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En la mira de NOTICIAS / 23 de abril de 2019

Cristina Kirchner se lanza con su libro al centro de la escena, sin red

La edición de “Sinceramente” para la Feria del Libro confirma su protagonismo creciente. Candidatura, riesgos y test de vanidad.

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Cristina Kirchner

Todos hablan de Ella. En la reunión del Presidente con la “Orden de Caballeros de los Precios Esenciales“, el tema central no fue la discusión sobre la cadena de valor, los costos, la rentabilidad y la competitividad global de la industria alimentaria nacional… no, el tema fue Cristina Kirchner, por lo que Mauricio Macri se sintió obligado a prometerles que él le ganaría en el balotaje, en un intento cada vez menos autorizado de aportar calma y previsibilidad.

Todos hablan de Ella. Cuando llegan banqueros o funcionarios argentinos a Wall Street, los inversores ya no preguntan por los “fundamentals” de la economía argentina, sino sobre las chances de la expresidenta de volver a la Casa Rosada. Y los mercados de bonos y acciones argentinos en Nueva York y en Buenos Aires se mueven al ritmo de la última encuesta que registra el ascenso lento pero sostenido de la líder del kirchnerismo.

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Todos hablan de ella. En el panperonismo ya casi nada se puede negociar o planificar sin calcular primero qué fichas movería CFK. Los pasillos de Comodoro Py parecen ya los de un canal de televisión, que late al ritmo del rating minuto a minuto acumulado por la gran dama del show electoral 2019. Todos hablan de Ella, salvo Ella. Al menos hasta hoy, en que la novedad editorial que sacudirá la Feria del Libro empieza a exponerla de nuevo con sus propias palabras.

Con su mezcla de impericia, soberbia, egoísmo, cola de paja judicial, mala racha del ciclo financiero y comercial globalizado, el Gobierno logró dar vuelta en tres años y pico los términos de La Grieta, por no evitar la tentación de polarizar desde el principio de su mandato con el enemigo que entonces le parecía más débil: el kirchnerismo recién derrotado en las urnas. El miedo y el desprecio al peronismo como fenómeno histórico estructurante del conflicto social argentino llevó a los marketineros del PRO a jugar al gato y al ratón con la figura de Cristina. Al principio, el Gato fue Macri -como lo bautizó el propio kirchnerismo- pero ahora se dio vuelta el escenario. El 2019 ya dejó de ser el año para plebiscitar la gestión de Cambiemos: aunque parezca increíble, todo sugiere que el plebiscito será por la conveniencia o no del regreso de la “década ganada”.

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Al principio, la expresidenta había entrado en ese juego que le había planteado el macrismo, que sacaba los mayores réditos de polarizar con una señora que muchos ya daban por retirada. Y ella aprovechaba el oxígeno que el nuevo Gobierno le daba a su figura, haciendo su irritante show de cuando en cuando, lo cual le costaba el techo de cemento que bloqueó su crecimiento electoral durante casi todo el mandato macrista. Pero a medida que el Gobierno empezó a tropezar en serio con sus propias contradicciones y la punzante realidad empezó a pinchar uno por uno los globos coloridos del PRO, Cristina mostró su alta capacidad de reciclado y, simplemente, se calló la boca y esperó cruzada de brazos a que la torpeza de Olivos la levantara en las encuestas hasta alturas inimaginables. Y aquí estamos.

Pero lo que hasta ahora pareció fácil de resolver para la “nueva” Cristina sigilosa, tiempista y autocontrolada, se convertirá rápidamente en una prueba de fuego en las próximas horas. La centralidad de CFK que acaban de legitimar las últimas encuestas, los analistas y el círculo rojo (incluido el Gobierno), puede convertirse en la droga más peligrosa para la estabilidad emocional de Cristina, quien goza hasta obnubilarse con el protagonismo actoral que otorga el poder. Hay algo profundamente psicológico ahí, que puede percibirse con sólo asomarse a su flamante libro (¿de memorias?) que publicará la editorial Sudamericana para la Feria del Libro.

El título mismo encripta la problemática: “Sinceramente”, promete. Obra a tono con el furor por las neurociencias, Sincera-Mente amplificará hasta la locura ese tono de revancha emotiva que insinuó el video con el que Cristina comunicó la internación en Cuba de su hija Florencia. A su modo retro, Ella empieza a relanzar, en formato multiplataforma, su vieja manía de hablar largamente de sí misma en cadena nacional, como si su drama íntimo siempre fuera la clave para descifrar el destino de la nación. Y entonces su apuesta por volver al centro del show se expone a partir de hoy a la prueba de fuego: ¿cómo se reflejará en las próximas encuestas el terror de muchos y el hastío de otros tantos ante la posibilidad -ahora bien concreta- de volver a convivir cotidianamente con Cristina como ama y señora de la Casa Rosada y todos sus atributos?

Hay que reconocerle que tampoco el calendario electoral ni la dinámica ansiosa del peronismo le permitían alargar mucho tiempo más su estudiado silencio. El tiempo de definiciones se acerca vertiginosamente, y acaso el libro de CFK no acelera ese ritmo, sino que está pensado para justamente lo contrario, para ganar tiempo antes de definirse, pero dejando rodar o directamente empujando la bola de nieve de su posible -y cada vez más potente- candidatura. Queda claro que Cristina entiende perfectamente que el timing necesario para atravesar exitosamente este proceso es muy pero muy fino. Mente le sobra para racionalizarlo. Solo falta saber si su corazón se somete al plan frío y perfecto para volver, o si se sincera hasta quemarse en la hoguera de la vanidad piantavotos. Sinceramente, acaso ni Ella misma lo sabe.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.