Lunes 1 de junio, 2020

COSTUMBRES | 20-02-2020 18:03

¿Por qué es tan resistida la Educación Sexual Integral (ESI)?

Vuelven las clases y con ellas, la discusión sobre una ley que tiene ya 14 años. ¿Cuáles son las críticas y las trabas para su implementación?

A mediados de los ´80, una marca de toallas femeninas reunía a las alumnas de sexto grado para contarles de qué se trataba la menstruación, mostrándoles un video donde una maestra instruía a su clase: “Una de las funciones más importantes de la mujer es ser madre y para eso el cuerpo se tiene que preparar”, les decía. Las chicas salían cuchicheando, con un folleto y una muestra de regalo escondidas en el bolsillo, mientras que los varones jugaban en el patio. Era la Argentina que reestrenaba democracia, donde convivían ese tipo de revoluciones con contrarrevoluciones. En julio de 1986, por ejemplo, procesaban a Pepe Eliaschev por haber osado hacer una encuesta callejera para su programa “Cable a Tierra” (ATC) preguntando si el tamaño del pene influía en el placer femenino. Lo acusaron de “ofensa al pudor público” y lo sacaron del aire. En 2020, a 14 años de la sanción de la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) son otros los interrogantes, desafíos y resistencias. El avispero sigue (tan o más) alborotado.

Sex Education. La ley argentina convierte a la ESI en un derecho del alumnado de todo el país, desde el nivel inicial hasta el superior. La define como “la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos” y establece que no será una materia en sí, sino contenidos trabajados transversalmente. Además se propone hacerlo organizando espacios de formación y participación tanto para docentes como para padres y madres. Eso en la letra.

En la calle, de un lado están los que levantan carteles a favor de la ESI y del otro los que se organizan para resistirla. Los primeros acusan a los otros de obtusos, antiderechos y conservadores. Los segundos califican a los primeros de “lavacerebros” que adoctrinan chicos y pisotean valores. Latinoamérica y España, por ejemplo, tienen la misma pulseada. En la Argentina, la grieta recrudeció en 2018 cuando, tras la discusión en el Congreso de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, pareció haber un consenso sobre la importancia de la ESI y la necesidad de fortalecerla. Pero, cuando el Consejo Federal de Educación dictó la Resolución 340 que estableció los cinco ejes que organizarían la ESI –reconocer la perspectiva de género, respetar la diversidad, valorar la afectividad, ejercer los derechos sexuales y reproductivos y cuidar el cuerpo y la salud-, hubo agrupaciones, como la de Con Mis Hijos No Te Metas (CMHNTM), nacida en Perú y diseminada por la región, que empezaron a denunciar “ideología de género” y al Estado como promotor del desarrollo temprano de la sexualidad, acusándolo de sacarle el derecho a la familia de educar de acuerdo a su moral sexual.

Leandro Cahn, director ejecutivo de Fundación Huésped y uno de los autores de “Educación Sexual Integral. Guía básica para trabajar en la escuela y en la familia” (Siglo XXI Editores); sostiene que, en general, a la ESI se la ataca por lo que no es y no por lo que es, “por eso vemos cada tanto ‘fake news’ de supuestas actividades promovidas por la ESI”.

La primera gran pregunta es qué se entiende por sexualidad y aquí vale la diferenciación que hace la psicoanalista Adriana Arteaga: no es lo mismo “sexo” que “sexualidad”. “A principios de 1900, a Freud lo echaron de la Academia Médica de Viena porque habló de sexualidad infantil. Y aun hoy no se entiende bien que la sexualidad es mucho más amplia que la genitalidad”, explica. Y Cahn especifica: “La ESI entiende la sexualidad como una dimensión en la vida que vincula aspecto como los sentimientos y la afectividad, la identidad, las formas de relacionarnos y de experimentar el placer, el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y el reconocimiento y cuidado del cuerpo”.

Ideología o perspectiva. La perspectiva de género es una manera de observar y analizar la realidad teniendo en cuenta cuáles fueron y cuáles son las relaciones sociales que se han establecido entre varones, mujeres y diversidades. En una jornada ESI de tercer grado se puede, por ejemplo, investigar cómo se jugaba antes y darse cuenta (y cuestionar) que la pelota era prohibitiva para las chicas y que se jugaba “a la mamá” pero no “al papá”. “La perspectiva de género trata de desnaturalizar lo aprendido y mostrar las brechas que existen en la sociedad a partir de esas construcciones sociales”, explica Eleonor Faur, socióloga y doctora en Ciencias Sociales. Por eso, ESI es también analizar el asesinato de Fernando Báez Sosa y entender cómo la virilidad se construye todavía desde la violencia y la fuerza física.

La antropóloga Claudia Lajud, diplomada en Género, Sociedad y Política, dice que hablar de “ideología de género” es embarrar la cancha y negativizar la cuestión. Piensa que lo que molesta a muchos es reconocer la diversidad sexual y de identidades. “Pero cuando la escuela puede ser hospitalaria, estamos enseñando a que todas/os tenemos derechos, que nadie por su condición social, de clase, de orientación sexual o identidad de género debe ser menospreciado, discriminado, dañado o dejado afuera”, explica.

Pablo Repetto es concejal por Almirante Brown (FPT), pastor evangélico y referente de Con mis hijos no te metas. Asegura que ellos no objetan el respeto a ningún tipo de diversidad, pero que quieren que se haga hincapié en la prevención del abuso sexual infantil, de la violencia hacia la mujer, de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados. “Para trabajar en la prevención del embarazo adolescente, por ejemplo, necesitamos reentender el género y la diversidad partiendo de que los conceptos han cambiado. El desafío es repensar situaciones que teníamos naturalizadas pero que no son naturales”, apunta Cahn y señala que hay otros contenidos curriculares con las que una institución confesional puede disentir, como la teoría del Big Bang, pero no por eso se dejan de enseñar. Del mismo modo, debería ocurrir con la ESI.

Faur diferencia entre las resistencias que surgen en muchas familias por desconocimiento o la falsa información, de las más orgánicas. “Cuando los procesos sociales y políticos van ampliando derechos, los grupos que han tenido siempre la hegemonía hacen sus estrategias políticas para detener los avances”, postula. Teniendo en cuenta que el marco jurídico nacional considera familia a la unión de dos adultos del mismo sexo y que está legitimada la autopercepción de género, ¿por qué sería inapropiado tratar esas cuestiones en el aula?

Repetto responde: “¡Claro que hay que tratar estos contenidos! Hablar, prevenir, enseñar a respetar la diversidad es muy valioso. Imponer desde el Estado un dogma moral, no.¿Qué hacemos con quienes respetan la diversidad pero eligen educar a sus hijos en una visión donde la heterosexualidad y formar una familia para toda la vida son valores preferibles?”. En los ’80, era un oprobio ser hijo de padres separados, hoy son casi mayoría y la ESI parece un terreno más prometedor para crecer sin sufrir los señalamientos padecidos por las generaciones anteriores cuando no se encajaba en el modelo estándar. Eso también es diversidad. Para Lajud, en vez de asumir una posición confrontativa, se deben producir argumentos constructivos, sólidamente argumentados con los marcos legales, con datos estadísticos y las evidencias científicas de por qué la ESI contribuye a mejorar la vida de unos y otras.

Adultos contaminados. Una de las disputas es si este campo de acción es también responsabilidad del Estado, y por ende de las escuelas, o si es potestad única de las familias. Se parte de la realidad de que no hay adultos “ideales”: “Ser madre, padre o docente no significa que uno tenga mínimamente resuelta su sexualidad”, analiza Arteaga.

La realidad es que también hay docentes que se resisten a tener que entrar en “esos temas”. “Docentes y familias, no tuvimos la oportunidad generacional de vivir la experiencia de la ESI como un derecho ciudadano, con fundamentos, enfoques y contenidos construidos en forma colectiva”, explica Lajud. Las capacitaciones docentes masivas, a partir de 2012, fueron diluyendo esas resistencias: “Las presenciales son muy importantes porque se parte de expresar temores y fantasías y hacer una suerte de revisión subjetiva personal”, dice Faur.

Que en la escuela se hable de niños y niñas trans o de homosexualidad, ¿puede generar un efecto contagio? “¡Para nada! Eso es como la pregunta de Mirtha Legrand a Roberto Piazza sobre si una pareja gay podía, por serlo, abusar de un hijo. ¡No tiene nada que ver! Pero ese es uno de los fantasmas que están en juego”, dice Arteaga.

Leandro Cahn resalta que la ESI trabaja también en fortalecer las decisiones individuales y no dejarse llevar por la manada. En la escuela y en la vida, aparecen cuestionamientos y situaciones desafiantes, como grooming, sexting, noviazgos violentos o escraches a pares. Sin tener todas las respuestas, pero haciendo(se) cada vez más preguntas, la meta es ampliar la conciencia crítica y, a la vez, aceptarse y aceptar a los demás en sus diferencias y similitudes. Y en eso, como siempre, los adultos deben dar el ejemplo.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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