Martes 4 de octubre, 2022

ECONOMíA | 11-09-2022 00:01

Dólar soja: devaluación light

La respuesta positiva de los exportadores a la medida del ministro Sergio Massa abre la puerta para ampliar el plazo inicial y agregar más productos.

Durante semanas los exministros Martín Guzmán y Silvina Batakis insistieron en el terraplanismo económico: el dólar no estaba retrasado y sólo había movimientos especulativos para forzar una devaluación. El mismo presidente del Banco Central Miguel Pesce también insistió y hasta quiso demostrar que no es lo que parecía. Sin embargo, su entidad continuó con el drenaje de reservas internacionales que ni siquiera el lanzamiento de la primera versión del “dólar soja” pudo sortear con éxito. La apuesta del equipo económico de relanzar un tipo de cambio diferencial y temporal para un solo segmento de la producción (soja y derivados) tendría que mostrar resultados: $5.000 millones en un mes. Pero también mantener el equilibrio entre no vaciar de liquidaciones los meses siguientes, atajar el “efecto demostración” con los demás productores y absorber la oleada de pesos que emitirá el BCRA como contraparte de la mega liquidación de los agrodólares.

Sergio lo hizo. En agosto, el ministro de Economía libró dos carreras contra el tiempo: la primera fue que tuviera luz verde al nombramiento de su actual vice, Gabriel Rubinstein que, bajo la apariencia de un entredicho por viejos tuits, era la instalación de un programa más ortodoxo que sus antecesores y también acelerar las decisiones antes que la sequía de divisas conspirara contra la reactivación económica que se venía observando desde al año pasado. El EMAE (estimador de la actividad y proyector del PBI que elabora el INDEC) creció 7,5% en el segundo trimestre de este año y si bien no hay datos de julio y agosto, el IERAL estima a través de su propio índice que en el tercer trimestre el crecimiento se desacelera hasta 2,6%. ¿Motivos? La retracción del consumo por efecto de la inflación y las restricciones a la importación que dificultaron y/o encarecieron el abastecimiento del sistema productivo local.

El cepo pasó de ser un instrumento puntual para convertirse el arma a disposición para frenar la erosión de reservas con el aumento del precio de la energía y el pico de demanda invernal. La necesidad de pisar el tipo de cambio “oficial” obedecía a dos factores: por un lado, utilizarlo como un “ancla” inflacionaria y, además, garantizar una baja erogación del principal rubro de importación: la energía. Durante 2021 el dólar creció a una tasa promedio de la inflación mensual y eso siguió hasta junio. Ya desde agosto, se aceleró y se vino ajustando a una tasa mensual del 8%, algo más que la inflación prevista: alrededor del 7% es el consenso de las estimaciones.

¿Y ahora? Para Massa, romper el cerrojo de la política cambiaria implica abrir una puerta detrás de la cual se enfrentará a renovadas presiones que vendrán de tres direcciones diferentes: ampliar la ventana de tiempo para poder seguir liquidando productos del complejo sojero a precio diferencial, agregar más productos a la canasta de suerte y aliviar el cepo dada la cantidad de dólares ingresantes. Para Dante Romano, gerente de Análisis de Mercados de FyO, la duda es si el ritmo de buenas ventas seguirá cuando los precios ofrecidos por los compradores vayan bajando. “El problema es que, al ofrecer tanta soja y subproductos en el mercado internacional, el valor de exportación argentina baja”, calcula. Para graficarlo, indica que se está concentrando en un mes toda la oferta del productor que podría hacerse de aquí a fin de año, con el lógico impacto para el mercado desde un formador de precios como Argentina.

La apuesta al futuro guarda, en cambio, algunas dudas. La consultora en agronegocios Paulina Lescano estima que más productos querrán ponerse bajo el nuevo paraguas cambiario sojero. “El maíz es el que más se vendió hasta el momento, pero en muchos casos no se toman decisiones de venta por no tener un destino para aplicar los pesos de la venta. Y en este caso, quien pueda elegir entre liquidar el maíz o la soja con esta condición, creo que no dudará e irá por la soja”, pronostica.

También observa que hay poco trigo disponible, por lo que proyecta que quien pueda optar, claramente preferirá vender soja bajo ese decreto.

Otro aspecto que destaca dentro de las distorsiones que genera esta medida en la cadena de comercialización y producción -además de la esperable retracción en la oferta de maíz, afectando especialmente a los consumos (tambos, industria avícola, ganadera, etc.), otro tanto pasaría con la soja en las zonas donde antes el productor vendía a igual precio (o similar) a los consumos y a las industrias de exportación. Además, advierte que al ser una medida temporal (a nivel macroeconómico, difícil de sostener), en muchos casos, el productor ya tomó decisiones de cultivos y superficie. “Quizás ahora sea más importante que lleguen las lluvias, para terminar de definir el área y tecnología a aplicar en cada cultivo” anticipa.

Pesos verdes. Finalmente, la otra amenaza ante un eventual éxito de este aliento para el exportador es el de inundar de pesos una plaza que huye de la moneda ante una inflación que ya está proyectada en el 100% anual. Para Camilo Tiscornia, socio de C&T Asesores Económicos, si se llegaran a comprar los US$5.000 millones comprometidos, implicaría una emisión de $1 billón en lugar de $700.000 millones al tipo de cambio “regular”. “Es decir, van a tener que emitir y absorber $300.000 millones más de lo que hubieran recibido si no existiera el nuevo precio establecido".

También cree que aparece el problema de liquidar de una vez en lugar de hacerlo a lo largo de más meses. “Hay algo más que un adelantamiento, es un tipo de cambio más alto, porque difícilmente se hubiera llegado este valor gradualmente. Y la lectura del decreto deja en claro que permiten esto con la soja porque no es un producto relevante en la canasta familiar y no generaría inflación. Es como consolidar la creencia en la maldición argentina, que exportamos lo que comemos. O sea, están tratando de devaluar para el sector que le da los dólares, pero no le causaría inflación”, se explaya.

El cálculo que realiza Tiscornia es que el perjuicio patrimonial que afronta el Banco Central de comprar a $200 los dólares que vende a $140, es compensado por el Tesoro con un bono en dólares con lo que, al final de la ronda, el Gobierno se terminará endeudando en dólares con el BCRA, para que le pueda pagar extra a los exportadores que, a su vez, tributan retenciones al Gobierno.

Mal de abundancia. La situación es diferente a la de junio, cuando ante la evaporación de las pocas reservas el mercado interno le dio la espalda a la renovación de deuda interna del Gobierno. Un límite que desencadenó la disyuntiva de un giro hacia la ortodoxia o hacia el abismo monetario. Ahora, lo que tendrá que amortiguar el Gobierno es una inflación persistente hasta el fin del mandato. Podrán no faltar dólares, pero sí sobrarán muchos pesos si el éxito de esta devaluación en cámara lenta acumula reservas (y deuda dolarizada). Un viejo y conocido dilema.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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