NOTICIAS URUGUAY | 12-02-2019 00:20

Generación hashtag: los millennials uruguayos

Están hiperconectados, viven mirando alguna pantalla y pendientes de las redes sociales. Desconfían de los políticos, son emprendedores y quieren cambiar el mundo desde su activismo con clics.

“Oh, leí tu ensayo, me pareció revelador. De hecho, lo tuiteé", dice Beck, una chica muy pendiente del celular, pero a la que le encanta la poesía e ir de tragos con sus amigas. Blythe, su interlocutora, unos años mayor, al parecer más madura y más experimentada en el mundo de la literatura, la mira con cierto desprecio y le contesta: "Redes sociales, el próximo gran genocidio". La escena pertenece al tercer capítulo de la serie You, original de Netflix, que cuenta la historia de un acosador, Joe, que persigue a una chica -Beck- siguiendo el rastro que ella va dejando en sus redes sociales. La serie es un cúmulo de guiños a los millennials estadounidenses y a los clichés de su generación (por eso quizás la miran tanto por estos días), pero es apenas una muestra no muy representativa de lo que estos muchachos piensan y sienten.  ¿Pero quiénes son y cómo piensan los millennials uruguayos? En diciembre, la Fundación Telefónica-Movistar presentó a la prensa un minucioso informe de 117 páginas, coordinado por el español Antoni Gutiérrez- Rubí (NOTICIAS estuvo presente en la oportunidad), que detalla sus aspiraciones, deseos, motivaciones y manías. Esta revista tomó ese trabajo como excusa para investigar un poco más acerca del 19% de la población  del país, una cohorte de jóvenes de entre 20 y 36 años -los mayores nacieron en 1982 y los menores en 1998- que ya miran con recelo a la generación 100% nativa digital: los centenialls o generación Z.

El informe de la Fundación Telefónica deja algunas cosas claras: son independientes y prefieren entornos laborales flexibles que les permitan aprovechar su tiempo libre, son emprendedores y no se achican a la hora de tomar riesgos, pero también frívolos y presos de las selfies buscando la aprobación ajena. Son comprometidos socialmente y encontraron en las redes otro escenario para las movilizaciones: marcar postura desde un hashtag y la comodidad de un sillón. No andan pensando en el techo propio ni en el último 0 km, prefieren pedir un Uber desde una app y vivir viajando a tener que pagar una hipoteca durante dos décadas.

Para el psicólogo Alejandro De Barbieri, muchos de los millennials padecen un "retraso psicoafectivo" porque su edad cronológica no acompaña la afectiva. Es así que un joven de 26 años todavía no tiene apuro por casarse y mucho menos tener hijos. Hay millennials que estiran lo más que pueden su adolescencia, claro, pero también los hay responsables, dinámicos y autónomos, y también son millennials "porque en definitiva, el término es un reduccionismo. No son todos iguales", dice De Barbieri. Esto es: no todos los escorpianos son sensuales ni las taurinas testarudas.

A De Barbieri, que da charlas a gerentes en empresas de gran porte, le suelen preguntar cómo deben hacer para mantener motivados a los millennials y retenerlos. "Yo les digo a los millennials que si siempre están buscando la motivación desde afuera es porque están deprimidos. Es el drama del millennial típico: esperan que los motiven siempre con un happy desayuno, con cerealitas, con una mesa de ping pong o una comida los viernes. Simon Sinek –escritor y motivador inglés- dice que si los dejás ir a trabajar en bermudas y pantuflas igual van a seguir sintiéndose infelices", dice el psicólogo uruguayo, que dice Sinek. "Por eso yo les digo a los millennials: no esperes que tu jefe te esté motivando siempre, motivate vos, tené tu autonomía, y a los jefes les digo que aprendan a liderar y a lidiar con ellos. La clave es entenderlos".

Para entenderlos, Leticia Píriz –licenciada en marketing- hace un par de años creó un personaje en Instagram de una mujer en sus treintas que no daba pie con bola en el amor, y contaba sus frustraciones amorosas como si hiciera catarsis. Su cuenta explotó y las reproducciones de sus cortos videos editados se sumaban por centenares cada día. Hoy, Píriz, de 35 años -una millennial "veterana"- no se siente para nada identificada con un jovencito de 21. Para poder sobrevivir en su trabajo al frente de una agencia de marketing de influenciadores (CVR Buzz Marketing) lo que hace es sumarse a la ola de cada nueva red social que irrumpa, aunque no sea pensada para una mujer adulta como ella. "Cuando los nativos digitales crezcan nos van a quitar el trabajo. Lo tengo asumido. Por eso elijo estar cerca de gente joven, mucho más joven que yo, es la forma de mantenerme actualizada y saber qué quieren", dice. Para eso, se sumó a la instantaneidad de Snapchat y ahora está con Tik Tok, "la" red social del momento para los jóvenes. Es más compleja de entender, precisamente, para que los adultos no ingresen y sea un reducto de los más chicos. Por eso mismo, Facebook -donde proliferan tíos, padres y abuelos- está sufriendo una sangría significativa de millennials.

Al entender qué les gusta, a qué aspiran y qué los mueve, Píriz puede elegir mejor a los influenciadores (influencers) de las marcas que su agencia asesora como McDonald´s, Adidas, L'Oréal o Farmashop. Algunos ni siquiera son influencers con miles de seguidores, tienen muchos menos pero son referentes para un nicho de mercado que confía en su recomendación. Por ello también Píriz se interesa en decodificar su obsesión por las pantallas.

Hiperconectados. Los millennials constituyen una generación que creció en el contacto con la tecnología, que valora la inmediatez, la velocidad, una generación con identidad propia dada por su manejo natural y cotidiano de Internet, las redes sociales y los dispositivos tecnológicos. Representan más de una cuarta parte de la población mundial y ya son el 30% de los latinoamericanos. Pero si bien son considerados naif o superfluos, también son influyentes en sus sociedades: la revista Forbes prevé que para 2025 representen el 75% de la fuerza laboral universal. Se van metiendo como cuña en el sector empresarial –donde imponen sus códigos propios- y hasta en el mundo político. Las empresas más reconocidas a nivel global están comandadas hoy por menores de 40 años.

Los millennials mayores conocieron los celulares analógicos y la muerte del cassette, pero llegaron a su adolescencia con Internet (aunque algunos recuerdan la ruidosa conexión al módem). Hoy viven su vida multipantalla: mientras miran una película en Netflix están pendientes del Whatsapp, revisando el correo, el último video subido a Youtube o el hábito de moda: revisar las actualizaciones de stories (historias) de Instagram, la red social de edición de fotos y videos que es furor por estos días.

Hoy ya hay más smartphones que personas en el mundo, y los millennials son la generación más fiel a ellos: el 97% tiene uno y el 68% lo considera el dispositivo fundamental para bucear en Internet, según el Ericsson Mobility Report de 2018. El celular es lo primero que ven al despertar y lo último antes de acostarse a dormir. Muchos de los millennials son adictos al celular. Tanto que hasta hay una palabra para eso: nomofobia del anglicismo "no mobile phone" y responde a esa angustia que los toma cuando el celular se queda sin batería y no tienen un cargador a mano.

Algo de eso le pasa a Marcelo Wilcorwsky, de 33 años, CEO de la app de tránsito Oincs y ahora al frente de su agencia de marketing digital Conecta361. "He tenido líos familiares por el uso del celular", dice Wilcorwsky. Está -como la enorme mayoría de los millennials- hiperconectado, pero en su caso es por motivos laborales. "Casi no posteo cosas privadas, no subo fotos con amigos o mi familia ni cuento cosas mías en las redes. Pero por trabajo, me cuesta desconectarme", dice.

No sólo en esto Marcelo se reconoce millennial. También se siente millennial en el desprendimiento de las cosas materiales, no le interesa acumular bienes. Y laboralmente, ha desechado oportunidades en el exterior, por apostar a emprender en su país, ser dueño de sus tiempos y hacer lo que le gusta. Porque los millennials están lejos de ser el oficinista de Benedetti y a la hora de buscar empleo –por Linkedin o Buscojobs, ya no por El Gallito Luis- priorizan la conciliación de la vida laboral y familiar (41%), el salario (33%) y las posibilidades de crecimiento y formación en la empresa (31%), según el estudio de Fundación Telefónica.

Rodrigo Lesuez, desarrollador de sistemas en Globant, de 21 años, reconoce que el salario no lidera su ránking de prioridades a la hora de buscar un empleo. Y también se siente millennial en la certidumbre de no buscar eternizarse en una misma empresa. "Busco no atarme a un lugar, a una empresa, pero tampoco es cambiar porque sí. Si aparece una mejor oportunidad laboral no tengo ningún reparo en tomarla y cambiar de trabajo. El dinero suma, pero prefiero poder compatibilizar mi trabajo con mi vida privada", dice el joven.

Por eso eligen entornos laborales donde no los obliguen a marcar tarjeta y estar 8 o 9 horas cumpliendo horario. Lo importante es tener el trabajo terminado en tiempo y forma, y los millennials se sienten a gusto con jefes horizontales, que les tengan fe y confíen en su productividad sin estar vigilando si llegaron en hora o no. El psicólogo De Barbieri dice que ayuda mucho que un jefe se siente a almorzar con su empleado millennial o incluso le comente fotos de sus vacaciones en Instagram, cuando antes un empleador nunca se sentaría a departir con un empleado suyo en horas de recreación. Y mucho menos le preguntaría por su vida.

Según el informe de Telefónica, que la empresa sea ética, demuestre conciencia social y una responsabilidad empresarial definida sumándose a buenas causas (por ejemplo, el cuidado del ambiente), son atributos que enamoran a los millennials, más comprometidos con la nueva agenda de derechos que la generación X que los precedió.

Coleccionan banderitas. "Los millenials van coleccionando banderitas", ilustró el español Antoni Gutiérrez- Rubí en la presentación de "Millennials en Uruguay. Valores, actitudes y comportamientos". Apoyan el feminismo, el aborto legal, la marihuana legal, el matrimonio igualitario, la ley trans, el no a la baja, y así. Los millennials se apropiaron de la agenda de reivindicaciones sociales y para todo ello, de nuevo, tienen a las redes sociales como principales aliadas. Firman una petición online (en Change.org), utilizan un hashtag, dan un like o retuitean, crean grupos, comparten un meme, cambian o intervienen la foto de perfil como alternativas para expresar su postura. Es lo que se conoce como clicktivismo o activismo desde clics.

Los jóvenes de entre 20 y 36 años, además, están hiperinformados y nueve de cada 10 leen noticias online, muchas veces en noticias de portales informativos a las que acceden desde redes sociales que las comparten. El periodista Gustavo Gallino, especialista en temas de tendencias y tecnología en Teledoce (y millennial de 30 años), afirma que esa hiperconexión nos interpela a todos, y más a los millennials. "Estar pendientes de tantas plataformas nos expone a manipulaciones y prácticas que no están buenas. Así nacen las "fake news". Para los millennials será todo un desafío, porque en esta generación están los mayores innovadores, los grandes emprendedores de hoy. Son los que se arriesgan, los aventureros o audaces. Tienen una gran responsabilidad: qué hacen con todo eso", dice.

Ante la infoxicación -exceso de información en múltiples plataformas entra en juego la posverdad que no invita a los lectores a contrastar la información que leyeron. Así y todo, el 91% de los encuestados por Telefónica dijeron que verifican una noticia antes de compartirla en redes y un 87% dijo que intenta leer otras fuentes para evitar posiciones sesgadas. Incluso, hábiles en Internet, han incrementado las compras online y con tarjeta de crédito. De eso puede dar fe, por ejemplo, Mercado Libre. El 80% de las ventas se hace desde un celular y el 50% directamente desde una app de Mercado Libre, dice Alex Bukstein, gerente comercial de la empresa en Uruguay. El porcentaje de millennials compradores era, a fines de 2018, del 30%, pero en 2017 era del 20%, por lo que advierten que es un segmento de compradores en franco crecimiento. Compran dispositivos electrónicos, celulares, cámaras, parlantes, ropa y hasta muebles para el hogar. "La meta de 2019 es poder brindarles la opción de que compren con tarjeta de débito", dice Bukstein.

Mercado Libre es, a las claras, una empresa millennial. En dos oficinas en Montevideo tienen 900 empleados, de los cuales 800 son millennials, dice la gerenta de Recursos Humanos, Soledad Delfante. "Es una empresa de tecnología, con un perfil joven, con una propuesta de valor ligada a cosas que esta generación valora como que es horizontal, entonces ellos piden un "feedback" que se les da, pueden ser ellos mismos y los apoyamos en el trabajo en equipo. Se sienten cómodos trabajando frente a una pantalla porque son mutipantalla, están en su salsa", dice Delfante. En la encuesta de clima laboral que Mercado Libre realiza anualmente concluyeron que el factor más destacado por los jóvenes empleados fue la capacidad de desarrollo profesional, en segundo lugar, el buen clima laboral, luego la flexibilidad y recién en cuarto lugar, compensaciones económicas y beneficios.

Rodrigo Lesuez, estudiante de Ingeniería de Sistemas en Universidad ORT, ya compró una computadora por Mercado Libre y dos celulares vía "e-commerce", traído directamente desde China (el 48% de los millennials uruguayos compra por Internet, según un estudio de KPMG). Por el celular también "stalkea" a influenciadores que respeta, y con una app mide las calorías para cuidar su salud. "Hoy para todo hay una aplicación. Todo se puede hacer desde un celular con Internet", dice. Y así es: se puede pedir comida, pedir un taxi, encargar un surtido del supermercado o de la farmacia (servicios disponibles ahora en PedidosYa), reservar butacas en el cine, chequear los horarios del bus, ver cómo va a estar el clima, el tránsito, el dólar o cuántas calorías tiene un alimento. Incluso, buscar encuentros casuales es más sencillo desde redes sociales de citas como Tinder o Happn.

Entonces, ¿cuándo se desconectan los millennials? Gallino dice que ese es el gran desafío: hacerse tiempo para dejar el celular a un lado. "Los millennials tienen (tenemos) nuestros propios problemas, y estamos enajenados por la tecnología. Pero los padres también están absorbidos por las pantallas, entonces ¿cómo les van a explicar a los de la generación que les sigue que no hagan eso? Un padre le dice a su hijo: 'No uses el celular en la mesa', pero el hijo lo va a mirar y le va a decir: 'Pero si vos lo estás usando, ¿por qué yo no?'"

"Tenemos herramientas tecnológicas buenísimas, que nos permiten ser más libres, pero el reto es entender cuáles son los límites", dice Gallino. Se refiere a ignorar la tecnología por un rato, para aprovechar otras cosas: el cara a cara. Aquello que popularizó un bar desde su pizarrón: "No tenemos wi-fi, hablen entre ustedes".

Frente a la adicción al celular se instala la nueva tendencia de "detox digital", es decir, establecer períodos "offline" para disminuir el apego a dispositivos electrónicos.

Dice De Barbieri: "El contacto con los seres más cercanos es el costo que pagan por su hiperconectividad. O la pérdida de vocabulario en su oralidad. Se dice que el día de mañana los robots nos van a reemplazar. Bueno, no te van a reemplazar si vos tenés creatividad, empatía, preocupación o sensibilidad".

Una experiencia vale más. La ansiedad de los millennials y sus ambiciones implican, como contrapartida, una gran frustración cuando sus metas no se cumplen. Buscan la gratificación instantánea -buscan ser vistos, persiguen el "like" o "me gusta" en las redes- y laboralmente, si no se sienten a gusto en su trabajo (o aún estándolo) no dudan en renunciar para ir a juntar kiwis a Nueva Zelanda. Al regreso, verán cómo consiguen un nuevo empleo. Incluso no hacen grandes erogaciones en bienes, porque creen -como el Indio Solari- que el lujo es vulgaridad.

La encuesta Global Shapers de 2016 afirmaba que los millennials se definen como "ciudadanos globales" que están con las valijas prontas para emigrar con tal de sumar nuevas experiencias. Esto mismo sirve para explicar por qué no valoran la estabilidad laboral tanto como las generaciones anteriores. "No voy a estar pagando durante 25 años una cuota por una casa, cuando no sé dónde estaré el año que viene", dice Rodrigo Lesuez.

Los millennials prefieren una costosa cena con amigos o un viaje al exterior con una novia a tener que ahorrar durante años para invertir el dinero en ladrillos. Rodrigo elige no faltar a ningún concierto de rock de sus bandas favoritas y comprarse una remera de cada toque al que asiste. Marcelo Wilcorwsky, en tanto, prioriza irse de vacaciones con amigos a Rocha, y emprender un negocio como Conecta361, donde su gratificación pasa por ayudar a pequeñas empresas a desarrollarse, y el 40% son millennials como él. "A las empresas que quieren seducir a los millennials les digo que pongan publicidad en las 'historias' de Instagram, con poco texto y mucho impacto audiovisual", aconseja.

Los milleninals uruguayos piden cancha, pero ya miran de reojo y con suspicacia a los centennials –nacidos después de 1994-, quienes ya representan un 25% de la población mundial y no conocen un tiempo sin dispositivos electrónicos ni celulares con Whatsapp. Nacieron con un presidente negro en Estados Unidos, normalizan una familia con dos padres o dos madres y no se imaginan otro mundo que no sea multicultural y donde reine la diversidad. Los chicos de la generación Z -ahora en la escuela o el liceo- aprendieron a gatear en crisis y dan por sentados los derechos de la agenda social que conquistaron sus mayores los millennials. Curiosamente -o no tanto- un 62% de los millennials les cuestionan a los zetas estar demasiado pendientes de la tecnología. Quién lo diría.

LOS 10 DESAFÍOS DEL FUTURO

La dependencia tecnológica. Tanto los millennials como los centennials están en permanente contacto con la tecnología. No se imaginan una vida sin Internet, sin celulares inteligentes, sin redes sociales. Se desesperan si no tienen carga en el celular y padecen trastornos de ansiedad. Las técnicas de desintoxicación digital serán claves para combatir esta dependencia, pero se precisan fórmulas más permanentes para lidiar con ello.

La socialización red. Internet es el gran escenario de socialización de esta generación. Sus territorios no son meramente geográficos y sus relaciones ya no son sólo físicas y presenciales. Pero hay un riesgo: la socialización en red puede afectar su inteligencia emocional y social, convertirlos en retraídos, reticentes al cara a cara.

La privacidad de los datos. Internet -sobre todos las redes sociales, y claro, Googlesaben quiénes somos, qué decimos, qué nos gusta y qué no, sabe dónde estamos y qué lugares frecuentamos. Las nuevas generaciones son conscientes de la enorme cantidad de datos privados que entregan. Falta pasar a la acción: ser mucho más cuidadosos con nuestra información personal.

La revolución educativa. El sistema educativo tradicional, tal como lo conocemos, está casi obsoleto. Los jóvenes desarrollan muchas de sus habilidades fuera del aula y por lo general son subestimadas por los mayores. El fenómeno multipantalla llegó para quedarse. El reto es apelar a métodos de enseñanza que atraigan a jóvenes sobreestimulados y que sean capaces de explotar sus aptitudes técnicas.

La precarización laboral. Si no están conformes con sus empleos, no tienen problema en cambiarlo. Si tienen una idea, emprenden. Pero su ambición puede traicionarlos: el freelancing, el teletrabajo y el emprendedurismo no siempre salen bien. Pueden pasar a vivir para trabajar y no al revés, y la economía de plataforma está creando puestos de trabajo precarios e inestables. El desafío es evitar convertirse en empleadores y empleados precarizados.

La automatización. Hay informes que prevén que en los años venideros se eliminará una gran cantidad de empleos como consecuencia de la robotización. Otros más optimistas creen que se crearán nuevos perfiles y empleos. En ambos escenarios los jóvenes deberán adquirir nuevos conocimientos y desarrollar habilidades que hoy no tienen.

La desinformación. En tiempos de infoxicación y posverdad, los millennials enfrentan una enorme cantidad de información falsa "fake news", malintencionada y sesgada. Si no mantienen una actitud crítica y analítica, serán víctimas de esa manipulación. Deben estar mejor informados para tomar mejores decisiones.

La sostenibilidad. Crecieron bajo el contexto de tsunamis, huracanes, olas de calor y de frío, por lo que el cambio climático no es algo que les resulte ajeno. Son más conscientes de este riesgo que las generaciones anteriores y su compromiso es sincero. La clave es que sepan vigilar y exigir el cumplimiento del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS).

La toma de decisiones. Los millennials y los zetas desconfían de los partidos políticos y de los políticos, no se sienten cómodos en estructuras jerárquicas y no están dispuestos a hacer carreras políticas. Se comprometen con otras causas sociales para desarrollar su activismo. Quieren cambiar el mundo, pero no involucrándose desde dentro, sino como un grupo de presión que enarbola banderas. El próximo paso debería ser liderar la regeneración democrática y protagonizar la nueva política.

El pacto intergeneracional. Los zetas o centennials no deben competir con los millennials a ver quiénes están mejor preparados para entender el futuro. Y para los empresarios: no se puede atender a quienes no comprendemos. Entenderlos es clave para prestar servicios y ofrecer soluciones. Si vas a trabajar con millennials o zetas, tu mirada como empresario debe ser respetuosa y empática, desde la horizontalidad.

Ficha técnica

El estudio "Millennials en Uruguay. Valores, actitudes y comportamientos" de Fundación Telefónica-Movistar estuvo a cargo del español Antoni Gutiérrez-Ruiz, con Santiago Castelo en la coordinación de la investigación. Fundación Telefónica se define como "el lado social de la transformación digital y quien canaliza la acción de RSE (responsabilidad social empresarial) de Movistar". Fue una investigación basada en métodos cuantitativos y cualitativos, con una lectura analítica de diversas fuentes secundarias. Todo comenzó con una encuesta online lanzada en junio de 2018, que contenía un cuestionario de 42 preguntas divididas en seis bloques temáticos: características sociodemográficas, usos de la tecnología, educación, trabajo, activismo y participación, y estilos de vida. La encuesta se difundió por email y redes sociales y contó con una pequeña inversión publicitaria en Facebook. Para aumentar el interés de los millennials, se sorteó un teléfono celular. En dos semanas contestaron 2.301 personas de entre 20 y 36 años (54,4% de Montevideo, 16,2% de Canelones, 7,1% de Maldonado; 66% de los que respondieron fueron mujeres y 34% varones).

Millenials YO YO YO

Se les llama millennials a los jóvenes nacidos en las décadas del 80 y el 90, cuando las tecnologías digitales comenzaban a ser parte de nuestro diario vivir. Primero se identificó a la Generación Silenciosa (1920-40), posiblemente la generación viva que ha sufrido más por la Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial; luego llegaron los Baby Boomers (1945-64), llamados así por el fenómeno de alta fecundidad tras el triunfo de los aliados sobre el nazismo, y luego se popularizó la Generación X, nacidos entre 1965 y 1981. La generación de los millennials -nacidos entre 1982 y 98- "creció en contacto con la tecnología y configura un modelo cultural relacionado con la instantaneidad, la velocidad, una noción de tiempo y espacio que configura otra manera de pensar, de hacer, de dar sentido al mundo", dice el informe de Telefónica. Los demógrafos Neil Howe y William Strauss acuñaron el término millennial en su libro Millennials Rising: The Next Great Generation (El crecimiento de los Millennials: la próxima gran generación) del año 2000. Sin embargo, fue en 2013 cuando el término cobró notoriedad cuando la revista Time anunció en su portada el artículo "Millennial: The Me Me Me generation" (Millenials: la Generación Yo Yo Yo).

por César Bianchi

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