En lugar de deparar en el mensaje oculto de la propuesta iraní de cinco puntos, Donald Trump lanzó un golpe bajo que habla peor de él que del personaje atacado.
Nadie en la Casa Blanca se dio cuenta de que lo que propone el régimen para negociar el fin de la guerra, es lo que no figura en los cincos puntos propuestos. En lugar de eso, llevaron al Despacho Oval el informe de la CIA según el cual Muqtada Jameney es gay y Trump lo gritó al mundo, apostando a que tendría un efecto devastador para una teocracia retrógrada y criminalmente homofóbica.
Igual que el Antiguo Testamento, el Corán se refiere a la homosexualidad de manera condenatoria en el capítulo de Sodoma y Gomorra y en la consideración de “atrocidad” que hizo el profeta Lot sobre las relaciones entre personas del mismo sexo.
Por eso en el sunismo y el chiismo se equipara la homosexualidad con el adulterio y, en países como Qatar, se condena con prisión, mientras que en países como Arabia Saudita, Yemen, Sudán y Afganistán, con pena de muerte, igual que en la República Islámica de Irán, donde los homosexuales son ejecutados en la horca.
Quizá el conocimiento de estas brutales interpretaciones religiosas dio la idea a los estrategas de la CIA de revelar, o sembrar la duda sobre, la sexualidad del nuevo líder supremo, buscando desestabilizarlo. Aún así, meterse en esa cuestión cuando Trump está sospechado de pederastia por su estrecha y larga relación con el magnate de la pedofilia Jeffrey Epstein, no parece muy inteligente.
Teniendo en cuenta ese Talón de Aquiles quizá no fue una buena idea haber lanzado el repudiable señalamiento contra Muqtada Jamenei, apostando a la criminal homofobia de ese régimen oscurantista.
De hecho, la Casa Blanca y sus aparatos de propaganda no insistieron con esa bomba que podía volver como un boomerang contra el magnate neoyorquino. Pero siguieron sin descubrir la clave en la propuesta iraní.
El mensaje más importante del plan que presentó el régimen está en lo que no dice. Lo que no aparece en esos cinco puntos es lo que la teocracia chiita estaría proponiendo. Y eso que está ausente es nada menos que su programa nuclear.
En lo que va de esta guerra, Washington y Tel Aviv descubrieron que el régimen que siempre tuvo el poder concentrado en un liderazgo unipersonal, para esta guerra se preparó convirtiéndose en una Hydra y, como el despiadado monstruo de la mitología griega, tiene muchas cabezas que, al ser cortadas, vuelven a crecer multiplicándose por dos.
Los estrategas israelíes y norteamericanos aún no descubrieron la forma de lograr lo que logró Hércules en la segunda de las doce grandes hazañas que le impuso el rey Euristeo: matar a la Hydra de Lerna.
Por eso Trump, contra su propio instinto, comenzó a movilizar reservistas y envió hacia las costas de Irán un buque anfibio con 3.500 marines listos para desembarcar. Aunque acrecentar su amenaza no implica que deje de buscar una puerta de salida.
Quizá la encontraría en los cinco puntos propuestos por el régimen. La cuestión clave es la que no está mencionada en la propuesta iraní, y una interpretación posible de esa ausencia inconcebible es que se trata, precisamente, de lo que Irán está dispuesto a negociar, o sea el terreno en el que “haría concesiones”: el programa nuclear, nada menos que la cuestión en la cual justificaron la guerra Trump y Netanyahu.
El hecho de que no lo haya mencionado explícitamente entre los reclamos propuestos para cesar el fuego, es una señal de que el régimen está moviendo sus fichas políticas en el tablero del conflicto con más inteligencia de la que está mostrando el jefe de la Casa Blanca.
Si para retirarse del conflicto Trump le exigiera que renuncie explícitamente a construir armas nucleares, el régimen puede hacerlo porque ya lo hizo muchas veces. Incluso existe una fatua (decreto religioso emitido por un ayatola) en la que la teocracia persa declara las armas nucleares como “haram” (algo totalmente prohibido) por estar en contra de lo establecido en el Corán. A esa fatua la dictó Alí Jamenei, cuya muerte la vuelve inamovible a perpetuidad porque a ese tipo de decreto religioso sólo puede anularlo el mismo ayatola que lo dictó.
Además de negligencias, Trump muestra una fragilidad política creciente para mantenerse en la contienda, lo que contrasta con la firmeza política que le facilita al régimen su naturaleza dictatorial. Aunque es Irán el que ha recibido los golpes más demoledores, la relación de fuerzas en términos militares es inversa respecto a la del tablero político.
Mientras que en términos militares la superioridad estadounidense sobre el aparato bélico persa es abrumadora, en una guerra es políticamente más funcional una dictadura como la iraní que una democracia como la que aún tiene Estados Unidos a pesar de Trump.
La semana comenzó con el presidente mostrándose más necesitado de un pronto final del conflicto al posponer por cinco días un bombardeo que ya estaba anunciado y justificar esa prórroga aludiendo a “conversaciones directas”. En rigor, el canciller alemán Frederich Merz le había explicado las razones por las cuales un ataque así era sumamente contraproducente. De todos modos, Teherán desmintió que hubiera “conversaciones directas” y adjudicó la afirmación de Trump a que “está siendo derrotado”.
A pesar de ese desaire Trump volvió mostrar ansiedad por encontrar una salida al conflicto que empieza a desgastarlo. Sin mencionar la desmentida iraní, presentó una propuesta de quince puntos para el cese del fuego. La teocracia rechazó esa propuesta y afirmó que la guerra terminará cuando el régimen “lo decida”.
Después de eso vino el anuncio de la propuesta iraní de cinco puntos donde la clave estaría en lo que no dice. El primer punto es que cesen los ataques y asesinatos efectuados por las fuerzas israelíes y norteamericanas en Irán. El segundo habla de medidas garantizando que ya no habrá futuros ataques contra a ese país. En tercer y cuarto lugar, el régimen exige reparaciones de guerra y el final de las hostilidades contra sus aliados en la región, en primera instancia sobre Hezbollah, que está siendo duramente atacado en el Líbano; mientras que el quinto punto reclama el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el Estrecho de Ormuz.
Salvo el reclamo de total soberanía sobre Ormuz, los demás puntos podrían aceptarse si el régimen se compromete a no atacar más a Israel, ni directamente ni a través de sus proxies.
En Washington no se dijo una palabra sobre lo que propuso el régimen de los ayatolas. Lo que hizo el presidente fue volver a posponer el tan mentado ataque, aunque desplegando al mismo tiempo miles de efectivos preparados para una invasión.
Si bien no dijo nada sobre la propuesta iraní de cinco puntos y encaminó a la zona una brigada de la 82 División Aerotransportada, poderosa fuerza de elite que se utiliza para operaciones de alto riesgo en territorios lejanos, Trump prorrogó ochos días más la ejecución de su amenaza contra Irán. Otra señal de su ansiedad por encontrar el final de una guerra de alto riesgo.
Aunque de moralmente execrable, también es de alto riesgo la operación que hizo Trump sobre la sexualidad del líder iraní. Muy riesgosa para alguien que, como él, colecciona denuncias por acoso sexual y está a la sombra del caso Epstein, lo que lo hace sospechoso de una naturaleza sexual abyecta y delictiva.
















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