SOCIEDAD | 31-05-2019 10:54

La reinvención de Jimena Barón: feminismo tinellizado

Con su exitoso tema "La Cobra" buscó mostrar una mujer empoderada, pero recibió críticas.

"Soy la cobra que se cobra todo lo que hiciste, bebé. Pensabas que era gratis lastimar”. El pegadizo estribillo se reitera una y otra vez. Jimena Barón suelta frase tras frase de su éxito que, además de ser un fenómeno viral, es prácticamente una declaración de principios.

Si La tonta, su primer sencillo, era un recorrido por su fallida experiencia amorosa con Daniel Osvaldo y las traumáticas experiencias que le tocó vivir, La Cobra cuenta la historia del después. Un camino de reconstrucción, el mismo que ella atravesó para llegar hasta donde está hoy. La misma Jimena Barón que fue niña prodigio de la TV nacional en los '90, llega a esta nueva etapa de su vida convertida en una ídola pop, con letras provocadoras que giran sobre un tema tan actual como es el rol de la mujer en la sociedad actual. J Mena (tal es su nombre de cantante) pretende ser una de las voces del empoderamiento de la mujer, aunque le llueven las críticas.

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Más de 9 millones de reproducciones de su video en YouTube y ser el tema argentino al tope de los más escuchados en Spotify explican hasta qué punto el público simpatiza con este producto. Sin embargo, mientras Barón se erige como una referente feminista para algunas, sigue siendo mirada de costado por otras mujeres que entienden que su arte no ayuda, sino que por el contrario reitera los mecanismos que se buscan dejar atrás. Le reprochan una especie de “sororidad light” y un culto desmedido al cuerpo que incluso comparan con “esclavitud”. En tiempos en que el rol de la mujer es uno de los temas más debatidos, ella es una referente que divide aguas al interior del movimiento.

Desatada. A los 11 años, Barón ya contaba con un Martín Fierro en su haber y se le vislumbraba una fructífera carrera en la ficciones nacionales. Sin embargo, y aunque nunca dejó de actuar o participar en series y telenovelas, se reinventó como cantante y principalmente como influencer. Desde su cuenta de Instagram que, en la actualidad, cuenta con más de 5,7 millones de seguidores se convirtió en una celebrity. La exposición de su intimidad sumada a las sugestivas fotos que publicaba la catapultaron al estrellato. Pero a la par de que su popularidad crecía, el tenor de sus publicaciones y la constante exhibición de su trabajado cuerpo hizo que las críticas no tardaran en llegar.

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A mediados del año pasado, el blog feminista “Mujeres que no fueron tapa” le dedicó una carta abierta en la que básicamente le reprochan todas sus actitudes. “Cada vez que vos expones tu cuerpo como una cosa, a la opinión y el comentario, contribuis a la construcción de la cosificación de las mujeres. Porque cada vez que vos 'ejercés la libertad de hacer con tu cuerpo lo que querés' estás siendo herramienta de disciplinamiento de los nuestros, vos recibís dinero, reconocimiento, beneficios, nosotras solo los perjuicios”, fundamentaba el texto los motivos por los cuales creía que el empoderamiento de Barón no era tal sino que, por el contrario, era “contraprudecente” para el feminismo.

Desde su cuenta de Instagram, Barón respondió. No sólo volvió a destacar que su cuerpo era fruto del esfuerzo, sino que además reiteró un concepto que es casi su mantra: “Mujeres reales somos todas. Cada una con su libertad de hacer lo que se le cante con su cuerpo y a no mirar tanto a la de al lado”. Pero la grieta ya estaba planteada. Justamente en el año en el que se convirtió en una de las principales figuras del “Bailando”, le reprocharon su presencia en la pista que muchas veces fue sindicada como elemento cosificador y misógino. Lejos de replegarse, Barón contratacó y afirmó que quienes sostenían eso debían googlear qué era feminismo y qué era sororidad.

De todos modos su feminismo tinellizado siguió bajo tela de juicio. Más aún cuando la propia Jimena bailó una coreografía titulada “Mujeres” como uno de sus últimas coreografías del certamen. La performance que estaba vinculada a la lucha por la igualdad de género emocionó a los presentes en el estudio, pero en las redes sociales otros tantos la tildaron de oportunista.

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Se le achacó un feminismo que no venía a cambiar nada, sino que situaba a la mujer en el mismo rol de siempre y apelando a la necesidad de exhibir el cuerpo como mecanismo para sobresalir.

La periodista Julia Mengolini, otra reconocida activista por los derechos de la mujer, también tuvo palabras peyorativas para con la actitud de Barón. “Todo bien con tener un lomazo y postear tres fotos de tu culo por día. Cada una sobrelleva el patriarcado como puede. Ahora bien: no me vengan con que eso es empoderamiento. Yo lo veo más parecido a una suerte de esclavitud”, disparó. Desde la trinchera virtual de las redes sociales la cantante volvió a responder apelando a su filosofía de que cada quien haga lo que le dé la gana y le dejó un recado a Mengolini: “Interesante feminismo selectivo”, afirmó. En estas respuestas, Barón además hizo gala de un lenguaje directo y despojado, el mismo que emplea en sus letras y que resulta muy atractivo para sus seguidores.

De tonta a cobra. Pero el proceso que llevó a Barón a convertirse en la portavoz del feminismo tinellizado, ese que genera cismas al interior del propio movimiento, no ocurrió de un día para el otro. El punto de quiebre fue su relación con el entonces futbolista y hoy rockero Daniel Osvaldo. La relación que acabó de la peor manera y que a pesar del hijo en común nunca pudo ser recompuesta, la llevó por un camino de redescubrimiento personal. No sólo su carrera profesional viró hacia la música y apostó aún más por mostrarse como un ícono de la sensualidad con sus fotos, sino que también realizó un cambio interno que ella misma reconoció. Tras esa relación “tóxica” abrazó un cambio ideológico que la llevó a ver las cosas con otro prisma.

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De paseo en Nueva Zelanda, y próxima a irse a Indonesia, Barón goza a la distancia su éxito musical. Dejó de ser “La tonta” de su primera canción para volverse ahora una “cobra”. Una mujer con otra actitud. En el camino se convirtió, para algunos, en una referente del empoderamiento de la mujer, aunque para otros sólo se trate de un tibio intento marketinero que no hace más que reforzar los esquemas de pensamiento tradicionales. Un feminismo tinellizado que no deja indiferente a nadie.

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