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Cumbre G20, Política / 30 de noviembre de 2018

Una dama de aluminio para Macri

Theresa May, la premier británica que comparan con Thatcher, la “dama de hierro”, algunos como elogio y otros con ironía. Su visita en plena reorientación oficial sobre Malvinas.

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Theresa May arriba al país para participar del G20. Foto: Télam.

Theresa May empezó su vida adulta mientras Margareth Thatcher desataba una tormenta histórica en su país que cambiaría las reglas de Occidente. Por esos años, Theresa se casaba con Philip (su esposo al día de hoy) y se licenciaba en Geografía en Oxford, justo cuando Margareth se preparaba para convertirse en la primera premier británica de la historia.

A la “dama de hierro” se le atribuye el giro neoliberal del mundo, que desembocaría en el nuevo orden mundial globalizado de fines del siglo XX. A la premier actual, segunda mujer en el cargo luego de la pionera Thatcher, le toca llevar a buen puerto otro momento clave de la historia británica en el capitalismo: el Brexit, ese proceso incierto y desesperado de escape del Reino Unido fuera del bloque
europeo.

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Por esa gigante misión histórica, muchos comparan a la conservadora May con su antecesora Thatcher, aunque no todos lo hacen de buena fe: por sus titubeos y ambigüedades, sus críticos la señalan como la contracara de la legendaria dama de hierro, una especie de dama de aluminio. De hecho, se hacen chistes con su
apellido: le llaman Theresa “Maybe”, que se traduciría
como Theresa “Quizá”, por sus dudas para gobernar.

La premier llegó de carambola al poder, en medio del terremoto institucional generado por el referéndum del Brexit, en el que ella comenzó votando en contra, y paradójicamente termina al frente de su concreción, con las contradicciones del caso.

No obstante sus debilidades, la historia sufrida de May demuestra que no se trata de una dama fácil de quebrar: sus biógrafos destacan que pudo sobreponerse a la pérdida de sus padres de muy joven, también a la imposibilidad de tener hijos, e incluso a su diabetes.

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Esa es la mandataria que llega ahora a la Argentina, en la primera visita de un o una premier británica a Buenos Aires, con el único antecedente de Tony Blair, en su encuentro fugaz con De la Rúa en Iguazú, en 2001. Nunca antes un primer ministro inglés había pisado suelo argentino.

La llegada de Theresa May por el G20 es la frutilla del postre conciliador que viene cocinando la diplomacia macrista desde el comienzo de su mandato, tras años de relaciones endurecidas durante el kirchnerismo. Tanto los avances diplomáticos de denuncia contra la ocupación británica en las Malvinas de la era K como las nuevas relaciones acarameladas de Macri han chocado contra la dura política inglesa de mantener su control total de las “Falklands”, incluso con la exploración y provecho de los tesoros marítimos circundantes.

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Theresa May fue recibida por Federico Pinedo al llegar al país para el G20. Foto: Télam.

Los fluidos intercambios diplomáticos recientes y el nuevo vuelo acordado para conectar las islas con el continente (pasando por una escala en Córdoba) entusiasman tanto a Macri como a C. Ambos buscan luces al final del túnel de la amenaza económica que ensombrece sus gestiones.

Macri seduce a todo mandatario primermundista que se le cruce con tal de dar guiños a los esquivos inversores globales. May, por su parte, trata de encontrar nuevos cauces comerciales para el Reino Unido y sus satélites, que remplacen la zona de confort que significaba pertenecer al club europeo, del que los ingleses votaron salirse.

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Ambos líderes tienen la presión de su frente interno que rechaza cualquier gesto de relacionamiento carnal. A Macri lo critica la oposición peronista y kirchnerista, por ceder reclamos de soberanía malvinera a cambio de sonrisas y promesas de partnerships futuros. A May la fustigan los halcones antiargentinos, tanto los que viven en Inglaterra como los que habitan las Malvinas: ellos desconfían de cualquier entendimiento o acercamiento, incluso si trae más beneficios inmediatos al bando inglés que al argentino.

En esa confusión de un mundo sin brújula se encuentran Mauricio y Theresa, abrazados en Buenos Aires más por sus respectivos espantos que por sus improbables amoríos de socios estratégicos.

*Editor Ejecutivo de NOTICIAS.
@SantamarinaSilv