Domingo 22 de mayo, 2022

OPINIóN | 04-04-2022 11:22

Generación ZOE: cómo convertían a sus adeptos

El modus operandi de Leonardo Cositorto, y las estafas con tintes místicos que prometen una transformación de vida.

Para atraer la atención, adhesión, y en muchos casos la inversión de sus destinatarios, organizaciones como la controvertida Generación Zoe, emplean misterio, autoridad y promesas de salvación de todo tipo. 

Enrocan una ansiedad existencial a cambio de estructuras y certezas. Suplantan una supuesta soledad cobijando a los seguidores, clientes/ y asociados en “una nueva comunidad”. Para lograrlo, ofrecen respuestas concretas y rápidas, y prometen importantes logros sociales, espirituales, afectivos y económicos.

Quienes consiguen convertir a las personas en adeptos a sus proyectos, dirigen su accionar sobre objetivos precisos: trabajan sobre las ansiedades y la soledad de personas que están sufriendo problemas personales, transiciones o alguna crisis.

Brindan la promesa de una curación transformadora dentro del marco de una comunidad que les tiene aprecio y que los cuida. Ya que, supuestamente, sanarán las heridas que le han provocado las equivocaciones, las fallas o el odio de los demás. Cuando llega a estas organizaciones, lo primero que encuentra el nuevo integrante es un sentido de familia y de pertenencia.

En ese contexto, se fomenta: el rechazo de los viejos valores; la aceptación de nuevo estado de vida; y la destrucción de antiguos vínculos y relaciones sociales.

Es frecuente que las personas que son atraídas tengan una apreciación errónea del líder de la organización. En muchos casos su criterio de realidad está perturbado, pues atribuyen al conductor cualidades exaltadas de perfección o de grandiosidad, o simplemente, entienden que siempre tiene razón. Lo idealizan. 

Es esperable que se constelen en los nuevos postulantes, necesidades económicas con desequilibrios emocionales de algún tipo, que fertilizan el camino para que estos “falsos líderes” puedan captar su voluntad.

Obnubilados y casi ajenos a su propia razón, los hacen capaces de llegar al límite de la lógica, incluso se ven inmersos en los denominados “pensamientos mágicos”, los cuales justifican sin sustrato, resultados milagrosos que avalan hasta incluso la entrega de dinero.

Una vez que están inmersos, su idea es irreductible, y llega a condicionar su conducta. Al punto de ignorar a quienes tratan de hacerles ver la realidad, como pueden llegar a ser sus familiares. 

Es notable la manipulación de tipo psicopática, que padecen los adeptos de estas organizaciones. Comienzan siendo víctimas, pero al final del camino, cuando no se obtuvieron los frutos esperados, pasan a ser dueños de la culpa del fracaso ya que no se esforzaron lo suficiente.

Es el camino habitual para convertirse en victimarios. Lo descripto responde a las denominadas defensas aloplásticas, propias de los psicópatas, en este caso padecido por sus seguidores o adeptos.

Penosamente, la experiencia nos enseña que las verdaderas víctimas toman cabal conocimiento de lo que padecieron tiempo después. A veces de manera parcial, otras pocas de forma total y casi nunca a tiempo.

Son muy bajas las chances de lograr “desarraigar” las creencias implantadas por los líderes de estas organizaciones en sus inicios. Debería ocurrir algo muy evidente o poco inteligente para que el adepto se desilusione. Los líderes son seductores y saben que decir y como hacerlo. Si algo no les falta es observación y ésta es la base de la inteligencia.

por Dr. Rafael Herrera Milano. Perito Psiquiatra Forense.

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