Martes 7 de abril, 2020

COSTUMBRES | 25-03-2020 20:25

Hombres que tejen, la nueva tendencia

Por el gusto del trabajo artesanal pero también por una masculinidad sin violencia, cada vez más varones se enamoran del tejido.

El fenómeno comenzó en Chile. Allá por el 2016, la imagen de grupos de hombres tejiendo en espacios públicos del país vecino empezó a recorrer el mundo. Había nacido Hombres Tejedores, un colectivo autogestionado que propone “una nueva forma de pensar al hombre y romper con los estereotipos, para poder conformar una sociedad más inclusiva y tolerante”. Es decir, mientras se juntaban para hacer en grupo algo que les resultaba placentero, luchaban por derribar barreras tan viejas como el mundo. 

No pasó mucho hasta que ese oleaje llegó a Argentina, donde en noviembre de 2017 nació la versión local. Desde entonces empezaron a verse nuestros propios varones en encuentros en parques y plazas de Buenos Aires, así como en talleres y cursos en distintas instituciones, enarbolando sus agujas con total alegría y entusiasmo. En tiempos de feminismo pero sobre todo de repensar las estructuras y los roles de género, el colectivo sigue creciendo y hasta sacó su propio libro, “Técnicas, herramientas y diseños para dos agujas y crochet” (Grijalbo), dando la pauta de que aún hay mucha lana por ovillar. 

Prejuicios. “Cuando el grupo nació en Chile, tuvo mucha repercusión en América Latina y en parte de Europa. Especialmente desde Argentina nos pedían una visita a Buenos Aires, o armar un grupo como el chileno”, relata Javier Oliva, parte del equipo original y creador del local tras su mudanza a este país. “A mi llegada me contacté con algunos chicos que me habían escrito y organizamos el primer encuentro de Hombres Tejedores en Argentina en Parque Centenario”, se explaya. De ese primer contacto en 2017 se formó un grupo que hoy consta de seis integrantes activos, cuyo fin es nuclear a muchos más en distintos eventos mensuales en espacios públicos. “Nuestras actividades son variadas. Todos nos dedicamos durante la mayor parte del día a nuestros trabajos y luego nos hacemos espacios para juntarnos y dedicarle tiempo al colectivo”, describe Oliva. 

Hombres que tejen

A ese encuentro inicial fueron bastantes hombres, pero también muchas mujeres, un punto valioso en esta cruzada que busca libertad de acción no solo para ellos sino para todos los géneros. La respuesta de la gente, en tanto, fue variada. Mientras en persona hubo reacciones de lo más positivas y también en sus publicaciones en redes, algunos de los comentarios que recibían les advertían de que el camino a recorrer era largo. “Es como entrar en una casa sin permiso de quienes la habitan. En cambio, cuando estamos en lugares públicos claramente quienes se acercan son los que se sienten interpelados por lo que están viendo”, metaforiza Oliva. 

Consultados sobre el prejuicio general que notan en la sociedad, el colectivo sostiene que no le parece que tenga tanto que ver con géneros como con algunos sectores. “En ciertos ámbitos conservadores ven en la acción de un hombre tejiendo una ‘pérdida de tiempo’, ‘una labor poco productiva’ o ‘una labor que es mejor que haga una mujer’. Incluso una excentricidad para hacerse notar. No ven un acto de lucha contra los estereotipos”, sostienen. Más aún, esta mirada sirve para inhibir a quienes tienen ganas de sumarse, y así Oliva cuenta que son varios los que piden información pero dan muchas vueltas hasta finalmente animarse a la reunión en público. 

Nueva masculinidad. Uno de los puntos más claros de esta lucha es el deseo de presentar una nueva masculinidad, una alejada de la cultura patriarcal imperante y en la que la fuerza no sea lo que defina a un varón. “Debería ser una masculinidad donde el hombre no solo se vea representado por el heterosexual, blanco, líder y padre proveedor, sino que se acepte a otro tipo de varones en quiene la sexualidad sea más diversa, y se aporte desde ahí otros valores que hoy la sociedad no está tomando en cuenta”, apunta el colectivo. Es decir, ver y aceptar que existen otras miradas con respecto a cómo se define un hombre. 

Asimismo, el grupo relata que ven que el tema se sesga dependiendo de si lo que se hace es parte de un hobby o una labor remunerada. Y que para muchos, un hombre que teje en telar para ganarse la vida es un artesano, en tanto uno que lo hace por placer es alguien que pierde el tiempo. “A esta sociedad le cuesta mucho entregarle al hombre la libertad de juntarse con el deseo de lo que quiere hacer”, sentencia Oliva. 

Hombres que tejen

Para Luciano Lutereau, psicoanalista, doctor en Filosofía y autor de “Más crianza, menos terapia”, “Esos raros adolescentes nuevos” y un libro de próxima salida sobre masculinidades, el panorama no es tan oscuro. La aparición de este tipo de iniciativas, entre otras, da cuenta de una desarticulación progresiva del modelo hegemónico del varón basado en la demostración de la potencia. Y así, se desandan principalmente dos aspectos. “Por un lado, el deseo posesivo que lleva a la misoginia, y en segundo lugar, la interpretación homofóbica de lo que no es hegemónico. Esa típica idea de que ‘el que no demuestra la potencia es un maricón’, entendiendo la homosexualidad como una masculinidad disminuida. En este sentido, las nuevas masculinidades proponen la apertura hacia otras formas de virilidad”, sostiene. 

De hecho, apunta que el planteo de hombres y mujeres rompiendo estereotipos ya quedó atrás, y que hoy estamos frente a una fase nueva. Mientras esa vía de ruptura era más escénica y demostrativa, hoy la exploración es aún más grande, y apuesta a lo indistinto en ciertas actividades. “La principal contribución de este momento, que no pasaba hace cinco años, es que la actividad no define 'per se' un género. Creo que encontramos para el acto un abanico mucho mayor que no establece una esencia y no define el ser de lo que alguien es, al menos desde el punto de vista de su orientación sexual”, razona el profesional. 

Hombres tejiendo juntos en una plaza, que aunque son noticia por únicos, despiertan las ganas de otros y conforman un grupo cada vez mayor y en una sociedad cada vez más concientizada. Hombres cuya lucha se hace visible al compás de su lana de colores. Hombres que son apenas la punta del iceberg de un movimiento imparable que redefine los géneros, o que, en realidad, quiere dejar en claro que los géneros no definen nada.

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Vicky Guazzone di Passalacqua

Vicky Guazzone di Passalacqua

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