Hay una frase que escucho cada vez más seguido en las empresas, y me parece el peor mensaje que puede dar un líder: "che, tenemos que estar atentos, todos somos reemplazables." Decís eso frente a tu equipo y lo único que lográs es sembrar miedo y caos. Y un equipo con miedo no rinde, se paraliza.
Yo lo pienso al revés. La inteligencia artificial no llegó para reemplazarnos, llegó para exigirnos más. Para que dejemos de conformarnos con hacer las cosas "como siempre" y empecemos a preguntarnos qué es lo que realmente aporta un humano ahí donde una máquina no puede.
Y la respuesta no es tan misteriosa: es cómo decimos las cosas, cómo escuchamos a nuestro equipo, los gestos chiquitos que tenemos con cada persona. Frente a tanto avance tecnológico, ese sigue siendo el terreno donde cualquier líder se pone fuerte. No hace falta imaginar cómo va a ser el liderazgo dentro de diez años si todavía no estamos liderando bien hoy.
Hay algo que me gusta preguntarles a los gerentes más escépticos, a los que dudan de invertir en habilidades humanas porque "eso no se mide": ¿cuál fue tu último momento de diversión o de recreación en el trabajo? Casi siempre pasa una de dos cosas: o no se acuerdan de ninguno, o el que mencionan tiene que ver con algo espontáneo que vivieron con otros miembros del equipo. Ahí está la respuesta. Las empresas son sus personas, no sus procesos.
Por eso también sostengo que no existe transformación digital sin transformación humana. Cerca de mi casa abrieron una sucursal bancaria 100% tecnológica, sin una sola persona atendiendo. No llegó al año. Se pueden automatizar procesos, pero los que acompañan el cambio, los que se adaptan cuando algo no funciona como estaba planeado, somos las personas. Una máquina se queda exactamente donde la dejaste, hace lo que configuraste que haga. Su capacidad de adaptación es nula.
Entonces, cuando pienso en liderazgo y en inteligencia artificial, no pienso en una carrera contra la máquina. Pienso en que la IA nos puso una vara nueva: si lo técnico y lo repetitivo se puede automatizar, lo que un líder tiene que ofrecer hoy es exactamente lo que no se automatiza. Escuchar de verdad. Adaptarse cuando el plan no funciona. Estar presente en los pequeños gestos que un algoritmo nunca va a poder replicar.
El liderazgo del futuro no se construye pensando en el futuro. Se construye hoy, con las personas que ya tenés en frente.
*Experto en transformación de equipos a través del juego, la experiencia y las habilidades humanas.
por Daniel Crespo














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