Martes 28 de septiembre, 2021

SOCIEDAD | 10-09-2021 15:00

Darío Barassi, la fórmula del actor consagrado como conductor

Está al frente de "100 argentinos dicen" y es la gran apuesta de Elterece. La clave de su éxito.

El rumor es cada vez más fuerte en los pasillos del canal. El show que conduce Dario Barassi, “100 Argentinos dicen”, podría moverse del horario de las 14.30 al de las 18.30, justo antes del noticiero central. La razón es la usual: el rating. La última semana de agosto, el formato de preguntas y respuestas superó por más de 4 puntos a “Cortá por Lozano”, su competencia en Telefe. Y batió su propio récord con 10.6 de rating, lo que lo convierte en uno de los grandes bastiones del canal (en detrimento de ShowMatch, que va en caída). El canal de las pelotas, que viene posicionándose rey del rating sobre todo en prime time, no logra ganar la batalla contra la fórmula Barassi. Ni siquiera en el horario de la siesta.

Multifacético. El conductor del momento es abogado recibido con honores en la UBA. Mientras ejercía la profesión se formó en teatro y trabajó como notero en “AM, antes del mediodía”. Su protagónico en “Chicos católicos, apostólicos y romanos” lo hizo ganar una beca de canto que lo llevó a Nueva York. Fue entre la ciudad de los rascacielos que decidió no perder más tiempo y dedicarse al espectáculo, full time y para siempre. “Pretendo laburar de esto hasta que me muera”, asegura sin dudar a NOTICIAS. Humorista, presentador, actor en grandes obras teatrales y ficciones de TV, hasta el año pasado el rol de conductor era terreno virgen para él. “100 Argentinos dicen” cimentó su éxito y le brindó un salto definitivo a la fama.

“El programa ya cumplió un año al aire pero desde hace dos meses el cambio fue radical: en la calle, en los números, en los laburos paralelos y en el ámbito privado. Es la primera vez que la exposición y el éxito, en términos laborales, me atraviesan a este nivel”, reconoce Barassi. Su popularidad lo obligó a reconfigurar ciertas rutinas en su vida, y el momento lo encontró en pleno desarrollo de su paternidad: “El mayor éxito que tengo en mi vida (a veces soy como un libro de cursilerías, pido disculpas) son mi gorda y mi mujer. La nena está medio sorprendida, me pregunta por qué me piden o sacan fotos, y dice que quiere trabajar en la tele. Está como fascinada”, cuenta. Y asegura que a pesar de ser “estructurado, un poco tradicional y medio conserva”, a “la enana le brindo todas las posibilidades del mundo”. 

Su hija, asegura, es un punto de equilibrio en un momento complejo y de alta exposición mediática: “El mes que mi carrera empezó a avanzar me di cuenta que era fundamental entender que había que separar a Barassi de Darío. No podía ser Barassi las 24 horas al día; necesitaba, cuando llegaba a mi casa, poder sacarme un poco ese mote. Por eso soy tan de ponderar a mi mujer, mi hija, mis amigos, mi familia. Porque yo amo mi trabajo, lo disfruto un montón, soy un conquistador, me gusta el éxito, soy muy vocacional… Pero amo llegar a mi casa y que mi mujer me cuente problemas que no tengan que ver con el ambiente. Amo eso, encuentro un equilibrio que me funciona muy bien. Además yo estaba muy acostumbrado a lo binario: yo, mi mujer y no mucho más. Emilia vino a alterar un poco el escenario, es muy protagonista de todas las charlas y decisiones, eso me pone bastante en eje, me pone muy bien”. 

Lo cierto es que Barassi ya se constituye como el conductor estrella de Eltrece, frente a la sistemática baja que presenta Marcelo Tinelli en el horario estelar. Y vive ese momento “con mucho placer y plenitud, porque es un gran logro para cualquier ser humano poder decir: ‘Estoy donde quiero, como quiero’. No es gratuito, no es fácil llegar a ese lugar, menos mantenerlo. Pero estoy muy conforme con la vida que tengo ahora. Siento que sumé: nuevos contactos, amigos, pero no en detrimento del Darío de antes”, explica.

En clave de humor. Su toque personal es destacado por la crítica y varios productores que le siguen el paso. En “100 argentinos dicen” “El gordito”, como a veces se nombra en tercera persona, se ríe de sí mismo y también de los demás; bromea con su papá muerto y no duda en decirle a un participante que es burro, feo o incluso que tiene cara de asesino. Usa la incorrección política con desparpajo y a veces va más allá. Entre los participantes asoman la sorpresa, algunos rastros de incomodidad y, eventualmente, risas. Al final, como para aflojar la tensión, siempre hay risas.

“Cada programa lo vivo como una experiencia bastante teatral, la verdad es que vocacionalmente el actor me tira mucho más. Soy teatral para todo en la vida”, se define Barassi. Su éxito, cree, puede ser comprendido a raíz de varios factores, entre ellos el formato, la productora (Boxfish), la novedad de sí mismo como conductor y la creciente demanda de distensión y entretenimiento para paliar la pandemia de Coronavirus. “Siento que este es el Barassi más cercano al gordo, o a Darío, que tuve hasta ahora. Hay mucho de lo que es mi historia personal, pero no deja de ser un personaje”, aclara. Y cuenta que el material para sus bromas o performances lo consigue de todos lados: reuniones familiares, personas que recién conoce, actitudes y diálogos que escucha al pasar. “Soy de los que piensa que hay espacio para todo, por eso el tamaño que tengo (risas). Soy abogado pero estudié teatro, e hice cursos de otras cosas… y me gusta. Hay algo de eso que me define, algo de ese bagaje que al menos en mí, es un diferencial”, revela. Respecto del programa, recuerda que “las dos primeras semanas era todo muy autorreferencial, como que hacía ‘el show de Barassi’ todo el tiempo. Me di cuenta de que eso se iba a agotar en un muy corto plazo, entonces fue entender el juego y el funcionamiento del programa: confiar en cada familia que viene porque cada una me aporta algo, y también en todo el recurso que hay al servicio: camarógrafos, técnicos, productores. Cada uno de ellos tiene algo para aportar”, asegura. En ese proceso de adaptación se fue cristalizando lo que meses más tarde se desataría como un “boom”. Su particular estilo -chistoso, a veces bordeando lo cínico sin nunca quebrar el clima- no sólo enganchó a la audiencia de la tarde, sino que capta cada vez más visualizaciones en youtube y otras plataformas por fuera de la TV tradicional. En un momento donde lo digital y lo analógico parecen dividirse públicos de manera radical, Barassi convoca al público joven, y vuelve a marcar la diferencia. 

Apuesta que rinde. Indignado, hace chistes con los nombres, aspectos y profesiones de los participantes y hasta pide que lo maten y lo velen “acá nomás” a modo de protesta por las sistemáticas respuestas erróneas. El cinismo lo caracteriza y es uno de los grandes recursos del programa, más allá del humor "más light" que siempre está presente. Respecto a eso, Barassi señala que las familias vienen “siempre muy predispuestas, muy entregadas al juego. Siempre voy con la bandera del humor, y todos los que hacemos humor entendemos que el límite del humor es el otro. Cuando notás el mínimo dejo de incomodidad, inseguridad o molestia con un participante… Yo estoy bastante aceitado en ese ejercicio como para correrme de ese lugar. Me ha pasado de tener que reconfigurar”, reconoce.

Sus modos, que hasta podrían caracterizarse como de “bullying soft”, fueron duramente cuestionados tras el cruce que tuvo con Facundo, un adolescente que osó bromear sobre su gordura. Barassi le contestó filoso y se jactó de sus logros profesionales, pero más tarde salió a pedir disculpas públicas. “En el momento en que lo grabamos para nada se sintió como se vio al aire... Con el pibe seguimos con la mejor, nos despedimos con un abrazo. Pero a veces la lectura que hace el público y cómo se recorta eso, condiciona un poco todo”, advierte el conductor. Y asegura que “yo estaba amparado en el humor y sin ninguna mala intención, pero el hecho ameritaba una autocrítica. Y nada, la hice. La opinión de mi  mujer respecto de eso fue la única que me importó, la única que tomé y la única que me hace mella. En la medida que la crítica venga de un ámbito privado, me determina mucho más que si viene de un lugar público”. 

Sin embargo en ese juego de contestaciones y chistes pesados parece haber muy poco librado al azar. Basta tipear “Barassi” y “Eltrece” en el buscador de Youtube para ver cómo el mismo canal difunde la mejor, pero también la “peor” versión de su conductor estrella. “¿El ogro Barassi? Darío enojado genera más risas que miedo” es uno de los títulos. Otros: “Las siete situaciones que más descolocaron a Barassi”, “Los participantes contestaron mal a propósito y Barassi se enfureció mal”, “Un participante habló y bastó para que Darío Barassi lo odie”. Sus enojos no solo dan rating y share, sino que hacen descostillar de risas a la audiencia, identificada tanto con él como con el pobre participante que no pega una. El fenómeno es interesante, porque puede compararse con otros formatos donde el conductor juega a “bardear” a la audiencia -como es el caso de Ángel “Baby” Etchecopar- pero a la vez está muy lejos de eso. En lugar de apelar a la ira explota la ironía; y esos intercambios que con la edición pueden parecer incómodos, aseguran tanto él como el canal, se dan siempre desde un lugar de respeto. 

En una video-reacción de “100 Argentinos dicen”, después de ver sucesivas respuestas de Barassi a preguntas mal contestadas, una mujer española ruega que la dejen participar: “Quiero ir, quiero que Barassi me escupa en la cara, que me diga ‘vales mierda’”, dice mientras se ríe a carcajadas. ¿Qué piensa Barassi de eso? Es relativo: “Lo primero que me genera es un poco de incomodidad, y bastante risa. Hay una entrega del amor del público que hasta ahora nunca había tenido, al punto de que hagan esa demanda. La verdad es que no sé cómo manejarlo (risas). Prefiero el abrazo más que que me pidan que los escupa, pero más allá de eso lo recibo con afecto y estoy agradecido. Agradecido de escuchar también el ingenio de la gente, que no tiene límites. Y aparte todo esto me nutre: esta anécdota seguro la cuente hoy en el programa”. 

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Mariana Sidoti Gigli

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