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En la mira de NOTICIAS, Política / 11 de septiembre de 2019

Grabois, un cisne negro para Alberto

El mediático y explosivo dirigente social alarma a los estrategas de la campaña kirchnerista. Desafíos del peronismo posindustrial.

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Juan Grabois - Foto: Agustina Haurigot.

Más allá del peso específico real que pueda tener Juan Grabois en la política, ya se ganó el lugar de cisne negro de la campaña albertista.

Los copamientos de avenidas y shoppings de organizaciones vinculadas al nuevo rock star del piqueterismo social pusieron en estado de alerta al bunker del candidato porteño Matías Lammens. Los estrategas de campaña del aspirante del Frente de Todos temen que el fantasma Grabois auyente votantes indecisos y moderados. Esos electores son decisivos para sostener el sueño K de forzar un balotaje contra Horacio Rodríguez Larreta, el menos golpeado por la caída en desgracia del macrismo en el plano nacional.

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Pero si Grabois y compañía asustan al sector de clase media que todavía baraja sus boletas pensando en el 27 de octubre, la movida del albertismo para arrastrar al oficialismo porteño al abismo de Juntos por el Cambio podría quedar en la nada. Esa oportunidad perdida abriría un pase de facturas entre el neopiquetero y la posible conducción de la Casa Rosada a partir de diciembre que inauguraría la primera grieta interna expuesta en el Frente de Todos.

En las entrañas del peronismo no K, advierten sobre el potencial disruptivo del factor Grabois, porque pivotea astutamente entre el Instituto Patria, el cuartel general albertista de la calle México y -como legitimador ideológico de última instancia- los despachos argentinos del Vaticano. Para los peronistas clásicos, Grabois es la versión 4.0 del devaluado Luis D’Elía, que evoca un folclore kirchnerista piantavotos y algo demodé. Por eso incluso la prensa militante filo K le salta a la yugular a Grabois cada vez que lanza alguna de sus provocaciones viralizantes, como el llamado a una reforma agraria para el siglo XXI.

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Por las dudas, para vacunarse de una eventual mordida de cisnes negros electorales  e incluso poselectorales, Alberto Fernández prefiere hacerse selfies junto al clan Moyano, que tampoco goza de una gran imagen entre los votantes de clase media, pero al menos es lo malo conocido frente a lo no tan bueno por conocer.

Aunque lo cierto es que, guste o no Grabois, su imagen representa más fielmente el escenario posindustrial de la Argentina actual: un pibe de clase media con aire renegado, al frente de un enorme ejército de reserva desocupado y marginado, con pocas esperanzas de convertirse en la masa de asalariados que el tradicional sindicalismo justicialista supo acaudillar. Eran otras épocas. Esa será la prueba de fuego histórica que atravesará el peronismo a partir del 2020.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.