Lunes 26 de julio, 2021

SOCIEDAD | 03-10-2020 22:15

Chicos sin escuela: las historias de los que quedaron al margen del sistema

6500 estudiantes perdieron contacto con sus colegios. El debate por la vuelta a las aulas al aire libre.

Liidia Ávalos hace turnos de hasta doce horas como enfermera y, en sus pocos ratos libres, intenta que su hija de 6 años (V. C.) logre avances en sus primeros pasos de escolarización. Ahora, cuenta con orgullo, sabe escribir su nombre pero la motricidad es lo que más le cuesta.

“Se plantó en la A, no arrancó, no puede. Creo que van a dar un zoom en la escuela a la mañana, pero mi hijo más grande cursa en la facultad y yo estoy trabajando, entonces no va a poder hacerlo”, dice a NOTICIAS.
Este contexto llevó a que su hija estuviera dentro de la famosa cifra de 6.500 chicos que perdieron todo o casi todo el contacto con sus docentes en lo que va del año.

Durante estos meses, las escuelas empezaron a reportar al Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires casos de estudiantes con los que prácticamente no tenían conexión, para buscar la forma de revincularlos.

En las últimas semanas, se planteó una opción que generó un gran debate: que esos chicos vuelvan a cierta presencialidad a través de aulas montadas en espacios al aire libre. Pero la idea no fue aprobada por el ministerio de Educación de Nación.

Desconectados

Una promotora social toca siete timbres de una vivienda multifamiliar para intentar ubicar al padre de una niña. Su escuela avisó que no saben nada de ella y parece que el programa gubernamental porteño que se armó para ir a buscar a estos chicos tampoco va a conseguir respuesta.

Desde una ventana una vecina avisa que la menor está pero que el papá trabaja todo el día fuera de la casa, así que no va a poder atenderlos. Para los profesionales que fueron a localizarla eso da un indicio de por qué quedó fuera del sistema escolar. Dejan un papel con números de teléfono para que la familia intente comunicarse y siguen el recorrido.

La escena se repite en varios de los hogares visitados y hace que la situación de Lidia, enfermera en medio de una pandemia y madre sola de tres hijos, parezca mucho mejor.

“Discúlpeme, pero si ella llega a pasar a segundo es por el hermano que está en la universidad y yo como mamá”, enfatiza Lidia. Tiene razón: desde marzo, todo lo que hace es sortear obstáculos.

Asegura que cuando se dictó la cuarentena nadie en la escuela le explicó cómo iba a desarrollarse el ciclo lectivo. En un momento intentó ayudar a su hija a entrar a la plataforma que se habilitó por la pandemia, pero no pudo entenderla. Tampoco cuenta con la cantidad de dispositivos necesarios: además de V. C., tiene un hijo de 4 años en jardín y uno en la universidad, pero solo tienen una computadora y un celular para todos. Como si fuera poco, tuvo que aislarse dos veces, una por ser contacto estrecho y otra porque dio positivo de coronavirus.

Con ese panorama, decidió que su hija hiciera actividades correspondientes a su edad, pero no las envió a los docentes. “Mi hijo más grande ayer recopiló todo, en la semana va a mandar lo que hizo V.”, promete.

Como ellos, en muchos casos termina sucediendo que los hermanos mayores se ocupan de la situación. Francisco Villar tiene 18 años y vive con su hermano de 15 y su hermana de 4. Su mamá es la jefa del hogar y es empleada de limpieza en un hotel, así que no puede trabajar desde marzo. Le buscó la vuelta a la crisis y está armando un emprendimiento de repostería (@dulces.adeline). Por ese motivo, mientras compra cosas para ultimar detalles del proyecto, Francisco atiende al equipo de Educación que llegó a su casa para saber por qué su hermano menor no tiene demasiado contacto con el colegio.

“De las 11 materias que tiene tendrá un zoom cada 15 días y algún contacto semanal por mail. No sé si está haciendo las tareas, si no las hace es porque él no las quiere hacer”, explica. Después de unos segundos reflexiona y agrega: “Pero también yo estoy en la facultad y mi hermanita a veces tiene zoom en el jardín, entonces hay que turnarnos entre todos”. Tienen una sola computadora e intentaron pedir otra a través del Plan Sarmiento pero nunca procesaron su solicitud.

La falta de dispositivos con conectividad es reiterativa. Lorenza Bordón, madre de B. E. y M. E. se sorprende con la llegada del Ministerio de Educación y dice que sus hijos sí tienen contacto con su escuela. El más grande, que está en tercer año, manda tareas y el más chico, de primer grado, tiene algunas clases virtuales. Eso sí, les cuesta organizarse: tuvieron que arreglar una computadora del 2008 cuando empezó la cuarentena y la comparten, o el menor se conecta desde el celular de su mamá.

“Quizás la percepción de las familias es distinta a la de las escuelas. Por eso venimos acá a rechequear. Después igualmente hay que volver a hacer el cruce con la escuela y tener un seguimiento. Puede suceder que lo que la escuela refiere como poco o nulo, para la familia es suficiente o sistemático. Estos que estamos contactando ahora son lo que teníamos como alerta”, explica Sofía Torres Zavaleta, gerente operativa de Equipos de Apoyo del Ministerio de Educación.

A la deriva

De los 6.500 estudiantes, la mayoría están en su primer año, en ambos niveles obligatorios. En primaria el 35 por ciento de los que quedaron alejados de la escuela está en primer grado y, en secundaria, el 17 por ciento está en primer año. La variedad de casos que hay es infinita, pero muchos son particularmente difíciles.

María Lucía Feced, subsecretaria de Coordinación Pedagógica y Calidad Educativa, explica a NOTICIAS: “En general son multicausales, hay una serie de situaciones que pueden ser de la familia, de los propios chicos y chicas y también de cosas que la escuela en la presencialidad lograba compensar y que, en esta situación, es difícil hacer”.

En ese sentido, al acercarse a cada casa el panorama puede complejizarse y muchas veces la intervención estatal excede a Educación: tienen que involucrarse organismos como el Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, el Ministerio de Desarrollo Social o el de Hábitat.

En una vecindad en el barrio San Cristóbal, el equipo que recorre la zona para contactar familias insiste tocando la puerta. Cuando están a punto de irse, una mujer que vive allí les abre y les pregunta qué necesitan. Le dicen el nombre, la edad y la escuela a la que va un niño que tienen que encontrar y la vecina -que además es docente- se queda pensando. “Vivía en uno de los departamentos pero era tomado y los desalojaron. La mamá está presa así que se quedaba con su abuela. Siempre estaba muy solo y yo escuchaba que lo maltrataban, pero desde que los sacaron no los vi más”, explica.

Los promotores se miran y saben que el caso escaló. La prioridad ya no es que vuelva a contactarse con la escuela, sino saber dónde y en qué estado está.

Esta multiplicidad de factores se extiende. Una mujer que habló con el programa “Decí Presente” -el que se está encargando de localizar a los 6.500 estudiantes- lo ejemplifica a la perfección. Madre de ocho hijos, decidió suspender la escolarización este año. Si ayuda a uno, tiene que hacerlo con todos y le resulta inviable. Por otro lado, además de sostener el hogar, tiene que encargarse de todas las tareas de la casa.

Al igual que ella, y que varias de las madres que conversaron con NOTICIAS, Unicef reveló que en casi siete de cada diez hogares son las madres las que apoyan a sus hijos e hijas para realizar los deberes.  

Presencialidad

No todas las familias coinciden en cuál es la mejor solución. Francisco Villar y su hermano debatieron el tema y piensan lo mismo: “Nos parece muy apresurado, no estamos de acuerdo con la idea de ir a un parque. Lo de volver a un aula, con todos los protocolos y menos cantidad de estudiantes, lo vemos más viable”.

Lorenza y Lidia, en cambio, quisieran que sus hijos vuelvan. “No porque yo no los quiera tener acá -bromea la enfermera- pero ellos necesitan. Antes se levantaban a las 6 de la mañana, sabían que íbamos al jardín, veían a sus amigos. Es una jornada, hoy no la tienen. Es muy difícil a esta altura, debe haber miles de mamás que no la están pasando bien y los chicos necesitan salir”.

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Delfina Tremouilleres

Delfina Tremouilleres

Periodista de Información General.

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