Martes 6 de diciembre, 2022

ECONOMíA | 02-10-2022 00:02

Argentina y un mercado laboral con grieta

Mientras la tasa de desempleo sigue bajando, se va precarizando más el mercado laboral contra el empleo formal privado.

La única certeza que tiene la política económica es la de lidiar, con más intensidad que otras veces con una manta corta: si se reestablece un equilibrio, se genera otro que lleva a postergar sin plazo el camino virtuoso de volver a crecer. El éxito de la implementación del dólar soja (terminarían ingresando US$ 8.000 millones por ese concepto) no impidió la escasez de dólares. En un sugestivo tuit esta semana, el viceministro Gabriel Rubinstein manifestó el deseo de “volver a la macro de 2003-2005: superávit primario del 3% PIB” y agregaba como meta deseable un dólar único, inflación del 5% anual sin control de precios y US$ 40.000 millones de reservas netas. La utopía de volver al pasado.

Cifras. Sin embargo, en medio de estas preocupaciones hay un indicador que parece mejorar cada trimestre luego del pico de la pandemia: la tasa de desempleo “abierto”, que en la última medición de la encuesta permanente de hogares (EPH) mostró un 6,9%, 2,7% menos que en el segundo trimestre de 2021. Un éxito a primera vista pero que debería mirarse con más amplitud para entender las circunstancias del peculiar mercado de trabajo. La primera alerta surge en el Gran Buenos Aires: allí la tasa es superior a la media nacional (de 31 núcleos urbanos): 7,8%, la más alta del país.

Además, lo que el INDEC denomina “asalariados con descuento jubilatorio” (o sea, trabajadores formales) pasaron en ese mismo lapso del 20,6% de la población total a 20,4% (una leve baja de 0,2%) pero los “sin descuento jubilatorio” subieron de 9,5% al 12,4%, al tiempo que los cuentapropistas pasaban de 9,6% y 9,9%.

Nuria Susmel, economista jefe de FIEL, “el empleo total crece, los asalariados crecen, pero los trabajadores formales permanecen constantes. Eso dice que lo que crece son los asalariados informales. De hecho, lo que se ve es que la tasa de informalidad creció 2 puntos en el trimestre y más de 6 puntos en el año”, argumenta.

Por su parte, para Rafael Rofman, experto en políticas sociales y laborales, las tendencias en el mercado de trabajo a la salida de la pandemia parecen mostrar una importante recuperación, con tasas de actividad y empleo crecientes en todos los grupos de edad para ambos sexos. Sin embargo, sostiene que “es llamativo que esta mejora esté concentrada en empleos de menor calidad, (asalariados informales, de baja calificación), lo que implica menor productividad y más precariedad”.

Producir. No se puede escindir esta situación de la principal variable que hizo de termómetro desde lo peor de la pandemia: el nivel de actividad económica. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el INDEC, subió en julio 5,6% con respecto al mismo mes del año anterior pero no creció con respecto a junio pasado. Esto marca casi el fin de la recuperación rápida: durante 2021 las tasas interanuales oscilaron entre 10% y 11% pero bajaron a la mitad a partir de enero. Rofman considera que las tendencias en el mercado laboral son preocupantes, “porque la sociedad necesita aumentar la productividad de sus trabajadores para hacer más competitiva a la economía y mejorar la calidad de vida de la población y parecería que, al menos en el último año, nos hemos movido en la dirección opuesta”.

El director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, Agustín Salvia, explica que la economía se recuperó, pero el sector formal de la economía privada no lo hizo con creación de empleo a gran escala. “Ocurrió con actividades de mano de obra intensiva: construcción, gastronomía, textil; sobre todo hasta el primer semestre de este año, pero no hubo un salto cualitativo en empleo registrado”, advierte. Las Pymes (por lejos, las mayores empleadoras del país) demandaron más empleo, pero en formatos precarios: a tiempo parcial, en negro o temporal.

También observa un aumento del cuentapropismo, a veces en su concepto original y otras como relación laboral encubierta y los no registrados de ninguna manera, la EPH no registra como asalariados, sino como “no registrados” pero por el SIPA (del Ministerio de Trabajo) vemos que viene creciendo el cuentapropismo por monotributo en changas, vendedores ambulantes, vinculados con plataformas, etc.

La buena noticia que muestra el informe -marca- es no aumentó el desempleo (se mantuvo porque más gente que estaba en la inactividad, vuelve al mercado laboral. Pero las malas son que crece el empleo en cuenta propia y el asalariado no registrado; que no hay crecimiento del empleo privado formal y que no hay cambios cualitativos en el mercado de trabajo a pesar de que fue un trimestre -el segundo de 2022- de crecimiento económico. ¿Qué quedará para este semestre con estancamiento?”, interpela.

Perspectivas. La formalización del mercado laboral es una verdadera asignatura pendiente de la economía argentina del último cuarto de siglo, al menos. Salvia recuerda que esa variable es la que más se vincula con la pobreza y la convierte en estructural. Si bien la última medición del INDEC mostró una leve mejoría (36,5%) con respecto a la última medición de 2021 (37%). “A partir de 2009, la economía argentina cuando crece lleva a la baja del desempleo, pero no afecta el empleo formal. No se comporta como las economías desarrolladas. Y esto es casi sistemático, como quedó muy marcado con la recuperación del 2021 y lo que va de 2022”, comenta.

Justo este período coincide con alta inestabilidad. “La inflación dificulta el funcionamiento de la economía y hace complicado proyectarl. Por ejemplo, el índice de variación salarial muestra que, respecto al año anterior, el salario formal privado creció un 2% en términos reales mientras que el informal cayó casi un 4%”, sintetiza Susmel.

Romper ese círculo vicioso pasa por un aumento de la productividad laboral y la inversión, basada en dos cuestiones que van de la mano: bajar la incertidumbre y revisar las normas del régimen laboral.  Salvia apunta que la tasa de inversión es muy desigual en función del sector: en los más dinámicos fue significativa y lograron mantener el poder adquisitivo de los salarios. En el resto, donde más creció el empleo, no alcanzaron a la inflación. “Es una dualidad productiva: los dinámicos siguen invirtiendo y los vinculados el mercado interno, no o lo hacen a costa de bajar sus costos laborales”, concluye.

La salida parece estar, finalmente, en que las casi 600 mil micropymes se “animen” a incorporar personal (con una o dos personas cada una, se acabaría la desocupación abierta), alentados por un cambio en el tratamiento impositivo y la regulación correspondiente. Para ello se requiere una reconversión por medio de más crédito orientado, un horizonte más claro y un cambio en la legislación que Salvia considera que cualquiera sea el resultado electoral del año próximo, será inevitable que esté en la agenda. El 60% que no tiene “el privilegio” de ser formal (privado o público) depende de esos pasos.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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