Menú
Ciencia / 8 de agosto de 2019

Cambio climático: frenar la deforestación y variar los hábitos alimentarios, parte de la solución

Desertificación, degradación de la tierra y seguridad alimentaria son los núcleos centrales del análisis del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas.

Por

cambio climático
Desertificación. Es uno de los principales problemas del calentamiento global, estrechamente vinculado con la falta de alimentos y la mala calidad de los mismos.

Parar con la deforestación y modificar el modo en el que los seres humanos trabajan la tierra y se alimentan permitirían paliar los efectos nocivos que el cambio climático, a su vez, está teniendo sobre la tierra y la alimentación de los habitantes del planeta, de acuerdo con el informe El cambio climático y la tierra”, elaborado por expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC) y dado a conocer en el día de hoy.

El Informe especial fue trabajado y liderado por 107 científicos provenientes de 52 países de todas las regiones del mundo. Dato importante si los hay, más de 7.000 fueron analizados a lo largo del informe. Y por primera vez desde que el IPCC empezara a publicar informes, la mayoría de los autores (53 %) proceden de países en desarrollo y no de naciones ricas.

A lo largo del documento, los expertos toman temas directamente vinculados con el cambio climático, su situación actual, los riesgos derivados y propuestas de políticas para mitigar la situación: desertificación, degradación de la tierra y seguridad alimentaria son los núcleos centrales del análisis.

(Te puede interesar: Emergencia ambiental: naturaleza en riesgo)

El cambio climático es una amenaza para la agricultura y la seguridad alimentaria mundial, mientras que los sistemas alimentarios insostenibles y las prácticas agrícolas también pueden empeorar el cambio climático. Los dos sistemas están intrínsecamente vinculados. Al mismo tiempo, las prácticas sostenibles de uso de la tierra pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar la productividad agrícola. Y las mejoras en la producción y distribución de alimentos también pueden reducir la creciente demanda de tierras agrícolas, reduciendo la destrucción de los ecosistemas naturales.

Detener el calentamiento global y alimentar a la población en rápido crecimiento del mundo requieren una revisión importante de la forma en que los humanos manejan la tierra en la que viven, según el documento.

(Te puede interesar: Eco-familias: ¿tener hijos contamina?)

Situación actual. El cambio climático y las prácticas humanas de uso de la tierra ya están contribuyendo a la degradación de los paisajes en todo el mundo. Grandes franjas de Asia meridional y oriental, África del Norte y Oriente Medio, por ejemplo, ya han comenzado a secarse y transformarse en desiertos. Este tipo de cambios no solo alteran los ecosistemas naturales sino que pueden representar una gran amenaza para la agricultura. Eso a su vez afecta la cantidad de alimentos para los humanos.

Al mismo tiempo, el informe señala que los paisajes naturales, incluidos los bosques y humedales de todo el mundo, son importantes sitios de almacenamiento de carbono. Y por el momento, la tierra todavía está absorbiendo más dióxido de carbono del que libera.

Pero la deforestación, la agricultura, la conversión y el desarrollo de paisajes naturales y otros cambios en el uso de la tierra liberan miles de millones de toneladas de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera cada año. Reducir esas emisiones, al tiempo que se preservan los sumideros de carbono existentes en el mundo, debería ser una prioridad principal en la lucha contra el cambio climático, según el informe.

(Te puede interesar: Ética y empresas: “Contaminar menos es contaminar”)

“La tierra desempeña una función importante en el sistema climático”, explica Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC. Y agrega: “El uso de la tierra para fines agrícolas, silvícolas y de otra índole supone el 23% de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los procesos naturales de la tierra absorben una cantidad de dióxido de carbono equivalente a casi una tercera parte de las emisiones de dióxido de carbono causadas por la quema de combustibles fósiles y la industria”.

Según Hans-Otto Pörtner, copresidente del Grupo de Trabajo II del IPCC, en el informe se pone en evidencia que la gestión sostenible de los recursos de la tierra puede ayudar a luchar contra el cambio climático.

“La tierra que ya se está cultivando podría alimentar a la población en un contexto de cambio climático y ser una fuente de biomasa que proporcione energía renovable, pero es preciso adoptar iniciativas tempranas de gran alcance que incidan en diversos ámbitos en simultáneo. Eso también permitiría velar por la conservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad”, puntualizó.

(Te puede interesar: Alimentación saludable: nueva grieta entre expertos)

Riesgo alimentario. La adopción de iniciativas coordinadas para hacer frente al cambio climático puede implicar mejoras simultáneas en cuanto a la seguridad alimentaria y la nutrición. En el informe se destaca que el cambio climático afecta a los cuatros pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad (rendimiento y producción), acceso (precios y capacidad para obtener alimentos), utilización (nutrición y preparación de alimentos) y estabilidad (alteraciones de la disponibilidad).

“Veremos distintos efectos en función del país, pero las consecuencias serán más drásticas en los países de ingresos bajos de África, Asia, América Latina y el Caribe”, explicó Priyadarshi Shukla, copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC.

Cerca de una tercera parte de los alimentos producidos se echa a perder o se desperdicia. Las  causas de esto difieren según se trate de países desarrollados o en desarrollo. La reducción de la pérdida y desperdicio de alimentos supondría una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudaría a mejorar la seguridad alimentaria.

(Te puede interesar: Estudios científicos abren un debate: ¿alimentos orgánicos sí o no?)

“Algunos patrones alimentarios requieren más agua y tierra y provocan, en comparación con otras alternativas, más emisiones de gases que atrapan el calor”, describe Debra Roberts, copresidenta del Grupo de Trabajo II del IPCC. Y agrega: “Las dietas equilibradas basadas en alimentos de origen vegetal (como cereales secundarios, legumbres, frutas y verduras) y alimentos de origen animal producidos de forma sustentable en sistemas que generan pocas emisiones de gases de efecto invernadero presentan mayores oportunidades de adaptación al cambio climático y de limitación de sus efectos”.

Influencias futuras. Mientras tanto, las prácticas mejoradas de gestión forestal, como la restauración de los bosques y la no deforestación, pueden mejorar el almacenamiento de carbono en lugares donde los bosques ya existen, sin requerir recursos adicionales de tierra.  Alrededor de 500 millones de personas viven en zonas afectadas por la desertificación. Las regiones que experimentan ese problema y las tierras áridas también son más vulnerables al cambio climático y los fenómenos de gravedad extrema, como sequías, olas de calor y
tormentas de polvo, y el aumento de la población mundial no hace sino someter esas zonas a más presión.

“Si continuamos degradando los ecosistemas, convirtiendo los ecosistemas naturales, deforestando, destruyendo nuestros suelos, perderemos este subsidio natural que estamos obteniendo que nos protege en parte de nosotros mismos, por el daño que estamos creando al bombear estos gases de efecto invernadero a la atmósfera “, resume Louis Verchot en conferencia de prensa, científico del Centro Internacional de Agricultura Tropical y uno de los autores del informe.

(Te puede interesar: Medioambiente: la batalla mundial contra el plástico)

“Las decisiones por las que optemos en pro de una gestión sustentable de la tierra pueden ayudar a reducir y, en algunos casos, revertir esos efectos adversos”, advierte Kiyoto Tanabe, copresidente del Grupo Especial del IPCC sobre los Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero.

El reporte será una contribución científica fundamental en las próximas negociaciones sobre clima y medio ambiente, como el 14º período de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que se celebrará en Nueva Delhi (India) en septiembre, y el 25º período de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que tendrá lugar en Santiago (Chile) en diciembre.