno arranca la semana tratando de recuperar las riendas del caballo desbocado que es la interna de Cambiemos, que en Córdoba estalla en mil esquirlas de radicales libres, en la cuenta regresiva de una elección interna judicializada al extremo. Tan tirante quedó el enmarañado tejido de alianzas y pactos pergeñado por Peña & Co. para digitar las candidaturas provinciales, que la coalición oficialista de Córdoba quedó al borde de la disolución, en un distrito de alto valor simbólico por su rol fundacional en la breve historia de Cambiemos. La vieja y la presunta nueva política formaron una mezcla tóxica que, al calor (o mejor dicho, al frío) de la crisis económica, amenazan con complicar las chances reeleccionistas de Mauricio Macri, quien necesita una cocción a fuego muy lento de su candidatura, que solo tiene para ofrecer la tranquilidad institucional y financiera: sin eso, no queda nada para conquistar el voto en octubre.

Donde las viejas y las nuevas mañas de la política enchastran a la Jefatura de Gabinete es en el conurbano bonaerense, más precisamente La Matanza, bastión kirchnerista de muy difícil penetración para Cambiemos. Justamente allí está explotando otra interna de la coalición macrista, que amenaza con destapar los manejos menos cívicos de la campaña oficialista que comanda Peña. Por estos días, una denuncia por discriminación y persecución política ante el INADI y la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados de la Nación ventila una discusión por cargos en Jefatura de Gabinete, ANSES y PAMI, en el marco del armado proselitista bonaerense. Concretamente, 8 funcionarios de estas reparticiones públicas denuncian haber sido desplazados de sus cargos por pertenecer al armado militante del dirigente matancero de Cambiemos Miguel Saredi. Sus denuncias -que incluyen promesas de whatsapps y audios escandalosos- apuntan a Peña y al ministro de Educación Alejandro Finocchiaro, con aspiraciones electorales en La Matanza: sugieren que la campaña electoral bonaerense forzó la reasignación de cargos para aceitar la militancia finocchiarista en la zona. La interna sucia recién comienza.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.