Lo interesante aparece cuando observamos qué sucede cuando ese talento se pone a trabajar en equipo.
El ciclo de Lionel Scaloni al frente de la Selección Argentina es un buen ejemplo. Más allá de los resultados deportivos, una de las claves de su trabajo fue transformar un grupo de grandes individualidades en un equipo capaz de sostener una idea, asumir distintos roles y trabajar con un objetivo común.
Messi siguió siendo determinante, pero la Selección dejó de depender exclusivamente de una figura. Cada jugador entendió su función, incluso cuando esa función cambiaba según el partido o la necesidad del equipo. Hubo confianza, comunicación, identidad y, sobre todo, una forma de trabajar que permitió que el talento individual potenciara al colectivo.

En las organizaciones sucede exactamente lo mismo.
Muchas veces, cuando algo no funciona, buscamos la respuesta en las personas: cambiar un responsable, contratar a alguien con más experiencia, sumar recursos o exigir un poco más de compromiso.
Pero no siempre falta talento. A veces falta gestión del talento.
Un profesional puede ser excelente y, sin embargo, rendir por debajo de su potencial si no tiene objetivos claros, responsabilidades definidas, información para trabajar o un equipo con el que pueda complementarse.
Lo veo especialmente en empresas que crecieron alrededor de sus dueños. Durante años, una persona puede ser capaz de resolverlo todo. Conoce a los clientes, controla los números, toma decisiones y sabe cómo funciona cada parte del negocio. El problema aparece cuando el crecimiento hace que ese modelo deje de ser sostenible.
Entonces no necesariamente hace falta “más gente”. Hace falta construir un sistema que permita que la gente que ya está —y la que se incorpore— pueda hacer bien su trabajo.
Las organizaciones que logran ordenar roles, procesos y formas de trabajo generan algo mucho más valioso que la dependencia de una persona: construyen capacidad colectiva.
El reciente anuncio de Messi sobre su retiro de la Selección vuelve a poner en evidencia la importancia de esa construcción. Más allá de una figura, de un nombre o de una etapa que termina, los equipos deben poder continuar. Y para eso necesitan una estructura que sostenga lo construido y permita que nuevos talentos encuentren su lugar.
Scaloni no creó talento de la nada. Lo que hizo fue generar las condiciones para que ese talento funcionara como equipo.
En una organización, gestionar el talento no significa solamente contratar buenos profesionales. Significa construir el contexto en el que puedan aportar, complementarse y crecer.
Porque los grandes resultados pueden depender de un momento. Pero los equipos que los sostienen en el tiempo necesitan algo más: una gestión capaz de convertir talento individual en capacidad colectiva.
Ma. Alexiana Orsingher
Co-fundadora de DOMINÓ GESTIÓN
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