Lunes 1 de junio, 2020

COSTUMBRES | 01-04-2020 19:05

Críticas y revalorización del "chat de padres"

El tradicional foro de WhatsApp se vuelve fundamental en cuarentena. Por qué es ofensivo llamarlo “de mamis”.

Aprincipios de marzo, justo con el inicio de clases, la editora de esta sección tuiteó una consigna: “Yo, que no tengo hijos, pregunto: ¿el chat de mamis es una suma de pereza mental, prejuicios y preservación de los valores patriarcales? Así lo pintan quienes participan. Todos lo odian. ¿Me explican?”. Se produjo entonces una catarata de respuestas, en su gran mayoría, defendiendo esa construcción colectiva.

El 16 de marzo, cuando en la Argentina se suspendieron las clases por la pandemia global de coronavirus, las comunidades virtuales se resignificaron. En un contexto de crisis, ¿cómo y para qué sirven los grupos de padres y madres? Y en términos habituales, ¿cuánto de prejuicio sigue atravesando a quienes los critican?

Distancia forzada. Teniendo en cuenta la diversidad de realidades educativas, familiares y culturales y que no en todas las casas con niños y niñas en edad escolar disponen de la tecnología ni de la destreza como para entrar en una plataforma de educación a distancia, los grupos de WhatsApp son una herramienta democrática que está al alcance de la mano de la inmensa mayoría. La psicóloga Dolores Galán, terapeuta familiar y especialista en niños y crianza, cree que lo más novedoso por estas horas es el despliegue de solidaridad y de encuentro adaptado a las circunstancias: “Sirven desde para comunicar que la maestra dejó fotocopias hasta para, por ejemplo, pasarse links para explicarle a un chico qué es el coronavirus u otros con actividades varias. También para armar plataformas virtuales en las que los niños puedan encontrarse con sus amigos a charlar y no desconectarse completamente. Creo que se volvió un canal todavía más solidario y le pegó una vuelta a lo que estaba instalado hasta ahora”, afirma. Daniela, integrante de un chat de sala de 4, cuenta que en el suyo comenzaron a circular videos de los chicos con mensajes o adivinanzas para sus compañeros. Una forma divertida de sobrellevar el encierro.

En medio de la cuarentena, funcionan como nexo con las escuelas y hasta canal de información institucional cuando los equipos directivos, en contacto con algún referente del grado o sala, usan los grupos supliendo la falta de cuadernos de comunicaciones. Es lo que le sucede a Laura, con una hija de 5: “A través de una de las referentes de la sala, la dirección transmitió toda la información sobre cómo conectarnos y usar la plataforma de actividades”. Viviana, madre de una niña de 7 y otra de 4, dice que el chat de primaria le sirve mucho porque “la mamá que lo coordina va pasando todas las actividades que mandan las ‘seños’”. En cambio, el del Jardín, “es un disparate”. En el caso de Carolina, con una hija en 4to grado, “una madre que vive cerca del colegio se ofreció a buscar los apuntes y que fuéramos a retirarlos a la puerta de su casa en una franja horaria más amplia que la de la escuela. Terminaron pasándolos por foto”.

Chat de padres

Como en el resto de los grupos de WhatsApp, esos mensajes funcionales se cruzan con recetas para desinfectar la casa, PDFs de certificados de excepción para circular, audios de recomendaciones de supuestos médicos, videos con “remedios caseros” o el link del Ministerio de Salud.

Nada de “de mamis”. Ahora bien, antes o después de la cuarentena, tildarlos de “grupo de mamis” es peyorativo. Como dice Vanesa: “Es como cuando manejás y los machirulos te gritan 'Dale, Mami'”.

En la mayoría de los casos, los grupos se denominan con el grado o sala en cuestión y están integrados por hombres y mujeres. Dolores Galán asegura que, si al principio eran solo mamás, hoy hay muchos varones, al igual que familias diversas. “Son grupos inclusivos y tienen una función colaborativa”. Lo mismo señala Melanie: “¡Es un estereotipo que inventaron para hacernos quedar como unas pelotudas! Es un grupo normal como cualquier otro y no es de mamis, hay papis. Y ‘todes’ hacemos comentarios boludos de vez en cuando”. Marita coincide: “Es una forma peyorativa/vergonzante de llamarlos. Es útil para coordinar cosas y al/o la desubicado/a se le ubica y listo. En general, se autorregula”. “Mamis”, no. Son familias que intentan organizarse en las demandas de la escolarización y van armando redes solidarias de crianza. “El resto es como cualquier grupo de chat y la vida misma en el patriarcado: infumable”, dice Mer. Agustina cuenta: “En mi caso tuve suerte de formar parte de un muy buen grupo de familias, representadas en su mayoría por madres. Armamos una red, con respeto, confianza y la misma prioridad. Diversas realidades familiares que nos complementamos”.

Padres e hijos

Una red. Hay momentos en que la única salida parece silenciarlos (¡por un año!) porque hay información que excede el punto de enlace o porque la conversación se descalibra y entonces alguien propone, otro responde, una tercera persona comenta “x” cosa, otro contesta a eso, cualquiera de los miembros vuelve a la primera consigna y ya no se entiende nada. Pero absolutamente ningún grupo de WhatsApp está excepto de eso. La inmensa mayoría reconoce que le es de utilidad. “Es útil si se lo usa para cosas del colegio y se contesta lo que se pregunta y el que lo sabe. Me ha salvado y yo he salvado a otros recordando autorizaciones, pruebas o libros que había que comprar”, dice Silvina. Para María, el chat del jardín de su hijo, es de gran ayuda: “Se usa para invitar a los cumples y charlar lo que tenga que ver con el jardín. Es un gran espacio también para conocer a las madres o padres que no pueden acercarse a la puerta de la escuela”. “Después de la carrera de quién tiene más data, la que sabe más, o la del pibito más confiable, sirve bastante. A medida que los niños crecen, se va perfeccionando”, comenta Adriana. “Lo banco a full. Es una red de apoyo con una regla clara que nunca fue dicha: solo temas de la escuela y ‘lxs nenxs’. Pasar lo que no llegaron a copiar, materiales que llevar o si ‘algunx’ se sintió mal. ¡Nos acompañamos!”, dice Ileana. Pero Carla lo califica de “caterva indiscriminada de pelotudeces varias”: “En mi opinión, es gente al pedo que tiene mucho tiempo para escribir veinte veces sobre la cartulina azul o celeste”. Mariana la considera una “maravillosa red de ayuda” y sugiere que los valores patriarcales provienen más de quienes lo critican. La objeción que hace Rosario es que “en lugar de fomentar la responsabilidad de los chicos, o en su defecto enseñar a asumir consecuencias, todo es: ‘¿Tienen tarea mañana?’, ‘¿Tienen que llevar tal cosa?’. Son madres yendo al cole por ellos”.

Ese es un punto que subraya también la psicóloga: “Es una de sus contras. De alguna manera, libera al niño de algunas responsabilidades porque los padres saben de antemano qué van a tener que producir y eso enlentece el proceso de crecimiento y autonomía”.

Integrados pero no tanto. Si bien hay cada vez más varones, ¿cuántos participan activamente? ¿En quiénes recae la socialización y escolarización de los chicos y chicas? Ana considera que la conformación habla de la sociedad patriarcal: “En todo hay excepciones, pero es un despropósito que la mayoría de los tipos no quieran participar porque son temas banales, como una autorización o el cumpleaños de tal. Alguien tiene que ocuparse de esas cosas. Las madres, claro”. En esa línea, Fernanda cuestiona: “Toda la pose de desprecio al chat de ‘mamis’ es un menosprecio a lo ‘materno’. Las tareas de cuidado son consideradas menores y por tanto femeninas (o viceversa) y cuando 30 mujeres organizan la vida diaria de 30 niños, el resto de la sociedad se ríe”. “Incluso muchas mujeres, tildan a las que se ocupan de organizar y resolver de hacerlo porque ‘no tienen otra cosa’. Es puro prejuicio. Al menos en mi experiencia, son mujeres (en los dos grupos a los que pertenezco, ningún hombre se puso nunca en ese rol) que trabajan todo el día pero son proactivas y con una gran capacidad de gestión”, afirma Andrea.

En cuarentena o en épocas normales, los grupos de escuela siguen siendo motorizados por mujeres que, con aciertos y errores, desmalezan el camino común. 

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Valeria García Testa

Valeria García Testa

Periodista.

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