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SOCIEDAD | 15-06-2023 13:50

Retropolítica: ¿Por qué seducen las expresiones artísticas que hablan de nuestro pasado?

La proliferación de obras que narran la historia política reciente es un éxito en Argentina. Búsqueda de respuestas, idealización y conocimientos previos.

El estreno de “Diciembre 2001”, la serie de Star+, que narra el último mes del gobierno de Fernando De la Rúa, viene a confirmar la tendencia de que en nuestro país la retropolítica es una realidad. A los argentinos les seduce su pasado reciente y la mejor manera que encuentran de revisitarlo y hacer preguntas sobre él es a través de todo tipo de productos culturales que lo narren. El interés por indagar los sucesos políticos que marcaron al país se ha convertido no sólo en el nuevo mecanismo para mantener viva la memoria colectiva, sino también la manera por la cual se reavivan debates necesarios como sociedad. Como si fuera una ventana para mirar el pasado para tratar de entender el presente, los argentinos se suman a la retropolítica y ofertas de contenidos no le faltan.

“Este fenómeno no se puede pensar sin tener en cuenta también que la política, en los últimos años, sufrió un debilitamiento. Hay una crisis de la política y los actos políticos. Esta 'retropolítica' es la búsqueda en el pasado de algún tipo de narrativa donde el actor político todavía tenía un protagonismo importante porque la actual no tiene épica”, explica a NOTICIAS el doctor en psicología y filosofía Luciano Lutereau. Así, aunque se trate de obras artísticas que traten momentos difíciles del pasado nacional como pueden ser las crisis económicas o incluso la última dictadura militar, lo que seduce a los consumidores es ver a esas figuras centrales en la historia y ver esa “política del pasado”. “Se busca la figura de un político fuerte, incluso cuando ese político sea (Carlos) Menem, alguien que genera las más grandes divisiones”, agrega Lutereau.

Pero además de buscar esas figuras fuertes que hicieron de Argentina lo que es hoy, también se buscan respuestas que ayuden a entender el presente: “Hay un interés por saber qué pasó, cómo llegamos hasta acá, en un país en el que nadie tiene culpa de nada y nadie parece hacerse cargo de su parte, los argentinos queremos saber por qué el país está como está. En este tipo de obras uno puede interrogarse eso y buscar la respuesta propia a en qué momento todo dejó de salir como debía o como nos hubiera gustado a cada uno”, reflexiona el sociólogo Carlos de Ángelis, para quien, aunque muchos de estos productos culturales ocurren en momentos oscuros de la historia nacional, rige en parte el dicho de que todo tiempo pasado fue mejor. “En momentos de crisis como el actual se mira el pasado con añoranza. Aunque haya grieta, en algo estamos todos de acuerdo y es en que así no están bien las cosas y buscamos en el pasado las respuestas para entender los motivos”, agrega. Una situación similar observa el analista político Carlos Fara, para quien, además, “tratamos de encontrar en algún momento del pasado alguna situación con la cual, de alguna manera, podamos reconocernos”.

Diciembre 2001

Esa identificación es otra de las claves. Ya que el público, al tener noción sobre algunos de los hechos que serán narrados, se siente aún más atraído e interpelado. “Cada uno de nosotros que sabemos algo de historia, porque nos gusta o la hayamos estudiado en el colegio, siempre nos quedan resonando cosas, pero son sólo los titulares. Por eso al ser algo 'preconocido' este tipo de creaciones interesan porque querés saber más y te vas enterando de nuevas cosas”, dice a NOTICIAS el director de “Diciembre 2001” Benjamín Ávila. Para el realizador la centralidad que ocupan hoy las obras histórico-políticas audiovisuales vienen a sustitiur en parte la información que antes se obtenía por otros medios. “No sé si es algo bueno, pero viene un poco a reemplazar al libro en términos generales de llegada a la población y su alcance. Si uno quiere saber más deberá leer, pero las series y películas políticas narran hechos puntuales de la propia sociedad, que son temas que después se terminan hablando en la mesa familiar”, dice. La masividad de estas obras que se sostiene también por la proliferación de nuevas plataformas y productoras de contenidos forman un cóctel exitoso. Un caso paradigmático ocurrió con “Argentina 1985”. El filme dirigido por Santiago Mitre generó una gran repercusión y argentinos de todas las edades se encontraron hablando sobre el juicio a las juntas militares y el “Nunca más” y eso motivó ir más allá de la pantalla y que la circulación de información sobre lo ocurrido en aquel momento se volviera tema central de conversación.

De esta manera, una historia común a toda la población, al alcance de todos y presentada y realizada de manera entretenida y dinámica hacen que estas producciones sean un suceso y calen hondo en el imaginario de quienes las consumen. “La pregunta por la historia del país contiene la pregunta por nuestra historia personal y guarda nuestros propios secretos. Nosotros nos podemos encontrar y entender lo que somos, individualmente y como sociedad, a partir de nuestro pasado. Y por eso nos interpela”, detalla Marcelo Clingo, presidente de la Asociación de Psicólogos y Psicólogas de Buenos Aires y profesor en la Universidad Nacional de las Artes. En esa búsqueda de identificación con el público, por ejemplo, “Diciembre 2001”, estaba pensada para estrenarse hace dos años en el vigésimo aniversario de la caída de De la Rúa, sin embargo la pandemia obligó a postergarla. De todos modos la intención del guiño cómplice del público siempre está.

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Marcos Teijeiro

Marcos Teijeiro

Periodista de Información General.

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