OPINIóN | 12-04-2020 12:53

En defensa de los que quieren correr

Por qué la autorización para salir caminar o hacer running debería considerarse seriamente en la “administración” de la cuarentena.

Permitido por un mouse la primera persona. Tenía alrededor de 10 años, una contractura que resultó en una hernia de disco en una vértebra cervical, me obligaron a la inactividad total. Cualquier movimiento repentino me causó un dolor insoportable. La quietud de la cama se agregó a la imagen. Toma todas las clases de tabletas, ayuda con sesiones de kinesiología, masajes y pruebas en las posiciones más difíciles para mitigar el dolor, incluso más en la carretera durante media hora. Fueron solo tres meses infernales. Los diferentes médicos que vinieron a mis estudios coincidieron en una opinión: mi columna reflejaba la situación de una persona que se movía muy poco en su vida. La actividad física era el único medicamento que podía evitar que la crisis se repitiera en el futuro. Y si estaba en el agua, mucho mejor.

Solo responde, fui a mi primera clase de aquagym. Salí tan agotada, que me asustó la idea de caminar 5 cuadras hasta mi casa. Pero me gustaba tanto que seguí haciendo todo. También traté de intentar la idea de nadar nuevamente, algo que no había pirateado desde la infancia. Además, prefiero hacerlo bien. El comienzo se completó con una gran dificultad de 25 metros. De los años anteriores, nadaba 1000, lento pero sin pausa.

Mi nerviosismo en el apogeo de mi vida nunca se recuperó por completo, incluso hoy en día hay algunas molestias. Pero el dolor agudo nunca se repetirá. Seguramente, mi constancia de nadar entre tres y tres veces por semana durante una década tiene mucho que ver con la regeneración de mi columna.

 

Traigo a colación esta historia a propósito de la quietud a la que estamos todos obligados en medio de esta cuarentena mundial. Y a raiz de las reacciones que en las redes suscitó el pedido de muchos gobernadores al Presidente para que se permitiera la salida de la gente a hacer actividad física.

Fernández no fue concluyente al respecto en la conferencia del 10 de abril, aunque dejó abierta la posibilidad a futuro. En Twitter, sin embargo, empezó la batalla campal.

Los fanáticos del running vieron bastardeado su deseo, como si fueran terroristas buscando la manera de descontrolar el delicado equilibrio del aislamiento. Banales, irresponsables, infantiles, en ese orden de ideas se manejaron quienes se ocuparon de burlarse de la sana intención de romper la quietud.

Pero, como otras enfermedades y necesidades saludables que la pandemia dejó en segundo plano, el sedentarismo empieza a volverse más pesado cada día. Mi columna que tanto ganó con 10 años de natación ininterrumpida, en estas semanas, duele cada vez más.

No hace falta recordar la cantidad de beneficios que derivan de la actividad física: circulatorios (descenso del colesterol, óptimo funcionamiento del corazón), mejoramiento de enfermedades como la diabetes, ganancia incalculable para huesos y articulaciones y ni hablar de lo importante que resulta para el ánimo elevar las pulsaciones y oxigenarse.

Los que viven en el campo o en grandes casas con terreno al fondo la pasan mejor. Pero los confinados en pequeños departamentos en el centro de la ciudad, empiezan a sentir el desgaste del encierro. Y no basta con una rutina de ejercicios de media hora en los límites de un metro cuadrado.

Un amigo muy cercano que tiene colocados un par de stents extraña sus largas caminatas y cada día que pasa está más preocupado por su salud en relación a la falta de movimiento. Una vecina a la que correr ayudó a manejar sus problemas de ansiedad, hace cien sentadillas por día sin el mismo resultado y añora un poco de aire libre.

 

Todos estamos de acuerdo en sacrificarnos temporalmente por un buen alcalde. Los resultados de tanta atención están a la vista, como lo destacó el presidente en su última conferencia. Pero, tomando las precauciones adecuadas, ¿hasta qué punto puede resultar en salir de la casa tantas veces, un par de veces a la semana?

No tiene que tomar el sol, que es una herramienta fundamental en el cuidado de las personas.

El balance final seguramente resultará en un mejor descanso y una mejor vida.

Si los números de la pandemia en Argentina siguen marcando una perspectiva positiva, el siguiente paso en la "administración" de la Cuarentena debería ser la autorización para realizar actividad física, incluso más en el mar en días alternos, en pequeñas dosis, con tapas. a metros del resto de la población.

 

 

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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