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Opinión / 28 de junio de 2019

El acuerdo entre el Mercosur y la UE, una lágrima

Resulta difícil poder saber si las lágrimas son de alegría o de tristeza, porque los detalles del acuerdo final aún no se conocen.

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En el momento de anunciarse la firma del acuerdo de libre comercio Mercosur-Unión Europea, muchos negociadores de ambas partes se emocionaron hasta las lágrimas. Lamentablemente, resulta difícil poder saber si estas lágrimas son de alegría o de tristeza. Porque los detalles precisos del acuerdo final alcanzado no se conocen.

Por los elementos de juicio disponibles, nada de lo que se anuncia como contenido del acuerdo cambia el hecho de que es un acuerdo desequilibrado y más favorable para la UE que para el Mercosur. Empezando por el comercio de bienes, donde la desgravación que obtiene la UE del Mercosur tiene un valor muy superior a la que ellos conceden y los beneficios para los productos más importantes de la oferta exportable del Mercosur están limitados a las famosas cuotas arancelarias (una cantidad fija sin pagar arancel) y ninguna desgravación por fuera de la cuota. Por el contrario, la UE va a poder vender todos sus productos industriales al Mercosur prácticamente sin limitaciones y sin pagar aranceles (cuando se completen los plazos de eliminación que, en buena parte, están entre 10 y 15 años).

La UE obtuvo también su objetivo de que se le reconocieran los derechos a utilizar ciertas Indicaciones Geográficas para productos como cervezas, jamones, quesos, etc.. Además, no hay que olvidar las concesiones del Mercosur en comercio de servicios y compras gubernamentales. Esta breve reseña avala la afirmación previa: el acuerdo de libre comercio es desequilibrado a favor de la UE.

 

*Economista, especialista en negociaciones internacionales.

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