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Mundo / 4 de septiembre de 2019

Brexit: una salida violenta del bloque europeo

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La trama para en cierre duro para el Brexit se empezó a cocinar el martes pasado cuando el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, advirtió al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que si no se renegociaba el Acuerdo de Retirada pactado por el Gobierno de Theresa May, y se eliminaba el plan de emergencia para la frontera irlandesa, “no habría perspectiva” de llegar a ningún tipo de pacto para evitar un divorcio sin acuerdo.

El premier británico insistió desde el inicio de su campaña para llegar a Downing Street que abandonará la UE el 31 de octubre, sean cuales sean las circunstancias. “La UE a 27 de agosto sigue abierta a propuestas compatibles con el Acuerdo de Retirada: respeto por la integridad del mercado único y no crear una frontera dura en la isla irlandesa”, contestó en Twitter el primer ministro holandés, Mark Rutte. Pero el frente europeo no es el único para Johnson.

Veloz. El parlamento británico rechazó en varias oportunidades los planes de May. Su sucesor se apresuró a ganar el favor de la reina Isabel II y tramitar así la suspensión del Parlamento hasta octubre.
Según informó el consejo de asesores de la soberana, el Privy Council, la sesión parlamentaria deberá suspenderse “no antes del lunes 9 de septiembre y no más tarde del jueves 12 de septiembre”.

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La suspensión solicitada por Johnson viene motivada por el hecho de que el Gobierno prevé que el discurso de la reina, en el que expondrá su programa y planes para el país, se celebre el 14 de octubre.

La decisión deja a la oposición sin apenas margen de maniobra para impedir un Brexit sin acuerdo. Pero se confía en el clamor popular para dar la vuelta: una petición ciudadana que reclama aplazar la suspensión parlamentaria, ya juntó 350.000 firmas, por encima del umbral de 100.000 que obliga a la Cámara de los Comunes a debatirla durante un pleno.

“El Parlamento no debe ser suspendido o disuelto hasta que el periodo del Artículo 50 se haya extendido suficientemente o se haya cancelado la intención de Reino Unido de salir de la Unión Europea”, reza la petición.

Bruselas se abstuvo de comentar la suspensión del Parlamento británico, pero apuró al gobierno de Johnson a presentar alternativas para la frontera con Irlanda. “No comentamos procedimientos políticos internos de nuestros estados miembros y no especularemos con qué significa en términos de los próximos pasos del procedimiento parlamentario. Es algo que debe explicar Reino Unido”, zanjó la portavoz comunitaria, Mina Andreeva. Mientras tanto, el negociador británico para el Brexit, David Frost, se desplazó a Bruselas para reunirse con el Grupo de Trabajo para el Brexit de la Comisión Europea y con la jefa de gabinete de Juncker, Clara Martínez Alberola.

En este contexto, Bruselas garantizó una vez más que sus negociadores “escucharán” a sus homólogos británicos y están determinados a “comprometerse de forma constructiva con cualquier propuesta que sea compatible con el Acuerdo de Retirada”.

Crisis. Lógicamente, las turbulencias políticas ponen en alerta a bancos y empresas británicas. “Las empresas sienten que Westminster está jugando un juego interminable de ajedrez político, mientras que su futuro y la salud de la economía del Reino Unido están en la balanza”, denunció Adam Marshall, director general de las Cámaras de Comercio Británicas. “La principal prioridad para las empresas y la economía sigue siendo evitar una salida desordenada de la UE el 31 de octubre. A pesar del ruido, ninguno de los eventos de los últimos días ha dado a las empresas una mayor confianza en que esto se logrará”, aseguró.

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De la mano la libra pronunció su caída: 1,2213 dólares su peor balance frente al “verde”. “La libra esterlina es un barómetro clave de la incertidumbre del Brexit”, apunta Ann-Katrin Petersen, estratega de inversión de Allianz Global Investors. “Este escenario desata las perspectivas de una profunda recesión de la economía”, suma Olivia Álvarez, analista de Monex Europe.

Johnson confía en la ayuda estadounidense de su referente Donald Trump, que bancó la semana pasada en su paso por el G7 al primer ministro de Reino Unido como el “hombre ideal” para abanderar la salida del país de la Unión Europea. “Vamos a preparar un gran acuerdo comercial con Reino Unido que esperamos cerrar rápidamente”, adelantó Trump durante la cumbre de los siete países más industrializados del mundo que se celebró en la ciudad francesa de Biarritz y que le permitió al estadounidense marcar el contrapunto con el presidente francés, Emmanuel Macron, a quien amenazó con subir los aranceles a los vinos y lácteos.

Por el lado de Johnson, también amenaza ala UE con una negociación a lo Trump: planea retener 30.000 millones de libras (33.000 millones de euros) de los que debe Londres a la UE, para forzar así un Acuerdo de Retirada del Brexit, según informó el Mail on Sunday. “Boris quiere un acuerdo justo para la salida de Reino Unido a cambio de los miles de millones que pagaría”, explicó una fuente del Gobierno en declaraciones al periódico. “El primer ministro siempre ha dicho que fue un gran error” cerrar unas cifras concretas antes de que se terminara de concluir el acuerdo.

Johnson presentó su postura durante la cumbre del G7, lo que supuso una quita sustancial a los 39.000 millones de libras de resarcimiento, en las que se había comprometido su antecesora Theresa May.

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