Monday 17 de June, 2024

ECONOMíA | 17-05-2024 08:56

Reaparición crediticia: inflación y tasas en baja

La desaceleración de los precios, la baja de tasas y el equilibrio fiscal generó un tímido resurgimiento de la demanda de crédito.

La desaceleración inflacionaria, tantas veces enunciada como una meta, es un hecho. Se convirtió en la condición necesaria, pero no suficiente, para que brotaran oportunidades tapadas con datos como el que mostró el último informe del IPC del INDEC. Mientras el Gobierno descorchaba por el dígito de inflación (8,8% en abril) la sensación de fuerte desaceleración se plasma en las continuas correcciones que la encuesta REM, que el Banco Central realiza entre las más reconocidas consultoras del mercado, ya rebajaron su pronóstico para este mes (7,5%) y para todo el año (161%), ya cargado con el 65% acumulado del primer cuatrimestre. Pero también una caída del PBI de 3,5% para 2024 contra el promedio de 2023, concentrado en el desierto del primer trimestre del año.

La caída. La inflación interanual de abril trepó al 290%, cargando con el lastre del trimestre diciembre-febrero. Pero Camilo Tiscornia, director de C&T, observa que la inflación respecto de la segunda semana de abril está en 4,6%, por lo que se proyectaría 5% mensual. Al mismo tiempo, el Tesoro dejó de ser una aspiradora del ahorro y las entidades bancarias tuvieron que desempolvar el manual de buenas prácticas crediticias. La combinación de tasas en baja y la perspectiva de una baja sostenida de la inflación, anima a sectores que están desfinanciados a demandar crédito. Para el economista del IERAL Jorge Day, si la economía se estabiliza en precios y el Gobierno logra un equilibrio fiscal sustentable, podría pensarse que habrá mayor oferta de créditos bancarios en el futuro. “Con menor inflación, los depósitos regresarían al sistema bancario (más para prestar) y el Gobierno utilizaría menos fondos de los bancos (más préstamos para el sector privado)”, subraya. Lógica elemental.

Los elegidos. Mirando la incidencia del crédito en la actividad de cada sector (medido como porcentaje del PBI sectorial), lo primero que se observa en el estudio del IERAL es una brusca caída de 2012 a 2023. Si el promedio de todos arrojaba entonces 14%, el año pasado terminó con la mitad. Pero la distribución no es igualitaria: unos sectores fueron más perjudicados que otros, con el agravante que la estructura empresaria de muchos de ellos los podrían excluir de otras fuentes de financiamiento. Los que serían demandantes naturales (que ya antes tenían una proporción mayor de crédito con relación a su producto) son el complejo agroindustrial (especialmente el agro de la Pampa Húmeda) que necesitarás más fondos sólo por mayor actividad con respecto al pésimo año climático de 2023; los servicios (para reequipamiento y capital de trabajo) y la industria. Pero en este caso, depende de la situación de cada segmento: en el caso de los que están sometidos a mayor competencia internacional por una leve apertura de importaciones, quizás no despeguen con tanta facilidad. También estará en función de la recuperación de la actividad económica que mostró en marzo sus peores registros: -9,7% para el nivel general según la estimación que realiza el estudio OJF & Asociados. Entre los sectores, las mayores caídas anuales de marzo se produjeron en la industria manufacturera (-12,8%), Comercio (-13,5%) y Construcción (-24,0%), mientras que los sectores que pudieron expandirse fueron Agricultura y ganadería (+10,5%), y Minas y canteras (+3,8%). Esta dualidad podría sugerir que marzo, efectivamente, fue el piso de la crisis del consumo interno. Para Day, la combinación de más disponibilidad de fondos, un horizonte de cuentas públicas saneadas e inflación en baja dará impulso adicional a estas tendencias que probablemente pueda traducirse en una lenta reaparición del crédito al consumo, ya sea a través de la extensión de plazos como del menor costo financiero total.

Casa propia. Otro segmento muy sensible a esta incipiente resurrección es el del mercado hipotecario. El economista Fernando Marull señala que, para dimensionar la virtual desaparición de dicho crédito, en la economía chilena el stock de deuda llegaba al 28,5% del PBI de 2023, mientras que en Argentina sólo pasaba para ese año el 0,2%: casi 100 veces menos. Este fracaso tiene razones fundadas que se encabeza, en primer lugar, por la altísima inflación, pero también por las regulaciones sobre actualización y nominalidad del crédito. La hipoteca en dólares (unidad en la que se comercializan, aún hoy, las propiedades) murió en 2002, con la pesificación asimétrica de los créditos. El nuevo impulso que se intentó dar en 2016 con la creación del sistema de actualización por UVA (Unidad de Valor Adquisitivo) fue abandonado a medida que la inflación se aceleraba y creaba un clima de incertidumbre. Sin embargo, los créditos otorgados (105.000 en total entre 2016 y 2019, según los bancos acreedores) tienen la menor tasa de morosidad del sistema. Este mes los bancos retomaron este formato, lo que produjo un aluvión de consultas, especialmente entre inquilinos y profesionales jóvenes, el target elegido para este tipo de préstamos. Es más, el Banco de la Nación incorporó un elemento novedoso que es un fondo compensador ante un eventual desfasaje entre la inflación futura y el índice salarial. Los principales bancos privados están ofreciendo estos créditos con plazos de hasta 30 años, con ajuste por CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia) o UVA, en algunos casos con posibilidad de precancelar anticipadamente, con una relación cuota/ingresos de entre 25% y 30% y

Las tasas de interés son variables, oscilando entre 4% y 8% en función de las características del ajuste y la condición del cliente. Un arma más en el arsenal de los marketineros bancarios para captar cuentas sueldo y engrosar su cartera.

A su vez, una mayor demanda de viviendas podría impactar en un primer momento en reestablecer el equilibrio en un mercado aplastado y con precios que son entre 20% y 30% más bajos que antes de la devaluación de 2018. Pero luego en un derrame hacia otro sector castigado, el de la construcción.

Toma nota. Para Alfredo Romano, director de Romano Group, además de la posibilidad de una vivienda propia que claramente entusiasma, la incertidumbre radica principalmente en si la dinámica alcista inflacionaria argentina quedó atrás o la desaceleración actual es un oasis en el desierto. “En base a ello, creemos que aún queda camino por andar en términos de inflación, aunque proyectado hacia un descenso sostenido del ritmo de precios”, explica. Basa esta duda en que todavía quedan precios relativos por corregir e incluso en que la gestión actual decidió el diferimiento de algunos (como el gas para este invierno) en un camino que debería ser a la baja. A su juicio, mientras el plan de “licuación” quede vigente, la tasa de inflación será la mayor entre las tres más importantes de la economía (tasa, inflación y devaluación mensual). El REM estima una inflación interanual para 2024 de 161,3% mientras que para 2025 de 48,9% y 2026 25,6%. “Por el momento, la baja de la tasa alta de inflación parecería estar incorporada en las expectativas, aunque no está claro el proceso de desinflación que nos lleve a niveles de un dígito anual en el corto plazo”, concluye.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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