Domingo 22 de mayo, 2022

OPINIóN | 26-02-2022 11:00

Cómo innovar la democracia y dirigir el cambio

Una interpelación para generar cambios sistémicos que permitan, por ejemplo, medir el desarrollo por fuera del PBI, un indicador que no registra las inequidades estructurales.

Sin interpelación no hay innovación posible. Por lo tanto, antes de adentrarnos en la búsqueda de las innovaciones necesarias, resulta fundamental acordar cuál es el alcance de la interpelación en cuanto a la profundidad de los cambios sistémicos que quieren provocarse, en cuanto a la temporalidad respecto de la definición del horizonte de la prospección y en cuanto a la diversidad de agendas que se pondrán en tensión.

Sobre todo, porque las innovaciones que requiere la democracia del siglo XXI no son retoques de forma, sino que necesitan de una profundidad tal que puedan evitar que la democracia entre en un estado de bipolaridad que termine de alterar el afectado Estado social de derecho.

Si quisiéramos aportar a una democracia consolidada como proyecto ético que asegure un Estado de derecho para un mundo digital, en primer lugar, ¿no deberíamos definir cuáles son las innovaciones que deben introducirse a un sistema que quedó anclado en una lógica de representación, limitando a las democracias a contiendas electorales y reduciendo al ciudadano al simple rol de elector

Encuestas versus urnas: ensayo y error

Si es cierto que muchas de las decisiones de impacto institucional y sobre la vida de las personas se toman desde algoritmos, ¿no deberían definirse marcos de valores y una institucionalidad que los enmarque? ¿Cuáles son las distorsiones y la discapacidad ética de la democracia que la limitan y la hacen vulnerable para que no pueda garantizar el Estado social de derecho como bien público?

En lo referido a la economía, ¿qué debe cambiar del modelo de desarrollo para lograr sistemas económicos inclusivos y regenerativos al servicio del planeta y la humanidad? ¿Es necesario fijar un techo para que el modelo de desarrollo económico pueda garantizar rentabilidad a las empresas y generación de riqueza en las comunidades sin vulnerar los límites planetarios? ¿Cuál es el rol del Estado en los modelos de desarrollo económico cuando ya 51 de las cien principales economías del mundo son corporaciones privadas?

¿Cómo la economía garantiza la dignidad humana en temas de salud, alimentación y acceso equitativo a derechos? ¿Cómo se mide el desarrollo por fuera de indicadores como el PIB que no registra las externalidades negativas ni las inequidades estructurales? ¿Cómo se cambia la lógica de bien rentable para el inversor por la de bien útil para la humanidad? ¿Cómo se cambia el paradigma del éxito por el paradigma del cuidado? ¿Cómo se enmarca éticamente a la economía para que la tecnología no se aplique desde las lógicas de la acumulación y el conocimiento no sea monopolizado en pocas manos como sucede con el dinero?

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Poder definir el alcance de la interpelación, nos acercará a vislumbrar no solo las innovaciones requeridas en términos de cambios sistémicos, sino también la profundidad de los riesgos que se quieran gestionar como sociedad, dimensionando los problemas sobre los cuales vamos a intervenir, dado que serán los que definan la escala de las innovaciones.

Los cambios sistémicos se producen por dos vías: 1) por agotamiento, es decir, cuando se agotan todas las opciones que ofrece el modelo y se requiere innovación; entonces, a partir de prueba y error surge uno que sale bien por cientos que quedan en el camino; 2) por irrupción de atractores y catalizadores que derivan en un nuevo modelo que irrumpe y reemplaza lo existente.

En el actual modelo democrático se da una particularidad que exige una interpelación a fondo y urgente. Si bien muchas de las opciones del modelo vigente (Estado social de derecho) aparecen como agotadas, se está lejos de la etapa de ensayo y error en la cual debería generarse el modelo que pueda reemplazarlo. En condiciones normales, la sociedad debería consumir el tiempo que sea necesario para que del ensayo y error, surja el nuevo modelo. 

El problema es que irrumpió la tecnología y los algoritmos que pusieron en crisis el modelo democrático basado en el Estado social de derecho, además de cambiar los métodos de búsqueda de transformaciones, que pasaron del ensayo y error a los modelos de simulación. En otras palabras, no se habían agotado las varianzas (distintas variantes dentro del mismo fenómeno) cuando irrumpió la variedad (distintos fenómenos), y hoy nos encontramos con un sistema binario en crisis y una democracia rumbo a la bipolaridad.

Mauricio Macri y Cristina Kirchner.

Mientras avanzan dispersas en el planeta embrionarias interpelaciones al sistema democrático y al modelo de desarrollo económico, compartimos algunas innovaciones de forma que pueden ser consideradas para construir el escenario de condiciones para avanzar hacia las innovaciones de fondo que necesita la democracia del siglo XXI.
Nuevo significado para la democracia. Roberto Verganti dirige el LeadinLab, el laboratorio de liderazgo, diseño e innovación de la School of Management of Politecnico di Milano, y desde su visión académica nos brinda la primera pista de lo que tendríamos que innovar.

¿Cuánto tiempo dedican las democracias a constituir espacios estratégicos donde se promueva la reflexión para encontrar innovación de significados a las causas que son más significativas para la sociedad?
Los gobiernos que asumen el gran desafío de operar las democracias del mundo, ¿desde dónde diseñan las gobernabilidades y las gobernanzas para que incorporen la innovación de significado? Daría la sensación de que los líderes mundiales no están destinando tiempo suficiente para pensar la innovación de significado en los términos que plantea el profesor Verganti. 

Y ello es terrible para la construcción de las sociedades futuras, pues se requiere darle sentido a la innovación de soluciones para poder encontrar los nuevos significados de la democracia, algo que se logra cuando los gobiernos y los líderes abren los espacios de la institucionalidad para innovar la razón de ser de los modelos democráticos. Porque gobiernos y líderes pueden tercerizar la innovación de soluciones, pero no la innovación de visiones.

Carlos March

Las sociedades generan transformaciones cuando comprenden que la captura de valor no reside en hallar nuevas soluciones, sino en encontrar nuevos significados. Waze no aporta una nueva solución a los viejos GPS sino un sentido distinto: la aplicación no se limitó a brindar información respecto de un destino desconocido, sino que además indica el camino más rápido para el arribo. La innovación de significado no busca lo que satisface, busca lo que desafía.

Regresando a Verganti, una innovación en solución mejora el desempeño y muchas veces no hay valor en un mejor desempeño si este desempeño no se torna significativo. Las democracias están siendo desafiadas en su sentido y ello requiere innovaciones de significado. En un escenario superpoblado de ideas, la nueva idea agrega valor marginal; son mejores ideas para resolver problemas establecidos, pero siempre en la misma dirección. Por ello, no se requieren más ideas, sino una visión significativa. Y las visiones significativas exigen mirada crítica y convicción interpelante. 

 

*Por Carlos March, Director de Inteligencia Colaborativa de la Fundación Avina.  Autor de “Democracia bipolar: Un aporte a las innovaciones para la democracia del siglo XXI”

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