Tuesday 1 de September, 2026

ESPACIO NO EDITORIAL | 31-07-2026 13:21

La IA hizo que las estafas fueran mejores. Nosotros también tenemos que mejorar

La inteligencia artificial está fortaleciendo tanto a quienes atacan como a quienes defienden. Pero existe una asimetría preocupante: mientras las grandes organizaciones cuentan con sistemas y equipos de seguridad, las personas y PyMES enfrentan estas amenazas con muchas menos defensas. Y los ataques son cada vez más convincentes.

Hoy una IA puede redactar un correo impecable, copiar el tono de un jefe o un cliente, personalizar un engaño con información pública e incluso clonar una voz. La ciberseguridad no puede pensarse sólo como un problema técnico. Es también un problema de criterio y de hábitos que nos afecta a todos.

Me gusta explicarlo con una analogía. Si una persona de Japón llega a la Argentina, probablemente le advirtamos cosas que para nosotros ya son reflejos: no dejar la billetera sobre la mesa de un restaurante, no exhibir efectivo, prestar atención al usar el celular en la calle. A ellos puede resultarles extrañísimo e incómodo al principio, porque no han necesitado desarrollar estos hábitos, pero en este contexto, son esenciales. En el mundo digital sucede lo mismo: el contexto cambió y necesitamos nuevos hábitos. 

Se estima que hasta el 95% de los incidentes de ciberseguridad tienen algún componente de error humano. Basta un clic, descargar un archivo malicioso o aprobar una transferencia bajo presión para atravesar defensas sofisticadas.

Nuevos hábitos implica -entre otros-, usar contraseñas difíciles y únicas con gestores de contraseñas (que hoy ya vienen incluidos con Apple o Google) y autenticación de dos factores, mantener los dispositivos actualizados, evitar hacer click en links recibidos por mensaje y verificar por otro canal cualquier pedido inusual de dinero o información sensible.

Pero también implica algo menos técnico: prestar atención. Muchas estafas están diseñadas para encontrarnos haciendo varias cosas a la vez, contestando mensajes mientras trabajamos, caminamos o resolvemos otra cosa. Y apelan deliberadamente a dos motores muy poderosos: el miedo y la codicia. “Tu cuenta será bloqueada”, “alguien está usando tu tarjeta”, “ganaste”, “tenés una oportunidad excepcional”. El objetivo es el mismo: que reaccionemos antes de pensar.

Por eso, uno de los reflejos de seguridad que necesitamos desarrollar es simple: cuanto más urgente, alarmante o tentador parece un mensaje, más razones tenemos para frenar y verificar.

En la era de la IA, la mejor defensa no es desconfiar de todo. Es combinar mejores herramientas con mejores hábitos, pensamiento crítico y atención.

Ingrid Toppelberg
Especialista en inteligencia artificial, transformación digital y ciberseguridad. Autora de “Líder IA: Como sobrevivir y prosperar en el futuro del trabajo”.

Instagram: @ingridtopp

Web: www.toppelia.com/enlaces

por CONTENTNOTICIAS

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