Lunes 28 de septiembre, 2020

LIBROS | 08-09-2020 12:40

Los años tristes de Kawabata

“Los años tristes de Kawabata”, de Miguel Sardegna. Odelia, 172 págs. $ 820.

****Un profesor de literatura está dando la última clase de un seminario sobre literatura japonesa. Lo interrumpe la luz y la vibración del celular que ha dejado bajo un montón de apuntes, cuando está hablando sobre Kenzaburo Oe. Mira el número y es desconocido. Aclara que lo usa poco, no sabe para qué lo conserva. Sigue hablando de Oe. Vuelve a sonar. Sale al pasillo, y una voz de mujer joven le da la noticia: su padre ha muerto. En apenas dos páginas ya dedujimos que el protagonista está metido para adentro, que ama a Japón y su literatura más allá de su trabajo. Pronto sabremos que dejó de ver al padre hace muchos años, a partir de un pedido que le hizo, el día de la muerte de la madre.

A partir de allí, Sardegna disimula el extremo cuidado de la construcción de esta novela breve. En parte como estrategia. Pero también por su buceo consciente y detallado de tanta literatura japonesa moderna, especialista en novelas breves de sentimientos soterrados, o que estallan de pronto. Opina sin cesar sobre ella: Mishima, Oe, Lafcadio Hearn (un amado “autor puente”) y sobre todo Yasunari Kawabata, “su” autor, sobre quien planea una biografía.

La principal virtud es que mezcla el tono opaco, un tanto detenido de su vida, con el modo en que, paradójicamente, la muerte lo pone en acción. Su rechazo al contacto con el padre, ante su desaparición irrevocable, lo convierte en un habitué del cementerio de la Chacarita, primero. Y lo lleva mucho después a viajar a Japón, aprovechando una “ventana de oportunidad” del presupuesto universitario. Para su asombro, el padre, a diferencia de él, ha construido otra vida después del corte definitivo. Pronto la voz del teléfono, una vez que se conocen, cae en sus brazos. Algo semejante le ocurrirá con una japonesa al visitar Kioto, ciudad clave en Kawabata. Un libro de este último será un eslabón clave en la vida de la madre.

El desarrollo puede leerse como un camino de experiencia, que desanuda secretos, y explica conductas de la madre japonesa. O uno se puede preguntar si el largo trayecto en el tiempo y el espacio, la forma misma del viaje, no será un modo larguísimo de huir y enfrentar al fin el luto, el dolor (ahora doble, complejo).

Esa lectura es parte del atractivo fuerte del libro. En el plano cultural, explica en parte ese imán intenso del microcosmos literario japonés, que se reinicia cada algunas décadas en la cultura argentina.

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Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

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