OPINIóN | 24-03-2020 12:57

Cuarentena en Nueva York

La escritora argentina describe sus experiencias en una de las ciudades más afectadas por la pandemia.

Desde el barrio de Brooklyn donde vivo oigo que las sirenas de ambulancias y policía se están volviendo más frecuentes y que hay horas cuando parecen ser continuas. No hay casi gente caminando por las calles, aunque el clima lluvioso de hoy colabora. Se siente más el miedo. La gente joven ya no corre tanto (esto por supuesto visto desde mi ventana), hasta pareciera que a los perros los sacan a pasear menos. La guardería de perros frente a mi ventana está cerrada. Los ómnibus pasan vacíos. Desde mi escritorio veo la entrada y salida del subte y hoy lunes he visto poca gente entrando y saliendo.

Otra cosa que oigo más es gente limpiándose la garganta y escupiendo. El otro día vi un hombre hacerlo y tres minutos después un perro oler el lugar donde había escupido. Me pregunté si no era mi deber cívico avisarle a la mujer que lo paseaba que le limpiara el hocico, pero había pocas posibilidades que me entendiera desde un tercer piso.

Yo ya casi no salgo. Ayer, después de una noche de insomnio, fui a la farmacia a las seis de la mañana. Quería comprar Advil PM para dormir y quedaban solo tres cajas. Del Advil normal para fiebres y gripes, nada. En el negocio de venta de comida, también abierto a las 6, las tres personas que estábamos ahí comprábamos poco y rápido y manteniendo distancia en cualquier lugar del negocio donde estuviéramos. La chica que todos los días prepara jugos desde muy temprano, lo que provoca largas colas, no estaba. Todos teníamos alguna forma de protección, pañuelos, bufandas, cubriéndonos boca y nariz. Nadie hablaba. A una señora que estaba comprando coca cola en botellas de vidrio, el cajero le preguntó cuál era la diferencia entre la botella de vidrio y la botella de plástico, y ella contestó secamente: “Menos azúcar”, lo que me dejó pensando si sería verdad. Pero supongo que no se arriesgaría a abrir la boca para mentir.

El gobernador y el alcalde de Nueva York advierten por televisión que en más o menos diez días la capacidad hospitalaria se acaba. Cuando prendo la televisión y miro los números de muertos en Estados Unidos noto que los tres canales de televisión principales tienen diferentes números. 455, 472, 479. Fox, que fue el canal que más negó los peligros del coronavirus, es curiosamente el que anuncia más muertos.

Quizás la mejor noticia del día fue que el virus produce una pérdida de olfato y gusto. Entre la gente joven que conozco algunos dicen que les está pasando, lo que es una garantía para que se aíslen, ya que ahora los números están mostrando que afecta también a la gente joven. Tal vez no los mate tanto, pero terminan en el hospital de todos modos. El 40% de los pacientes hospitalizados en los Estados Unidos tiene menos de 54 años.

En general tratamos de mantener una semblanza de vida social. Hablamos por FaceTime. El viernes a la noche, momento para bares y amigos, hablamos tomando algo.

Compartimos temores. Por ejemplo, que se vuelva demasiado difícil el abastecimiento de comida y que ya la demora de los pedidos a domicilio se vuelva imposible. Para el último pedido que hice el 20 de marzo, me dieron fecha de entrega para el 1ero de Abril. Whole Foods y algunos otros ofrecen un horario especial para gente mayor de 60 años. Una amiga mía que ha ido dice que por primera vez en su vida tuvo la sensación de que mujeres como hombres decían su edad casi con alivio.

por Flaminia Ocampo

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