COSTUMBRES | 06-02-2020 13:17

Cuckold o infidelidad consentida, la nueva tendencia en las parejas

Es la estrategia de las relaciones para salir de la rutina o probar experiencias. La opinión de los expertos. Placeres y riesgos de jugar al límite.

Dicen que el “cuckold” está peleándole la punta del ratoneo en las parejas abiertas, al poliamor y las prácticas swingers. A diferencia de estas, en este juego no todos tienen el mismo rol: físicamente, ella será activa y él, pasivo y habrá un(a) tercero(a) que permitirá materializar la fantasía. “Cuckold” en inglés se traduce como “cornudo” pero el concepto se refiere a un varón que fogonea que su mujer tenga sexo con otro(s) y se excita a partir de eso. O sea, no aplica a quien haya descubierto una infidelidad y decida bancársela. Hablamos de una pareja que acuerda que ella tendrá otros compañeros sexuales para que esas experiencias retroalimenten el erotismo entre ambos. Sin que todavía sea una práctica estudiada por la academia, viene ganándose un lugar en la calle. De hecho, según un relevamiento de la aplicación de citas Jaumo, fue la segunda búsqueda en Internet después de “sexo anal”.

Al googlear sobre comunidades “cuckold”, aparecen, por ejemplo, cuentas de Twitter de México y de Colombia de libre acceso en las que se postean fotos. Allí,  ellos publican muy orgullosos las capturas de pantallas donde sus mujeres les detallan lo que acaban de hacer con la otra persona o suben videos explícitos en los que la amazona cabalga hacia la pasión dedicándoles la carrera.

¿Invento mediático, práctica antigua que ahora tiene nombre marketinero o una llave real con la que se reavivan parejas?

Leña para el carbón. Juan llevaba 15 años de casado con María. Tenían hijos, perro, gato pero una relación bastante vacía a nivel sexual. Un día, ella le comentó: “¿Sabés que hay un compañero de trabajo de 25 años que me tira onda?”. “¿Y vos qué opinás?”, le contestó él. “Y, no sé, imagínate, soy una mujer casada”. Juan subió la apuesta: “Acostate con él”. “¡Ay, no!”, dijo María. A la tercera vez que su marido repitió la fórmula, terminó en un hotel con su compañero de trabajo. Al volver a la casa, relató con lujo de detalles la aventura y tuvo sexo con su esposo hasta en el lavadero. En el mismo espacio donde antes “nunca había tiempo”, la pareja se hizo un fuego. Los encuentros se repitieron unas cuantas veces más, hasta que el otro ya no quiso. María se quedó triste y abatida. Entonces, Juan le propuso que abriera una cuenta en Tinder, pero nunca pensó en hacer lo mismo él. “Una de las características de estas parejas es que a él no le interesa hacer su juego”, afirma Paola Kullock, especialista y asesora en juegos eróticos y directora de PK Escuela de Sexo. Así que María buscó y encontró a otro muchacho con el que llegó a irse un fin de semana, mientras que Juan se quedó cuidando a sus hijos y expectante del regreso de su mujercita. La relación extramatrimonial creció tanto que el amante le dijo a María que tenía que elegir: o él o su marido. Ella se quedó con su marido, pero sufrió por el final del romance (para ella, había llegado a esa categoría). Hoy encontraron reemplazante y las cosas volvieron a marchar sobre rieles. “Todos tenemos morbo, mucho más de lo que podemos suponer.Te sorprenderías de las búsquedas que hace la gente. Yo veo que el cuckold viene siendo una tendencia en la Argentina, al menos desde hace un año y pico”, asegura Kullock.

El sexólogo Walter Ghedin explica que el concepto no está aceptado aún en el ámbito de la sexología y que es una más de las diferentes prácticas sexuales que están apareciendo últimamente como formas de romper con el paradigma de la monogamia. “Sin embargo, dentro de todas las experiencias de parejas abiertas (poliamor, swingers, tríos), esta tiene la particularidad de ser la más asimétrica”, explica. Los acuerdos varían con cada pareja y van desde quien está en el mismo cuarto excitándose con la escena (pero sin participar), al que asiste a distancia (con videos o mensajes) o el que se queda esperando en la casa; la rotación o repetición de terceros; la propuesta como iniciativa del varón o de la mujer.

Uno más uno, muchos. La familia instala un gazebo, reposeras y heladerita. Es un típico mediodía en la playa, con hijos, suegros, amigos y choclos incluidos. Cuando Sergio le pasa protector solar por la espalda a Vanesa y baja la mano sugerente hasta su cintura, ella sonríe y le susurra al oído. Se besan con un entusiasmo que provoca la burla (o la envidia) de los otros. Es fácil suponer que esa pareja tiene una vida sexual potente, sí, pero nadie imagina que ella “comerá el postre” con otro y que eso alimentará la “cena” posterior con su marido. ¿Cuánta más intimidad produce el pactar algo tan fuera de la conducta sexual típica? “Les da un plus de intimidad y complicidad, tiene ese componente de lo que los hace pareja, de sentirse únicos, de lo prohibido, de algo que no pueden socializar. Esto es algo muy privado”, dice la psicóloga y sexóloga Mariana Kersz, directora de ClinicaDeParejas.com. Ella atendió a dos que llegaron para hacer terapia por cierto destrato y violencia verbal frecuente en el vínculo y terminaron contando que practicaban cuckold. “Si bien no se llevaban bien en algunos aspectos de la vida, en el acuerdo sexual funcionaban bárbaro y habían logrado ese nivel de extrema confianza como para poder compartir este fetiche sin ninguna dificultad”.

Pareciera que lo verdaderamente novedoso no es el qué sino el cómo, la motivación. “En general, el amante se acuesta con una mujer casada pensando que es suya y que con el marido no tiene relaciones. Acá, en principio, el tercero debería tener claro que este es un juego de la pareja. Entonces el acto es el mismo pero no lo qué piensan quienes lo practican”, detalla Kullock. Respecto al hombre de la pareja, Kersz afirma que se pone en juego algo relacionado con la sumisión y el fetiche de ser humillado y de que esa humillación excite y genere un posterior encuentro sexual mucho más placentero. Paola Kullock acuerda y la categoriza dentro de las prácticas del sadomasoquismo. “La heterosexualidad está cada vez más abierta a experimentar nuevas opciones sexuales con el fin de encontrar disfrute, pero sobre todo de romper con la pauta social y cultural de fidelidad, que promueve que se transgreda a espaldas del otro”, dice Ghedin. Acá, técnicamente no hay “infidelidad” sino una práctica consentida y planificada que termina (y empieza) siendo alimento creativo para la pasión de ambos.

Desbalance. Ella conoce otros cuerpos, otros olores, otros modos. En pocos meses tiene más sexo quizás que en toda su vida. Él se queda afuera del cuarto pero antes y después (y en algún caso, durante) revive en detalles la escena ajena, opina y planifica junto con ella cada movimiento del juego. ¿Quién maneja verdaderamente la batuta? ¿Se trata de un escalón en el empoderamiento femenino o no es más que una práctica machista rebuscada en la que parece que ella gana pero en realidad es el varón el que“entrega”? “La relación en una pareja es en esencia de simetría o paridad y deja de serlo cuando uno de los roles domina. En este caso es el deseo del hombre el que se expresa, por más que la mujer disfrute del cuckold, es él el que la mayoría de las veces pide hacerlo y hasta elige con quién”, sostiene Ghedin. En cambio Kullock opina que de machismo, nada: “El cuckold tiene que ver con una situación de dominación de parte de la mujer”.

Quienes se suman a los foros cuckold, ¿son parejas “comunes y corrientes” o gente de búsquedas intensa en otros aspectos de la vida? Los casos que llegaron al consultorio de Kersz se trataron de personas ajustadas a las formas, que no apostaban socialmente a la audacia pero tenían la fantasía de esta práctica y materializarla era el único permiso que se daban donde aparecía algo fuera de lo normativo. “A cada tipo de personalidad, le cabe su fantasía; tiene que haber una estructura psicológica de base que te permita sostener esto con placer y disfrute”, apunta la psicóloga.

En principio, hay goce de los dos y entre los dos: de ella –porque la pasa bárbaro-, de él –porque se excita con esa situación- y de la pareja –porque la síntesis del placer de ambos convierte el polvo en oro. Pero no siempre resulta. Como su marido pasaba tres semanas al mes fuera de la casa por cuestiones laborales, Laura le dijo que quería divertirse con otros. Él aceptó con la condición de que no repetiría a la tercera persona pero, en el fragor de la acción, ella no pudo cumplir la regla. Resultado: ni fueron felices ni comieron perdices. “Hay que conocer los riesgos porque es re común que no te banques el juego. Te venden que las relaciones abiertas son la octava maravilla del mundo pero no, en realidad te va a salir mal porque es la propia vida. Es como ir al casino: la primera vez, ganás, la segunda, también y en la tercera, perdés todo”, grafica Kullock.

Establecer acuerdos para manipular las llamas, es sin duda bastante más pretencioso que jugar con fuego.

Galería de imágenes

En esta Nota

Valeria García Testa

Valeria García Testa

Periodista.

Comentarios

Espacio Publicitario

Espacio Publicitario