Viernes 30 de septiembre, 2022

ECONOMíA | 04-04-2022 09:55

Relato y datos en la recuperación económica de Argentina

Pocos países del mundo experimentaron una caída tan pronunciada de la actividad y un rebote tan fuerte. La incidencia del empleo público.

En los últimos días, se dieron a conocer más cifras oficiales que continúan configurando el comienzo de este 2022. Por una parte, el intercambio comercial registró, para febrero, exportaciones por US$6.443 millones e importaciones por US$5.634 millones. De esta forma, llegamos a un superávit en la balanza comercial de US$809 millones.

Así, la variación interanual de las exportaciones está en un 35% (se explica en un 20,4% por variación de precios y un incremento de 12% en cantidades), siendo Combustibles y energía (+116,4%) y Productos primarios (+72%) los rubros con mayores incrementos anuales.

La variación interanual de importaciones estuvo en el orden del 51,7% (suba de 18,3% en los precios y de 27,6% en las cantidades), siendo Combustibles y lubricantes el rubro de importación que más aumentó desde febrero de 2021(+420,8%). Ya con las cifras de la actividad, en el cuarto trimestre de 2021, el PBI fue 8,6% más alto que hace un año, según el INDEC. Siendo las exportaciones (+23%, interanual) y la inversión (+13%, interanual), los componentes de la demanda con mayores incrementos.

En referencia al trimestre anterior, la serie desestacionalizada muestra un incremento del 1,5%, de lo cual se destaca el aumento del 3,5% en la inversión y la contracción del 1,2% en exportaciones. Por ende, el PBI 2021 cerró con una suba promedio anual del 10,3%. En otras palabras, un rápido rebote luego de la caída del 9,9% del 2020.

En lo que refiere al mercado laboral, en el cuarto trimestre de 2021, la tasa de empleo se posicionó en 43,6% del total de la población. Mientras que la tasa de desocupación estuvo en el 7% de la PEA (se habría registrado un descenso de 4 puntos porcentuales, respecto al mismo trimestre del año pasado).

Analizando el total de ocupados, la proporción de asalariados aumentó respecto al año anterior y se posicionó en el 73%. Por su parte, dentro de la balanza de pagos (durante el cuarto trimestre de 2021), la cuenta corriente alcanzó un superávit de US$373 millones, mientras que la cuenta financiera tuvo una salida neta de capitales por US$154 millones.

También, el stock de deuda externa bruta total a valor nominal alcanzó los US$266.740 millones (disminuyó un 1,7% anual y un 0,8% trimestral). Reducción que se explica por una disminución en la deuda de Sociedades no financieras, hogares e instituciones sin fines de lucro y también se registraron incrementos en los niveles de deuda del Gobierno general (que concentra el 60% de los pasivos), del BCRA, y de otras sociedades financieras.

Lo más relevante o descriptivo quizás hayan sido los datos definitivos sobre la evolución de la actividad económica durante el año pasado. La recuperación del PBI (respecto de la caída de 9,9% que había sufrido en el 2020) implica:

  1. en promedio, durante el 2021, la economía se encontró en un nivel inferior en  -0,6% al de 2019
  2. incluso, los datos particulares del último trimestre del año pasado muestran que la economía cerró el año a un nivel algo superior al del tercer trimestre del 2019

¿Qué significa esto? Esencialmente, que la recuperación de la actividad económica fue muy rápida luego de haberse hundido en la cuarentena del 2020. Y, por otra parte, solo pocos países del mundo experimentaron una caída tan pronunciada de la actividad.

¿Por qué o que explica esta dinámica? Primeramente, la inversión y el consumo público (el gasto sin transferencias al sector privado) se encuentran para el mismo período de comparación 16,5% y 8% por encima. Como segundo punto, el consumo privado y las exportaciones cerraron el año pasado un 3% por debajo de los valores del tercer trimestre del 2019.

En otras palabras, hay dos grupos de componentes de la demanda agregada con dinámicas opuestas (o al menos con velocidades de la recuperación diferentes).

La inversión no parece ser consistente con otras variables relacionadas con las perspectivas futuras (si bien a primera vista puede interpretarse de otra manera). El riesgo país se mantiene hace meses en valores altos, castigando el mercado de los bonos (similar al precio de las acciones medidas en dólares).

La inversión parece estar más influenciada por los controles y la distorsión cambiaria que por el optimismo. El mercado de cambios para atesoramiento limitado y las presiones devaluatorias que genera la brecha cambiaria, incentivan la dolarización por otros medios como la actividad de la construcción y la importación de bienes de capital como maquinarias y equipos de transporte.

Todos elementos que se contabilizan en el flujo de inversiones. El crecimiento del consumo público de un 8% es el reflejo del incremento del peso del Estado en la actividad económica. Esto podía deducirse con base en datos parciales y observaciones empíricas.

Más allá del fuerte crecimiento de las transferencias de ingresos mediante los programas transitorios (IFE y ATP y otros no tan transitorios tales como la Tarjeta Alimentar y el Potenciar Trabajo, entre otros), los valores negativos del consumo privado y de las exportaciones son el reflejo de la caída del poder adquisitivo, de los ingresos personales y laborales y los menores volúmenes de bienes y servicios vendidos al resto del mundo (que no se vislumbran tan claramente, en la balanza comercial, gracias a los precios internacionales).

Considerando las cifras de la evolución del PBI en los últimos años, se pueden entender entonces las tasas del mercado laboral (el desempleo bajó del 8,9% en el cuarto trimestre del 2019 al 7% en el cierre del año pasado). Esta disminución en la tasa de desocupación radica en una tasa de actividad o participación laboral que, si bien se ha recuperado fuerte desde el peor momento de la cuarentena, aún no se encuentra en valores como los de finales de 2019 (menos personas participando del mercado laboral que se podrían estar registrando como inactivos).

También es cierto que la tasa de empleo ha crecido desde el 43% de la población, en el cuarto trimestre de 2019, al 43,6% en el mismo período del 2021. Esto sería un dato incontrastable acerca de la mejora de la ocupación. Aunque, al analizar la composición de esta tasa, vemos que el impulsor del empleo ha sido el Estado y no el sector privado (la tasa de empleo privado pasó del 35,1% de la población al 35%, la de empleo público pasó del 7,4% al 7,9% de la población en el cuarto trimestre del 2021).

Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA

por Federico Pablo Vacalebre

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