Jueves 3 de diciembre, 2020

LIBROS | 02-11-2020 15:00

Haruki Murakami

“Música, sólo música”, de Haruki Murakami y Seiji Ozawa, Tusquets, 329 págs. $ 1.100.

****Según la clasificación brutalmente sencilla de los anglosajones, Haruki Murakami, que se autodefine como novelista, tiene sin embargo algunos libros de no-ficción. El imprescindible es “Underground”, un minucioso trabajo periodístico sobre los atentados con gas sarín en el subte de Tokio, en 1995. Su gusto por el atletismo de larga distancia se reflejó en el muy entretenido “De qué hablo cuando hablo de correr”. “De qué hablo cuando hablo de escribir” (título de la editorial española) da pistas sobre la a veces agobiante tarea de escribir mundos, con un consejo central gracioso: lo fundamental es correr maratones.

Principal autor japonés “occidentalizado”, la literatura estadunidense del siglo XX es tan importante para él como el jazz. Sin embargo hasta hoy no se han traducido sus dos libros sobre el tema (de 1997 y 2001). Se optó en cambio por los encuentros que tuvieron en 2011 con el famoso director de orquesta Seiji Ozawa. Formado por el maestro Saito en Japón, fue becado para estudiar con von Karajan en Berlín, y terminó por dirigir orquestas tan importantes como las sinfónicas de Toronto, Boston (logró elevarle notablemente el nivel), San Francisco, la orquesta de la Ópera de Viena, y finalmente, la Saito Kinen en Japón.

Murakami se reunió con él durante horas: el resultado es fascinante. Basta tener un conocimiento mínimo del tema, y curiosidad por el funcionamiento de esa zona de la música, para encontrarse con un mundo lleno de esplendores, mezquindades y recovecos. Murakami aporta al interrogatorio su condición de melómano completista. Desfilan personajes como el pianista Glenn Gould, el director Leonard Bernstein, o el propio Ozawa. Su pasión juvenil, incluso en la madurez y la vejez, le costó caro: no solo un par de problemas de salud, sino también un dedo que se le quebró mientras dirigía. El largo tramo dedicado a la discusión de Mahler como renovador, o las referencias de Ozawa a su pasión por leer partituras, no tienen desperdicio.

El sistema del diálogo es esencial. Un largo tramo sobre un seminario anual en Suiza, en cambio, absorbe el tono de lo publicitario y hasta turístico. Un dato descortés del sello editor es no haber incluido foto y curriculum de Ozawa, aunque es de hecho más autor de este libro que el propio Murakami.

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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