Viernes 23 de abril, 2021

CULTURA | 30-03-2021 16:06

El libro sobre matemáticos y físicos que fascina a los lectores

Se llama "Un verdor terrible" y es autor es Benjamín Labatut, un escritor chileno casi desconocido entre nosotros.

Por estos días, son muchos los que descubren en la Argentina, un libro extraño e inquietante, escrito por un joven autor nacido en Rotterdam, que vivió en varios países latinoamericanos (incluida la Argentina) hasta radicarse definitivamente en Chile. El volumen se titula “Un verdor terrible” (Anagrama) y el escritor se llama Benjamín Labatut. ¿De qué trata este texto “desgenerado” (tal como lo califica su autor) mezcla de novela y colección de relatos, que yuxtapone con maestría ficción y realidad? De científicos. De matemáticos y físicos que llegaron al abismo de la razón por el sendero de sus ecuaciones, atisbaron el misterio de la vida y enloquecieron tratando de describir con elegancia y sencillez los más incomprensibles principios del mundo subatómico.

 

Benjamín Labatut

Hasta ahora Labatut, autor de otros dos libros, no había sido editado entre nosotros. Casi desconocido, la lectura de “Un verdor terrible” creció con el boca a boca y nos descubrió a un escritor atípico y apasionante.

Desde Chile, Labatut contestó las preguntas de NOTICIAS. Habló de las mentes brillantes que rescata en su novela, de mística y literatura y de su amor eterno por Buenos Aires.

 

Un verdor terrible

 

NOTICIAS: ¿Cómo nació la idea de "Un verdor terrible"? ¿Cuál fue la historia inicial?

Benjamín Labatut: Descubrí, y redacté, todas las historias en paralelo. El libro nació de una búsqueda de ideas, y esas ideas luego me llevaron a las historias.

“Azul de Prusia” traza la ruta de una molécula: el cianuro de hidrógeno. Leí que se había detectado en la costra que recubre el cometa Halley y que algunos lo consideran un precursor de los aminoácidos que componen nuestro ADN: siguiendo esa diminuta molécula, absolutamente mortal, encontré un hilo que unía la ciencia, el arte, la historia y la alquimia, y que culmina en las cámaras de gas del Holocausto. Con “La singularidad de Schwarzschild”, fue igual de azaroso: escuché una charla sobre la teoría de las cuerdas, y el presentador comentó, de pasada, que un soldado alemán, en el frente ruso de la I Guerra Mundial, había sido el primero en resolver las ecuaciones de la teoría de la relatividad general de Einstein, mientras su cuerpo era carcomido por una enfermedad necrotizante. Y que en esa solución había aparecido el primer agujero negro. “El corazón del corazón” es producto de una noticia que leí en una revista: un matemático japonés había publicado una prueba que nadie era capaz de comprender. Sus colegas no podían probarla ni refutarla. Hasta el día de hoy, todavía está en ese limbo. El texto final nació de la rivalidad entre dos gigantes: Erwin Schrödinger y Werner Heisenberg. Ellos crearon, con sólo seis meses de diferencia, dos versiones equivalentes pero contradictorias de la mecánica cuántica. Pero lo que me fascinó es que Heisenberg lo había hecho mientras caminaba en una isla desierta en altamar, con la cara deformada por un ataque de alergia, leyendo a Goethe; mientras que Schrödinger se pasó una semana encerrado con una amante en un resort de esquí, trabajando con los aros de perlas de ella metidos en los oídos. Las circunstancias en que nacieron ambas teorías, y la forma que tenían las ecuaciones –sensual la segunda, rígida y abstracta la primera- estaban completamente relacionadas: me parece que eso refleja la forma de la mente de sus creadores.

Erwin Schrodinger

NOTICIAS: ¿Qué le fascinó exactamente de estas historias?

Labatut: La mayor parte de lo que escribo proviene de una obsesión personal por comprender lo que yo llamaría: los fundamentos de nuestra visión de la realidad. Me fascina la gente que puede ver cosas que otros ni siquiera sospechan, o aquellos que son tan valientes como para cruzar los límites de la sabiduría aceptada, porque allí, más allá de los bordes de los mapas, es donde hay dragones.

Fritz Haber

NOTICIAS: Uno de los méritos del libro es cómo están explicadas esas teorías tan complejas. ¿Fue un punto en el que tuvo que trabajar mucho?

Labatut: Lo complejo no fue escribir, sino interesar al lector en cosas que son altamente abstractas. ¿Cómo se hace para transmitir la fascinación? ¿Cómo hacer para que tus obsesiones conecten con los demás? Para mí, la clave está en el misterio: no sólo hay que apuntar hacia la ciencia, sino hacia lo desconocido. Porque el misterio es más importante que la verdad. Y ante el misterio, estamos todos en condición de igualdad, desnudos y lanzados.

Werner Heinserberg

NOTICIAS: Estos científicos, en su lectura, como los místicos; tienen un atisbo del infinito y la inmortalidad. ¿Lo cree así?

Labatut: Como escribió Néstor Sánchez, la verdad y la locura son síntomas de la misma enfermedad. Y yo creo que esa enfermedad es nuestra búsqueda del infinito y de lo absoluto. Porque hay una realidad evidente, y es que todos vivimos una existencia dual: todo está polarizado, todo está escindido en dos. Y, sin embargo, añoramos otra cosa. Como somos limitados, nos seduce el infinito, como somos mortales, soñamos con la vida eterna. Eso está en la raíz de nuestros mayores logros y de nuestros peores pecados. El misticismo es muy mal visto en literatura. Y con mucha razón, porque si hay algo que los escritores y las escritoras odian es el chanterío de los gurús y la ingenuidad borrega de los creyentes. Pero yo me rehuso a dejar el terreno del espíritu sólo en manos de charlatanes. A mi modo de ver, tanto la ciencia como la literatura son juegos del espíritu.

NOTICIAS: ¿Cuál fue su científico favorito?

Labatut: Alexander Grothendieck. Fue un gigante, en todos los sentidos de la palabra. Un hombre que no cabía en este mundo, un matemático con ideas descomunales y un don que se encuentra en la raíz del aspecto luciferino de la ciencia y de la razón: la abstracción. La forma en que él veía las matemáticas me recuerda al anhelo de lo absoluto de esa santa maravillosa, Catalina de Siena, que se casó con Cristo en uno de sus raptos místicos y selló la alianza llevando el prepucio del Salvador como anillo de matrimonio. En el caso de Grothendieck, su sed de absoluto lo llevó más allá de la razón, hacia los territorios de la locura. Pero yo no creo que debamos descartar la locura tan abiertamente: para mí, lo importante no es si Alexander estaba loco o no, sino qué cosas podemos ver gracias a su delirio.

Alexandre Grothendiek

NOTICIAS: Usted vivió en Buenos Aires alguna vez. ¿Cuál es su vínculo con la ciudad?

Labatut: Yo me siento más cómodo en Buenos Aires que en cualquier otro lugar del mundo, aparte de Santiago. Me da vergüenza admitir lo mucho que quiero a los argentinos y a las argentinas. Son tan fallidos, tan brillantes, tan llenos de odio hacia sí mismos y hacia los demás. Y, sin embargo, me parecen una maravilla, y son de mis personas favoritas. Mis mejores amigos son argentinos y de tanto quererlos a ellos y a ellas, allá me siento como en un segundo hogar. Digo segundo, porque si fuera el primero, si realmente me asentara ahí a vivir, seguramente terminaría tan podrido del país como lo están ustedes.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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