SOCIEDAD | 29-10-2019 17:36

Feminismo traicionado: campaña sin verde

La estrategia de Cambiemos se concentró en el electorado celeste y el kirchnerismo priorizó el pragmatismo en el armado de sus listas.

Como si fuera un tema secundario, el feminismo no tuvo en esta campaña el protagonismo que había alcanzado en el 2018. La estrategia de Cambiemos se concentró en el electorado celeste y, aunque el Frente de Todos apostó a la convivencia de los distintos pañuelos, en el armado de las listas se priorizó el pragmatismo por sobre el movimiento de mujeres. Más allá de la posición de los principales candidatos en la legalización del aborto, las propuestas políticas, económicas y sociales con perspectiva de género fueron prácticamente nulas. Mientras que en las calles y en las redes sociales la ola verde representa a uno de los fenómenos políticos más importantes de los últimos años, en la práctica falta mucho camino por recorrer.

La discusión sobre la relevancia que le dieron los principales partidos al feminismo atravesó toda la campaña y no terminó con el triunfo del Frente de Todos. Sin ir más lejos, en las últimas horas se reavivó con la asunción de Juan Manzur en Tucumán, acto del que participó Alberto Fernández. En el acto oficial y las imágenes que se difundieron a los medios, la paridad de género es una ilusión.

Más allá del resultado electoral, la decisión de Macri de virar su discurso al universo celeste para conseguir votos, no fue gratuita. Los referentes verdes de Cambiemos quedaron enojados y observaron con asombro las alianzas y el tono religioso que había adoptado el Presidente en el último tramo de la campaña. En el kirchnerismo, la situación fue más confusa ya que se incorporaron personajes como Dora Barrancos, senadora electa por la Ciudad de Buenos Aires y una de las principales referentes del feminismo de Argentina, junto a Manzur por ejemplo, quien en el 2018 declaró a Tucumán como una “provincia provida”.

En Capital Federal ambos partidos reforzaron las candidaturas verdes y las celestes en las provincias. Y, a pesar de que este fue el año en el que se implementó por primera vez la paridad en las listas, según un trabajo realizado por Ecofeminita, la participación de las mujeres no se transformó demasiado. “En el caso del Senado están en juego las bancas de 14 varones y 10 mujeres. Con los resultados esperados entrarían 16 varones y ocho mujeres. Esto se debe al armado de las listas: solo una de las que tiene chances de ganar en las ocho provincias que renuevan fue encabezada por una mujer”, aseguró Mercedes D’Alessandro, editora general del espacio, en los días previos a la elección. Más aún, en una investigación que realizaron en conjunto con OpenDemocracy, detectaron que, en estos comicios había, al menos, 160 candidaturas conservadoras sobre un total de 646.

Las mujeres de Juntos por el Cambio que se identifican con el feminismo quedaron absolutamente silenciadas durante la campaña. Un hecho no menor para ellas fue la última marcha del “Sí se puede”, cuando María Eugenia Vidal se ató el pañuelo celeste arriba del escenario. En el kirchnerismo, la cosa había estado dividida: mientras un sector apostó a Alberto Fernández entendiendo que era el único camino para salir de la crisis, otro se sumó a la campaña del Frente de Izquierda de los Trabajadores, que proponía privilegiar el voto verde, al menos, en las candidaturas legislativas.

El caso que más debates generó fue el de Myriam Bregman en Capital Federal. Luego de las PASO, en las que no alcanzó el piso necesario, inició un llamado a cortar boleta. La consigna fue clara. la candidata disputaba su banca al Congreso Nacional con todos candidatos celestes: Marco Lavagna (Consenso Federal), Pablo Tonelli (Juntos por el Cambio), Eduardo Valdés (Frente de Todos). Si bien en las generales mejoró su performance, no consiguió los votos necesarios.

Internas. En el afán de conseguir el voto provida que se había dispersado en Juan José Centurión y José Luis Espert, una de las estrategias de Juntos por el Cambio fueron las “reuniones de living”. La idea era que un dueño de casa pusiera su living y sumara a 40 o 50 amigos para que le expresaran sus quejas a legisladores como Esteban Bullrich, Carmen Polledo o Cornelia Schmidt.

“Al principio de la campaña habían empezado a armar los segmentos verdes y celestes. Estaban dudando si apostar a la diversidad y apareció una presión importante de los sectores religiosos diciendo que había enojo de los celestes con el espacio y que ese era un votante mucho más Cambiemos que el verde”, cuenta un macrista verde enojado con la estrategia de Macri y agrega que, “cuando todavía Cambiemos pensaba que podía ganar, este sector quería tener el control de la comisión legislativa, para que no se vuelva a dar el debate por el aborto. Ahí estuvo la presión”.

Junto a otros referentes proaborto todavía comparte el grupo de Whatsapp que se creó en 2018 en pleno debate. Uno de los últimos días que el chat se activó fue el 4 de octubre, cuando Macri repitió en un acto en Mendoza: “Claramente, estoy a favor de las dos vidas”. “Hubo un debate y un lamento”, aseguró el macrista. Para este sector, había que esperar a las elecciones y luego evaluar si luego continuaban en el espacio.

Uno de los que parece estar cerca de dar el salto es Daniel Lipovetzky, el legislador macrista que más trabajó en pos de que se aprobara la media sanción de la legalización del aborto. El mismo 27 de octubre, luego de que se conocieran los resultados, publicó un irónico tuit: “¡Para dedicarte a la política, hay que hacer política! ¡Felicitaciones democracia!”. Acompañó el tuit con dos corazones verdes. Y, esta tarde, dio un paso más y fue uno de los rostros más llamativos en la asunción de Manzur junto a intendentes, gobernadores y dirigentes K.

Convivencia y tensión. Barrancos no le esquivó a la tensión interna y, en campaña, dialogó con NOTICIAS al respecto: “El gobernador Manzur no solamente no es amigo de la causa feminista, él no es amigo de las causas de las otredades. ¿Qué le vamos a hacer? Un frente es un frente. Hay que recorrer la teoría política. Un frente es casi una circunstancia de emergencia, como la que se ha planteado en esta circunstancia. Hay una emergencia gravísima social, económica y política. Un frente es un frente. Lamentablemente, no podemos detenernos en buscar las limpiezas políticas hasta la corrección inexorable”.

En el feminismo que defiende a Alberto insisten con su postura sobre el aborto y con la posibilidad de que se cree un Ministerio de la Mujer y subrayan que la pobreza es la gran prioridad. En esta mirada, el feminismo pareciera ser una cosa menor y recrudece el debate hacia adentro del movimiento de mujeres.

Me llama la atención que todavía muchas compañeras no comprendan que la pobreza tiene cara de mujer, que la mayor parte de los pobres son mujeres. Lavagna, por ejemplo, habló de los nini y no se le ocurrió que más del 67% de los nini son, en realidad, las ni ni y que son mujeres madres. Después hacen cursos de capacitación para jóvenes para insertarlos laboralmente sin espacios de cuidado y las mujeres no pueden asistir”, argumenta D’Alessandro.

Aunque quedó afuera de la política grande, el feminismo no se resigna a que lo releguen.

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Giselle Leclercq

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