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Salud, Sociedad / 26 de abril de 2019

Riesgo epidemiológico: nueva alerta por sarampión

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Fotos: Shutterstock y Cedoc.

Los primeros meses del año fueron particularmente agitados para la Argentina en materia de salud pública. Y, como hacía años no sucedía, por una en particular: el sarampión. La Secretaría de Salud de la Nación confirmaba el lunes que un hombre de 36 años, residente en la ciudad Rosario, presentaba la enfermedad. “Habría tenido contacto en vuelo el día 16 de marzo con un turista en el que luego se confirmó sarampión. El nuevo caso comenzó con fiebre el 1 de abril, agregando exantema al día siguiente. Durante el período de transmisibilidad se movilizó por la Ciudad de Buenos Aires, viajó a Venezuela en vuelo charter y participó de eventos sociales en Rosario”.

Las muestras fueron procesadas por el Laboratorio CEMAR de Rosario y los resultados fueron confirmados en el Laboratorio Nacional de Referencia ANLIS Carlos G Malbrán. Con el de este hombre, han sido cuatro los casos confirmados hasta el 15 de abril.

En los Estados Unidos, el brote de sarampión puso en alerta a los sistemas de salud. La lista de casos había trepado esta semana a 555 (más de la mitad en la ciudad de Nueva York), el número más alto de los últimos cinco años, dos décadas después de que el país informara haber eliminado la enfermedad de su territorio.

Hace ya varios años que especialistas en pediatría, infectología y vacunología vienen advirtiendo que enfermedades que parecían controladas hasta hace poco resurgen, básicamente, como consecuencia de la no vacunación. Hace una semana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó a la no vacunación entre las diez principales amenazas a la salud del 2019. “El sarampión, por ejemplo, registró un aumento del 30% en los casos a nivel mundial -informa el organismo-. Las razones de este aumento son complejas, y no todos se deben a las dudas sobre las vacunas. Sin embargo, algunos países que estaban cerca de eliminar la enfermedad han visto un resurgimiento”.

De acuerdo con el Global Burden of Disease Study (GBD) entre los años 1990 y 2010 se redujeron en más de un 80% las muertes que son prevenibles mediante vacunas. El ejemplo más contundente es el del sarampión: antes de que se implementara el Programa Expandido de Inmunización (EPI), la enfermedad figuraba entre las principales causas de muerte de niños en todo el mundo. Tan solo en 1990, unas 631.200 personas murieron por sarampión o sus complicaciones. Para el año 2017 esa cifra había bajado a cien mil.

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Pero estas mejoras están pasando por un momento de fragilidad y las razones, según los expertos, son multifactoriales. Por un lado, la ola de movimientos antivacunas que recorre Europa y los Estados Unidos. En los últimos cinco años hubo brotes de sarampión anuales que incluso causaron muertes en lugares donde la enfermedad se consideraba erradicada. Una investigación de la Journal of American Medical Association (JAMA, la revista de la Asociación Médica de los Estados Unidos) asegura que los brotes comenzaron debido a “individuos que intencionalmente no habían recibido vacunas”. Cuando la cantidad de chicos no vacunados aumenta, el efecto rebaño de protección social se diluye.

En la Argentina hay movimientos antivacunas (aún pequeños), pero también hay factores que contribuyen en mucho a los contagios, vinculados con la no provisión en tiempo y forma de las dosis necesarias y con la falta de campañas destinadas a fortalecer la conciencia social acerca de la importancia de vacunar y vacunarse.

Factores múltiples. La última vez que una persona murió por sarampión en la Argentina fue en 1998. Porque el sarampión mata, aunque muchos lo crean inocuo. En el 2016 la región de las Américas fue la primera y única que pudo certificar ante organismos internacionales la interrupción de la circulación del virus. “En las otras regiones del mundo hay brotes de sarampión, un aumento muy importante de los casos, con lo cual la posibilidad de que alguien que venga de turista contagie a población local, o de que un argentino que viaje al exterior traiga el virus es muy elevada. La realidad es que cada vez será más frecuente que se detecten casos importados o vinculados con la importación. La forma de prevenir esto y de minimizar riesgos es que todos tengamos coberturas de vacunación elevadas”, explica Carla Vizzotti, presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología.

“La cobertura de las vacunas en general en la Argentina ha caído, en mayor o en menor grado – advierte el infectólogo Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital Gutiérrez-. Dependiendo de las enfermedades, para que no haya casos significativos deberíamos tener una cobertura mínima del 90%. Hay vacunas cuyas primeras dosis tienen un cumplimiento aceptable que cae por debajo del 80% en el caso de la tercera dosis”. Y enfatiza, preocupado: “Cuando hay un 20% de población susceptible que no ha sido completamente inmunizada uno sabe que va a haber más casos. Según las coberturas oficiales del año 2017 debería haber 700.000 dosis de algunas de las vacunas que deben ser aplicadas en el primer año de vida, y si uno lo prorratea, esto implica que algún chico se quedó sin alguna dosis. Para cuando llega la adolescencia, tomando como caso las seis vacunas que se aplican desde el nacimiento, tenemos que hay un total de 1.060.000 individuos con una vacunación incompleta”. En el caso del sarampión, las chances de que quien no está inmunizado contagie a personas susceptibles es de entre el 90% y el 93%.

“En la Argentina tenemos entonces un problema multifactorial. Hay una responsabilidad del Estado en cuanto a que hay vacunas que llegan tarde o cuya distribución es lenta. A esto se suma que se ha dejado de vacunar en lugares gregarios (como escuelas y jardines de infantes), que los vacunatorios públicos no abren ni sábados ni domingos ni feriados y que tienen horarios limitados, lo que impacta fuertemente sobre el 30% de la población que es pobre. Luego tenemos el problema de los grupos antivacunas, que dan argumentos mentirosos. Y también hay padres naturistas, mayormente entre las clases sociales altas, que son reticentes o que tienen dudas acerca de la efectividad de las vacunas”, completa.

Vizzotti acuerda: “Hay cinco provincias que informaron no haber recibido el número de dosis planificados el año pasado, y que están recibiendo un porcentaje subóptimo de dosis. Esto desgasta, corroe la confianza de las personas en el sistema de salud y genera susceptibles que pueden contraer la enfermedad”. Además, hay que sumar el hecho de que “existe mucha gente que tiene una percepción de riesgo baja acerca de la peligrosidad de enfermedades como el sarampión, y que por ende creen que no hay necesidad de vacunarse”, agrega Vizzotti. Por eso es que los especialistas ponen el acento en la necesidad de campañas que expliquen la importancia de estar vacunados.

“Los médicos también tenemos una responsabilidad que asumir. Debemos informar a los padres, consensuar con ellos, convencerlos de la necesidad de vacunar a sus hijos – -concluye López-. Hay que asumir que las vacunas no son gasto sino inversión.” Fuentes de la Secretaría de Salud de la Nación admitieron a NOTICIAS que hubo inconvenientes con algunas entregas de vacunas por temas de logística, pero aseguraron que en las dos últimas semanas se distribuyeron las dosis previstas para este primer cuatrimestre. Y que el ciento por ciento de las previsiones estarán cumplidas para fin de mes.

En el contexto de los casos de sarampión registrados en el país hasta el momento, la Secretaría recomienda a residentes argentinos que viajen al exterior “verificar contar con esquema de vacunación completo para la edad según Calendario Nacional de Vacunación. De no contar con las 2 dosis recomendadas, la vacuna debe ser aplicada como mínimo 15 días antes del viaje”. Por otro lado, “los niños de 6 a 11 meses que viajen a áreas de circulación viral activa, deben recibir una dosis de vacuna triple viral. Esta dosis no debe ser tenida en cuenta como esquema de vacunación. Se administrarán las dosis correspondientes al Calendario Nacional de Vacunación al año de vida y al ingreso escolar”.