Viernes 24 de septiembre, 2021

SOCIEDAD | 28-06-2021 14:30

Cinthia Fernández vs. Amalia Granata: un insólito escándalo político

Cinthia coquetea con el partido que llevó a la legislatura de Santa Fe a Granata. Ella la bloqueó. Una quiere copiar el perfil de la otra.

Cinthia Fernández confirmó que quiere ser diputada nacional por la provincia de Buenos Aires y que encabezará la lista del partido con el que Amalia Granata logró poner un pie en la legislatura de Santa Fe, “Unite por la libertad y la dignidad”, un espacio conocido en el mundillo de la rosca por prestar su nombre a un variopinto abanico de personajes. Sin embargo, y a pesar de las enormes similitudes que tienen, hoy las mujeres se encuentran enfrentadas. Amalia bloqueó el teléfono de Cinthia y en su entorno insisten con despegarla de la panelista con argumentos que combinan estrategia política y chismes de pasillo. 

Desde el 2020, Cinthia coquetea con su incursión en la política y con construir un perfil similar al de Amalia. De hecho, el 26 de febrero publicó en su cuenta de Instagram una foto trucada en la que montó su imagen junto a la de la diputada y Ángel de Brito. En el entorno de Granata rechazan la insistencia de Fernández de “colgarse” de su fama. Sin embargo, el titular del partido Unite, José Bonacci, insiste en acercar a las figuras: “Amalia no se quiso sacar la foto con Cinthia y la petisa se puso loca. La idea de llevarlas a la política tiene la misma fuente, que soy yo. El ofrecimiento que se le hizo a Cinthia fue el mismo que se le hizo a Amalia”, afirma.

Unite, el partido de Cinthia Fernández

Mientras Cinthia y Bonacci se esfuerzan por subrayar las similitudes, Granata se despega. De hecho, luego de asumir su banca, la referente del universo celeste rompió con Unite para construir el bloque “Somos vida” y por estas semanas evalúa incorporarse a Juntos por el Cambio. “Ir con ese sello fue un mero utilitarismo electoral de necesidad absoluta. No hay ninguna vinculación ideológica o política entre Amalia y Unite”, cuenta su asesor Álvaro Zicarelli.

La precandidatura de Fernández y el enojo de Granata, de alguna forma, revelan uno de los aspectos típicos de las lógicas electorales en tiempos de cierres de listas: partidos pequeños que aparecen para prestar su sello a algún candidato y que, en algunos casos, terminan por catapultarlos a cargos públicos. María Alejandra Perícola, directora académica del Observatorio de Derecho Electoral, insiste en que estos mecanismos forman parte de las reglas del juego: “En Argentina hoy existen 657 partidos reconocidos a escala federal”. Según la experta, la legislación favorece la pululación de estos espacios ya que “hay un nivel bajo de exigencia para formar y mantener partidos”. “Lo que no hace la ley es controlar ni la coherencia ni la consistencia hacia el interior de esos espacios”, agrega. 

Los defensores de estas prácticas insisten en que permiten que “personas comunes”, como Amalia o Cinthia, puedan participar de las contiendas electorales. De hecho, este mismo sello fue el que llevó a José Luis Espert a competir en las presidenciales del 2019. Sin embargo, el debate tiene una contracara: estos espacios, con nula representatividad, reciben dinero público del Fondo Partidario Permanente así como recursos para las campañas. Gerardo Scherlis, profesor de Derecho en la UBA e investigador del Conicet, sostiene: “Con detalle, nunca podés saber qué beneficio obtienen estos partidos. Por un lado, tenés el financiamiento público y considerando que estos partidos son pequeños microemprendimientos casi personales, ese dinero no es poco. Además, tienen sumas para la impresión de boletas y en el mundillo de las imprentas se sabe que se generan facturas apócrifas para justificar esos gastos. Pongo un ejemplo: en el 2017, cuando se aumentó el dinero para impresión de boletas por un fallo de la Corte, se multiplicó la cantidad de listas que se presentaron”, cuenta. 

Bonacci niega que su partido político funcione como una especie de Pyme personal y remite a los balances presentados. Según él, Unite es un espacio que pretende romper con las lógicas de “los señores trajeados de la política”: “En el 2017 apostamos a Amalia y la gente acompañó ese sentido común. Ahora vimos que Cinthia estaba haciendo planteos de mucho sentido común en relación a la pandemia, a Formosa y la liberación de los presos”, dice. 

Bonacci es un experto en los vericuetos electorales y aunque reniega de la vieja política sabe jugar con todos: fue concejal rosarino en 2001 por el peronismo, candidato a senador en el 2011 de la mano de Agustín Rossi, le prestó el sello al macrista Jorge Boasso en 2017, luego a Granata y, antes de jugar con Espert, se fotografiaba con Alejandro Biondini. Ahora, su apuesta es Cinthia Fernández y se muestra confiado: “Tiene 4 millones de seguidores en redes, una plataforma más importante que la de muchos otros. Los políticos y los encuestadores no la registran, pero la gente sí”, dice. Por ahora, pensar en la panelista como diputada nacional todavía parece descabellado pero la experiencia de Amalia le da esperanza a los outsiders. 

 

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Giselle Leclercq

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