Martes 7 de abril, 2020

OPINIóN | 21-03-2020 11:04

Haters, la pandemia del odio

Seres impermeables a sentir cualquier otro tipo de sentimiento que no sea odio, por el que han sido invadidos cuan virus mortal y lo propagan en forma epidémica

Desde chica, a la edad donde se construyen las versiones acerca de cómo es y de cómo debería ser el mundo, tenía la hipótesis de que las cosas se definían por oposición. 

Dentro del repertorio de libros que me acompañaron durante la adolescencia, recuerdo que había uno muy raro, pero muy atractivo a la vez, del poeta y ensayista libanés, Khalil Gibran. Él fue quien, con una retórica un tanto espiritual, de la cual hoy reconozco distanciarme, me ayudó a conformar, para más tarde confirmar desde otro marco teórico, mis suposiciones acerca del lenguaje, y de la vida en general, con su texto, “el baile de los opuestos”.

Años después, ya en la Universidad, cuando el interés por la lingüística terminó de apoderarse de mí, Jacques Lacan, partiendo de la teorización de F. de Saussure, resignificó con avenencia, y con su opuesto, desavenencia, mis antiguas versiones. Es así que comprendí académicamente, con la alegría propia de cuando uno descubre poseer una especie de tesoro íntimo de añeja sabiduría, que el significante responde a una estructura diferencial, es decir, que un significante se define por oposición a los demás. Por ejemplo: la vida se define por oposición a la muerte. La presencia por oposición a la ausencia. El amor por oposición al odio.

En un reportaje el psicoanalista francés J-A Miller, nos dice que "Amar verdaderamente a alguien es creer que, amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: "¿Quién soy yo?".

De la misma manera, en el amor, siguiendo la lógica de las oposiciones, el amante, es aquel quien sabe amar y se define por su oposición al amado, quien sabe dejarse amar. Posiciones disímiles, asimétricas, sí, pero con una dialéctica semejante a la dialéctica Hegeliana del amo y del esclavo, se necesitan mutuamente para existir. Si bien en el amor se aspira a la reciprocidad, esto no siempre sucede y cuando se intercambian los lugares, Lacan dice que se produce un verdadero acontecimiento milagroso.

J-A Miller nos explica también que: " Algunos saben provocar el amor en el otro. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos, no aman necesariamente. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquéllos que creen estar completos, solos, o quieren estarlo, no saben amar". 

Pero hoy no vengo a hablar de amor, aunque ya lo haya hecho, sino de su opuesto, el odio, a quien huyendo despavorido, el amor lo ha dejado bailando sólo. Y lo que quisiera introducir hoy a través de esta diferenciación y disociación absoluta, es a una categoría propia de la época en que vivimos, más dañina aún de la de los que no saber amar, los que saben odiar, los haters. Seres impermeables a sentir cualquier otro tipo de sentimiento que no sea odio, por el que han sido invadidos cuan virus mortal y lo propagan en forma epidémica, provocando y contagiando la aversión y la hostilidad extrema hacia otras personas no infectadas que ni siquiera conocen.

Odiadores reales, que, embargados de ira, matan a patadas a alguien tan sólo porque no les gustó. Odiadores virtuales, que, de igual manera, pero encerrados a solas frente a un dispositivo electrónico, intentan matar simbólicamente utilizando palabras letales, a otras personas sin más razón que por no compartir un gusto, una opinión o una ideología.

Una epidemia rara para la época, porque no necesitan de aislamiento ya que, quienes la padecen, están completamente solos, nadie los quiere, nadie los ha querido nunca y nadie los querrá jamás. Su vida en soledad, los limita a pasar horas frente a un teclado ensimismados en encontrar posibles víctimas a quien poder darle golpes hasta matar. Como es de esperar, el viento virtual los amontonará, y se encontrarán con otros, tan o más odiadores que ellos mismos, para hacerse cómplices o para asesinarse despiadadamente.

La epidemia mundial del Coronavirus, les ha dado la excusa justa, ¿Se aíslan para cuidarse del Otro?  No, la soledad era desde antes. Pero ahora, más solos, más aburridos y más encerrados que nunca, se encargarán 24/7 de intentar aniquilar virtualmente a todos los demás.

 

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Paula Martino

Paula Martino

Psicoanalista.

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