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Política / 20 de febrero de 2019

Roberto Lavagna: el nuevo tapón del peronismo

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Fotos: Mario De Fina (Desde Cariló).

La bronca se hace sentir alrededor de uno de los precandidatos de Alternativa Federal, el espacio peronista no K. “No hay manera”, les reprocha a sus asistentes. Es que las entrevistas estivales que realiza empiezan o terminan, indefectiblemente, con una pregunta que no puede evitar: “¿Qué le parece la candidatura de Roberto Lavagna?”, interrogan los periodistas y eso lo saca de quicio.

Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey entraron en un pantano con sus precandidaturas: ninguno piensa en bajarse, pero también deben analizar hasta cuándo estirar una campaña que puede resultar cara y en vano si el ex ministro de Economía se decide a jugar.

“El problema es que no se sabe qué va a hacer Lavagna”, comentan en el peronismo. Y el economista no tiene ningún apuro en decidirse. “Hasta el 22 de junio hay tiempo”, dicen en su entorno dejando entrever que no habrá definiciones, a pesar de la urgencia de sus compañeros de espacio.

Es que Lavagna está en su salsa. Desde hace tiempo su teléfono volvió a sonar como en épocas de funcionario y la agenda se llena de dirigentes que quieren acercar posiciones ante el eventual candidato que amenaza con romper la polarización entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Incluso, esta “moda Lavagna” sirvió para posicionar a su hijo, quien podría ser candidato en Capital Federal.


Su puerta de hierro. Muchos dirigentes fueron a ver a Lavagna a su casa de Pinamar, durante las vacaciones. Pero ninguno consiguió su confirmación sobre la candidatura. Lifschitz ya se reunió cinco veces.

Apoyos. Desde el peronista Eduardo Duhalde al socialista Miguel Lifschitz, el abanico de dirigentes que apoyan una candidatura de Lavagna es muy ámplio. Sin embargo, el tiempo pasa y los ánimos se empiezan a caldear. “A mí me gustaría que se definiera todo más rápido”, dijo el gobernador de Santa Fe intentando apurar al ex ministro de Economía. Fue sólo una de los muchos pedidos que recibió.

Y tanta presión logró que el economista diera una pista: “Hoy los consensos son viables y es inevitable por lo menos hacer el intento”, dijo en una entrevista con la radio Cadena 3. Pero muchos descreen de que esté convencido. Aseguran que por su elevada edad no va a querer hacer campaña, pero que va a coquetear todo lo que pueda con la idea.

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El único pedido que Lavagna realizó hasta el momento está lejos de concretarse: para ser candidato de la tercera posición no quiere ir a internas. Y Urtubey y Massa no están dispuestos a entregarle ese beneficio: “Mide igual que nosotros, si quiere jugar que nos gane”, aseguran muy cerca de uno de los dos, aunque otras encuestas lo ubican como el de mejor imagen. La lucha de egos también genera internas: “Juntás 10 políticos y todos quieren ser presidente, así es difícil”, reniega Lifschitz.

Operación. Cerca de Urtubey, incluso creen que el Gobierno podría estar trabajando para “inflar” la candidatura de Lavagna. Es que si logran mantenerlo a flote hasta último momento y, como creen que sucederá, no se presenta, no le dejarán margen de maniobra a los “tapados”, que todavía necesitan caminar las provincias para ganar visibilidad y nivel de conocimiento. Eso allanará el camino para el ballottage que Cambiemos anhela: Macri contra Cristina.

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Otros beneficiados con la movida fueron Duhalde y Luis Barrionuevo, que entraron por el costado al armado del nuevo peronismo, definidos a sí mismos como los propulsores de la campaña del candidato que quiere salir de la grieta.

“Lo que Roberto busca es que haya una oposición superadora. Por eso trabaja, sea quien sea el candidato”, dicen en su entorno. Y eso genera más dudas entre Urtubey y Massa: hasta dónde estirar la agonía y gastar recursos. Sin embargo, no bajan los brazos, aunque en cada aparición pública tengan que hablar de “San Lavagna”, el candidato de moda.