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Cine / 15 de marzo de 2019

La decisión

La decisión tiene un manejo notable del suspenso y un juego con el registro realista que vuelve más inmediato el conflicto de base.

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★★★★ Es probable que los lugares comunes sobre el cine iraní no se hayan disuelto, pero es menester avisar que ya no es sólo el sutil –y genial– juego entre lo real y lo ficcional que ejerció Abbas Kiarostami y sigue ejerciendo Jafar Panahi, sino también (como ya lo hacía el emigrado Rafi Pitts, como hace Asghard Farhadi, que ganó dos Oscar) el juego con el género y la pura invención a través de la cual se tocan temas que preocupan a la sociedad de Irán, pero se vuelven universales.

La decisión tiene como personajes a un médico forense, a un hombre humilde, a un niño que muere (nada es más terrible que la muerte de un niño) y a la culpa como motor de las acciones. Tiene, además, un manejo notable del suspenso y un juego con el registro realista que vuelve más inmediato el conflicto de base. La dirección combina lo que sucede en el ambiente (lo social) con lo que pasa, emocionalmente, dentro del personaje central, y la manera como se trenzan ambos conflictos es lo que le confiere su fuerza a una película que deja al espectador con preguntas morales por momentos incómodas.

Hay algo más, algo que este cine iraní nuevo nos muestra con cada película: la elegancia para seleccionar la imagen más pertinente a la historia. Un plato perfecto para equilibrar el menú de la cartelera, demasiado abundante en comida al paso y con poquísimas opciones gourmet.

(Irán, 2018, 104′) Drama. Dirección: Vahid Jalilvand.
Con Amir Aghaee. AM16.