Jueves 15 de abril, 2021

CULTURA | 02-04-2021 00:15

Cancelación: los genios incorrectos, de Michel Foucault a Woody Allen

Delitos sexuales y nazismo, dos terrenos en los que la cultura de la cancelación derriba ídolos.

“Anacronismo” es palabra clave en el sistema de la cancelación. Un pecado cultural imperdonable que aplica al pasado las reglas del presente. Bajo esta desviación del sentido común histórico, se derriban estatuas, se bajan cuadros, se desprograman películas en semanas cinematográficas sin analizar que en los tiempos de esos héroes u obras de arte, las reglas del presente no corrían. Esas reglas pueden ser tanto la abolición de la esclavitud como la igualdad de la mujer.

Por eso, la cultura de la cancelación es, casi siempre, pura ignorancia y prejuicio. Una estupidez que, llevada hasta sus últimas consecuencias, nos impediría apreciar la filosofía griega, la cultura romana, el esplendor del pensamiento árabe, las luces del Renacimiento y las sombras del Barroco. La humanidad avanzó a tientas pero sin pausas en una idea de sociedad más justa. No lo logró en todo los terrenos, pero en muchos las condiciones de vida mejoraron notablemente. Aplicar al pasado las reglas del presente es negarnos a apreciar también esos cambios y procesos. Pura simplificación y oscuridad.

Pero hay un terreno en el que la cultura de la cancelación encuentra terreno fértil para confundir todos los términos, en especial, para superponer los valores de una obra con circunstancias privadas del creador.

Pongamos un ejemplo de hace unas décadas que resucitó por estos días, gracias a un documental recién estrenado por HBO. Se trata de la serie en cuatro capítulos “Allen vs.Farrow”, que revive el caso contra Woody Allen a partir de la acusación de su hija Dylan Farrow, apoyada por su madre, Mía.

En los '80 y '90, Woody Allen fue el genio perfecto. El artista que hacía el milagro de aunar inteligencia y buen gusto con popularidad. Por eso, las denuncias contra él fueron especialmente dolorosas para sus fanáticos.

Hoy sabemos que es muy difícil que una víctima de abuso mienta. Pero en el momento en que se produjo la denuncia de Dylan, y en el contexto del derrumbe de una de las parejas más paradigmáticas del showbizz, nadie entendió lo que pasaba. Algunos apoyaron a Woody y otros a Mía. Y es elocuente el comentario de críticos y periodistas de importantes medios en el documental: la mayoría admite que pasaron de la admiración por el cineasta a perder el interés por sus películas, merced a esa denuncia y al escándalo desatado por la infidelidad de Allen con la hija mayor de Mía, Soon Yi.

Woody Allen

Los genios incorrectos, sobre todo cuando cometen delitos difíciles de perdonar, generan esta incomodidad en la percepción. Según una regla siempre repetida en el mundo de la cultura, obra y biografía no deberían confundirse. Pero en algunos casos es muy complicado poner distancia entre una y otra.

De Foucault a Jackson, pedofilia y admiración

Las acusaciones de Guy Sorman contra Michel Foucault causaron gran revuelo. Sin dudas, en estos tiempos, existe un terreno fértil para prestarle atención a estas denuncias. Pero las actitudes y posiciones del filósofo francés frente a la pedofilia (y otros delitos sexuales que se le atribuyen) han sido, desde siempre, del conocimiento de su entorno y sus especialistas. Sólo que no estaban dadas las condiciones para “hacerle lugar a la información”. Es difícil imaginar un futuro en el campo cultural sin la lectura de obras fundamentales de Foucault. Pero su figura, seguramente, resultará víctima -de alguna manera- de las restricciones de la cancelación.

En otro rubro, un gran ídolo también cuestionado por pedofilia, cuya conducta salió enteramente a la luz en otro documental de HBO, fue Michael Jackson.

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El testimonio de Wade Robson y James Safechuck en “Leaving Neverland”, un film dirigido por Dan Reed es tan detallado y conmovedor, que resulta difícil dudar de la palabra de las víctimas. Ambos cargaron sobre sus hombros el desastre causado en sus vidas y sus familias por el abuso no sólo de un hombre mayor, sino además, de la gran estrella que los manipuló con el poder de la fama y la debilidad que supone la admiración. ¿Cómo continuar escuchando maravillas como “Billie Jean” o “Thriller” cuando tenemos certeza de que después del show eran unos cuantos niños los que padecían el lado más oscuro del artista?

 

La incomodidad política

Las diferencias ideológicas han sido desde siempre uno de los principales factores de descalificación de un artista. Pero, una vez que las circunstancias históricas que provocan la grieta se disipan, el creador y su obra suelen ser reinvindicados y las objeciones caen en el olvido.

Sin embargo, una coyuntura extrema, como el régimen nazi, puede extender el rechazo de un artista para siempre.

Ese fue el caso de Leni Riefenstahl, la llamada “cineasta de Hitler”. Fue una de las grandes artistas del cine, en la época en que el séptimo arte estaba en pañales. Realizó dos films legendarios para el régimen: “Olimpia” (un documental sobre las olimpíadas que se realizaron en territorio alemán antes de la guerra) y “El triunfo de la voluntad”, donde mostró la estética nazi en su dimensión más espectacular (este film formó parte de una trilogía junto con “La victoria de la fe” y “Día de la libertad”).

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Cuando los nazis cayeron, ella estuvo presa durante un tiempo y fue liberada. El resto de su vida, que fue muy larga -murió en el 2003 a los 101 años- fue una larga lucha para defenderse de la “desnazificación”. Siempre negó conocer los excesos del régimen nazi así como también rechazó las acusaciones de que había sido amante de Joseph Goebbels y Adolf Hitler. Cualquier proyecto que encarara, cualquier retrospectiva con la que alguien pretendiera homenajearla, era rápidamente obstaculizada. Sólo su bellísimo estudio fotográfico para National Geographic sobre la tribu africana de los Nuba, logró saltar el cerco de su proscripción. Para muchos cineastas fue un verdadero conflicto interior darle la espalda a la gran maestra de su arte, pero también abrirle la puerta a la mujer que glorificó a un régimen homicida, a expensas de sus víctimas.

En menor medida, Coco Chanel fue otra de las artistas que sufrió la “desnazificación”. Gabrielle (tal su verdadero nombre), criada en un orfanato, era una verdadera sobreviviente. Por eso hoy, al analizar su historia, no asombra que haya mantenido un romance con un oficial nazi, durante la ocupación alemana a Francia en la Segunda Guerra mundial, como un rasgo de más de su adaptación a las crisis. Archivos desclasificados mucho después, la incriminarían como espía de los alemanes, pero esta acusación no está suficientemente probada. De hecho, la casa Chanel ha desestimado estas sospechas así como también ha rechazado la acusación de que Coco era antisemita.

Considerada una de las grandes creadoras francesas, a la mujer que cambió la moda femenina para siempre, le costó muchísimo en tiempos de paz, lograr el perdón de sus compatriotas.


 



 

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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