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Mundo / 19 de marzo de 2019

El Brexit al borde del colapso

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May no obtuvo los votos para el acuerdo con la UE y ahora tienen los días contados.

Tras la votación del martes pasado en la que la Cámara de los Comunes británica rechazó por 391 votos en contra y 242 a favor la propuesta de la primer ministra Theresa May, el Parlamento deberá votar ahora si se avanza al muy temido Brexit sin acuerdo. “Lamento profundamente la decisión que ha tomado esta Cámara”, manifestó la primera ministra, visiblemente cansada y afónica. “Sigo creyendo que el mejor resultado sería que Reino Unido abandonase la UE de forma ordenada con un acuerdo, y que el acuerdo que hemos negociado es el mejor”, insistió May.

“Su acuerdo, su propuesta, está claramente muerta”, le respondió Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista, principal fuerza de oposición. “La UE hizo todo lo que pudo para ayudar a la aprobación del acuerdo”, se corrió desde Bruselas el negociador europeo Michel Barnier. “El voto del parlamento británico aumenta la probabilidad de un Brexit sin acuerdo”, advirtió finalmente el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Ahora lo que se debate es sobre si el Reino Unido debe abandonar la Unión Europea dentro de poco más de dos semanas, el próximo 29 de marzo, sin un acuerdo, es decir, aceptar un Brexit caótico. Eso daría lugar a un escenario absolutamente pavoroso que produce sobre todo miedo por lo desconocido, a la vista de los informes catastrofistas que se han ido filtrando en los últimos meses, cuando la ciudadanía y muchos políticos pensaban que ese 29 de marzo nunca iba a llegar

(Leer también: El gran psicodrama del Brexit)

Holocausto. Durante casi dos años, el Reino Unido ha tratado de negociar un acuerdo con la Unión Europea, sin el cual el país podría enfrentar un bloqueo de puertos, camiones detenidos en las rutas y góndolas vacías en los supermercados, falta de medicamentos escasez de electricidad y el cierre cientos de fábricas. El Reino Unido importa de la Unión Europea cerca de una tercera parte de sus alimentos, y las empresas dependen de complejas cadenas de abastecimiento que podrían colapsar si se imponen revisiones a los miles de camiones que todos los días cruzan el canal de la Mancha.
Como los preparacionistas estadounidenses que se alistan para un holocausto nuclear, algunos británicos ya acumulan alimentos, medicinas y papel higiénico (casi una Venezuela).

El gobierno de la primera ministra Theresa May descalifica ese discurso, pero sus propios ministros han divulgado planes de contingencia en caso de que no se llegue a un acuerdo el 29, y por primera vez desde el final del racionamiento de la década de los años cincuenta (la dura post-guerra), el Reino Unido tiene un ministro responsable del abastecimiento de alimentos. También ha causado inquietud que el gobierno haya anunciado vacantes en el área de planificación para emergencias. Tal vez se pretenda que estas medidas le den ventaja al Reino Unido en las negociaciones con Bruselas, pero también le hacen pensar a mucha gente que hay una posibilidad real de crisis.

El grupo de Facebook llamado 48 Percent Preppers (preparacionistas del 48 por ciento), nombrado así por el porcentaje votantes a favor de permanecer en la Unión Europea en el referendo de 2016, tiene más de diez mil miembros y está dedicado a la preparación para el impacto del Brexit. “No podemos cambiar muchas cosas, pero podemos prepararnos para las peores consecuencias posibles, pues nadie ha muerto por estar demasiado preparado”, señala el panfleto de la página “Alistándonos Juntos”, que describe algunos de los riesgos: menor abastecimiento de combustible y petróleo, escasez de alimentos y medicamentos, y compras de pánico que ocasionan racionamiento. “Solo se necesitan dos alacenas con comida y rollos adicionales de papel sanitario”, comentó, “y café, porque gran parte viene de Alemania, a menos que estén dispuestos a asar bellotas”, bromean con la famosa flema inglesa.

Alarmas. Cuando los británicos apostaron por la salida de la UE en el referéndum de 2016, el debate se centró en si finalmente habría “Brexit blando”, con el Reino Unido manteniendo una alineación lo más cercana con la UE, o un “Brexit duro”, rompiendo lazos abruptamente. Pero el “Brexit sin acuerdo”, también bautizado como “cliff edge Brexit”, el “precipicio” que ahora se plantea, significaría que el sábado 30 de marzo de 2019, el día después del histórico divorcio, el Reino Unido quedaría completamente aislado del club al que ha pertenecido los últimos 45 años, y sin periodo de transición que permitiera a ambas partes adaptarse a la nueva situación: el periodo transitorio establecido hasta diciembre de 2020, sólo tendrá lugar si hay pacto de salida.

En el ámbito privado, las empresas inglesas llevan meses preparando planes de contingencia. BMW, por ejemplo, anunció que la fábrica de Mini en Oxford adelantará su cierre por mantenimiento para abril “para reducir cualquier posible interrupción del suministro de piezas a corto plazo” (el 60% de los componentes que usa la planta provienen de la UE).

En caso de un “no acuerdo”, el Gobierno estaría considerando cerrar la importante autopista del sureste de Inglaterra, la M26 en Kent, y convertirla en una especie de “área de espera” para hacer frente a los colapsos que podrían producirse en puerto de Dover: hasta 10.000 camiones que quisieran pasar a la UE podrían quedar atrapados en controles de aduanas.

Y el titular del Banco de Inglaterra, Mark Carney, advierte que la tasa de desempleo -actualmente en el 4%- podría alcanzar los dos dígitos en 2020, que los precios de la vivienda podría caer entre un 25% y un 35% en tres años y que los enlaces de transporte con la UE, incluidos los viajes aéreos y el tren Eurostar, se podrían estancar. Londres planea aplicar recortes por 141 mil millones de libras en el presupuesto estatal, y subirían los impuestos fuertemente.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional ya advirtió sobre las potenciales “consecuencias nefastas” para la economía británico de una salida no pactada. Aunque Christine Lagarde, directora del organismo evitó pronunciar el término recesión, la palabra sí se incluye en los documentos elaborados por el FMI, el HSBC, y la agencia de calificación de riesgo crediticio Moody’s, que advierten que el impacto inmediato de un “no-acuerdo” se notaría en una fuerte caída del valor de la libra, una devaluación que derivaría en inflación, y en una contracción de los salarios de los trabajadores durante los próximos dos o tres años, lo que “deprimiría” el crecimiento.