Domingo 25 de febrero, 2024

MUNDO | 31-01-2024 12:27

El infierno tan temido

El ataque israelí en Siria, los misiles a la base de EE.UU. en Irak, y las bombas entre Irán y Pakistán, un Big Bang bélico en expansión.

Una antigua etnia tribal habita desde tiempos inmemoriales un extenso territorio que abarca el sureste de Irán, el suroeste de Pakistán y el sur de Afganistán. Ese territorio es el Baluchistán. En el lado iraní de la frontera, integra la Provincia de Sistán-Baluchistán, cuya capital es Zahedán y sus habitantes, los baluchis, se sienten marginados por ser minoría racial y también religiosa. Los baluchis no son de raza persa ni profesan el Islam chiita. Ser sunitas donde impera una teocracia chií los convierte en marginales, igual que a la minoría kurda que habita el norte de la República Islámica.

Por eso surgió décadas atrás el Jundalláh (Soldados de Dios), que luchó con métodos terroristas para separar el territorio baluchi del resto de Irán.  El Jundalláh se disolvió poco después de que su líder, Abdelmalek Rigi, fuera capturado y ejecutado en Teherán. No tardó en sustituirla otra organización separatista con métodos terroristas: el Jaish al-Adl (Ejército de la Justicia).

Igual que los separatistas cachemires de la India, los milicianos baluchis de Irán se ocultan regularmente en el lado paquistaní de la frontera, donde ahora fueron bombardeados por los iraníes. Lo mismo hacen, en sentido inverso, los miembros del Ejército de Liberación Baluch, la milicia separatista que lucha para separar el Baluchistán paquistaní y reconstruir el Kanato de Kalat, un reino autónomo que surgió en el siglo 17, existió bajo el dominio británico, y fue disuelto en 1955 por el flamante Estado de Pakistán.

Fotogaleria Los partidarios proisraelíes ondean banderas israelíes e iraníes anteriores a la revolución mientras se reúnen para una manifestación en Trafalgar Square, en el centro de Londres

También en ese país los baluchis son marginados. Fue en el extenso desierto que habitan donde el gobierno encabezado Nawaz Sharif realizó, en 1998, las pruebas atómicas que convirtieron a Pakistán en potencia nuclear. Lo que fue tomado como muestra del desprecio que las etnias paquistaníes dominantes sienten por los baluchis.
El hecho es que los baluchis están en conflicto con los dos estados a través de sus milicias separatistas. Pero más allá del Baluchistán, los bombardeos que intercambiaron Irán y Pakistán fueron una señal de que la tensión entre esos países está en la lista de potenciales guerras que sacudirían el mundo en estas décadas calientes.

Con el orbe plagado de guerras en curso y guerras latentes, se produjo otra chispa de las que pueden iniciar vastos incendios: Irán bombardeó Pakistán y Pakistán devolvió el golpe. Quienes restan gravedad al ataque iraní en territorio paquistaní, señalan que Teherán también atacó organizaciones terroristas enemigas en territorio sirio e iraquí. Pero hay una gran diferencia: los regímenes que imperan en Damasco y Bagdad son afines a Irán, mientras que Islamabad ni lo ha sido ni lo es.

Se enfrentaron indirectamente a través de milicias aliadas en el escenario afgano y, aunque siempre se cuidaron de confrontar directamente por privilegiar una relación calma, se saben rivales por razones geopolíticas y culturales.
En una escalada sin antecedentes, intercambiaron ataques que no fueron contra sus respectivos ejércitos sino contra supuestos blancos separatistas. No obstante, los dos ataques constituyen mensajes entre Teherán e Islamabad. Y por cierto, son mensajes inquietantes.

Fotogaleria Una mujer iraní sostiene un retrato del alto comandante iraní asesinado Qasem Soleimani durante la ceremonia de conmemoración del aniversario de su asesinato en la capital iraní, Teherán

Se trata de potencias militares de gran envergadura y una de ellas, Pakistán, posee poderosos arsenales nucleares, además de fuerzas armadas adiestradas y equipadas en el marco de una hipótesis de conflicto con la India, el enemigo con el que disputa la soberanía sobre Cachemira.

Teniendo en cuenta lo inédito de los bombardeos entre esas potencias centroasiáticas, lo lógico es entender que si Irán atacó sin previo aviso a milicianos separatistas que se ocultaron en Pakistán, el objetivo no eran esas milicias sino enviar un mensaje al gobierno pakistaní. La respuesta de Islamabad es que está dispuesta a una guerra abierta.  Y una guerra irano-paquistaní sería un sismo en el tablero internacional sumando octanaje a los conflictos con potencialidad de hacer estallar la tan temida Tercera Guerra Mundial.

Con la respuesta de Pakistán en su propio territorio, Irán recibe golpes por diestra y siniestra. No es la primera vez que Israel ataca blancos iraníes en Siria, pero esta vez el misil lanzado mató a cuatro altos mandos de la Guardia Revolucionaria, uno de los cuales era Hojjatollah Omidvar, quien comandaba las acciones espías en el país árabe que gobierna Bashar al Asad.  Y el ataque fue nada menos que en Damasco, la capital siria, donde destruyó un edificio de cuatro pisos en el barrio residencial de Mazzeh, donde se encontraban los jerarcas iraníes.

Por cierto, el régimen de los ayatolas también está al ataque. Además de sus bombardeos en Pakistán y contra blancos de ISIS en Irak y Siria, sus milicias iraquíes aliadas lanzaron misiles sobre la base norteamericana de Ain al-Asad, en la provincia de Ámbar, en el Oeste de Irak. No es la primera vez que esta base es atacada. También lo fue hace tres años, como respuesta iraní al asesinato del general iraní Qassem Soleimani en Bagdad. Pero en esta oportunidad, el ataque contra militares estadounidenses se da en medio de múltiples escaladas en la región y en sus bordes.

Fotogaleria Los yemeníes reconstruyen los refugios dañados por las lluvias torrenciales con ladrillos de barro, en un campamento improvisado para desplazados internos, en el distrito de Abs

Si a esto se suma el duelo de artillería que mantienen los hutíes de Yemen con fuerzas navales británicas y norteamericanas en el Mar Rojo, y el rechazo de Benjamín Netanyahu a los pedidos de detener sus exterminadores bombardeos en Gaza y aceptar la “solución de dos estados” que le reclaman Estados Unidos, Europa y ahora también Riad a cambio de firmar el Pacto de Abraham, la postal que se obtiene muestra los umbrales de una guerra generalizada desde Oriente Medio hasta Asia Central.

No está claro el camino para evitar que lo que hoy son focos ígneos se convierta en incendio generalizado. Lo que parece claro es que ni Netanyahu, ni el ayatola Jamenei, ni los líderes de Hamás, de Hezbolá y de los hutíes de Yemen pueden apagar las llamas.
Ellos sólo saben encenderlas, porque son incendiarios.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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