Domingo 22 de mayo, 2022

OPINIóN | 10-02-2022 16:03

Cristina Kirchner vs. Alberto Fernández y el desafío de ralentizar la ruptura del Frente de Todos

El Gobierno celebra haber desactivado la bomba de la renuncia de Máximo Kirchner. Pero saben que el conflicto sólo se ocultó bajo la alfombra.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández se acercan, roce tras roce, a una posición cercana a la ruptura. Algunos creen que, más allá de que nuevamente se contuvo el incendio, el escenario es de muy difícil vuelta atrás. Las cartas públicas de la presidenta marcaron ese camino, desde “los funcionarios que no funcionan” al abierto reclamo post PASO, que ventiló públicamente el enojo con el presidente, que escucha pero no actúa en consonancia, según la accionista mayoritaria del Frente de Todos.

“Siempre remarqué la falta de efectividad en distintas áreas de gobierno”, escribía en esa sentencia. Cristina Kirchner ha probado en su comunicación más congruencia e inflexibilidad que el presidente, que acomoda públicamente su discurso según el interlocutor. Y había avisado también días antes de la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque, que no estaba de acuerdo con el acuerdo: lo hizo por escrito y luego en su discurso desde Honduras.

El FMI es en la dialéctica del kirchnerismo el enemigo. Y las sonrisas del ministro Martín Guzmán durante el anuncio no fueron en esa sintonía. Fue la gota que colmó el vaso para el kirchnerismo, sumado a que en Casa Rosada, dentro de los festejos por el acuerdo, se celebró también una reivindicación del albertismo sobre el kirchnerismo. Una victoria que hizo soñar al círculo rojo presidencial con una emancipación del kirchnerismo que lo destrata.

“No voy a seguir tolerando las operaciones de prensa desde el propio entorno presidencial”, había escrito CFK post PASO. La renuncia de Máximo puede ser leída en ese sentido. Molestó que el fervor albertista llegara con ese tono a algunos medios amigos. “Si creen que no nos necesitan veamos cómo se las arreglan solitos”, dijeron en respuesta cerca del diputado que complicó la aprobación parlamentaria del acuerdo, cuando se produzca.

Desde la presidencia creen que la renuncia de Máximo no tendrá consecuencias. Que el reemplazo por Gerardo Martínez permitirá una mejor articulación del bloque, y Sergio Massa no tendrá obstáculos para tejer su red de alianzas proyecto a proyecto, sin que el hijo de la vicepresidenta patee el tablero a último momento. “A rey muerto, rey puesto”, se festejó incluso en el albertismo, que mira hoy, a la vuelta del viaje asiático, las encuestas en las que la imagen del presidente repunta.

Efectivamente, tras el anuncio de un preacuerdo con el FMI, la aprobación a la gestión de Alberto Fernández tuvo un salto positivo por arriba de los 5 puntos. Y las mejoras más notables se dieron justamente en los en los que no gobierna el peronismo, con Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires a la cabeza. Las últimas elecciones latinoamericanas, que el Gobierno mira de cerca, son justamente una prueba de que oportunos giros al centro son premiados en las urnas.

Y el albertismo cree que ese es el camino para reelegir en 2023, alejándose de los planteos más duros del kirchnerismo y la pelea con la justicia, sobre todo para acabar con las causas que complican a la vicepresidenta y su entorno, parte del “contrato prenupcial” que el presidente dilató en su cumplimiento durante el 2020, abocado a la pandemia, pero hoy cree saldado.

En la vereda de enfrente, el kirchnerismo responde como lo hizo ya la vicepresidenta: que no cree en las encuestas. “De acuerdo a las encuestas, íbamos a ganar ´'muy bien' las elecciones”, escribió justamente CFK tras las PASO. Y se sabe además indispensable para un triunfo del Frente de Todos el año entrante. Barrer la renuncia de Máximo Kirchner bajo la alfombra dilata pero no evita el conflicto que se cierne en el oficialismo.

Si Alberto Fernández profundiza el curso que ha tomado el Frente de Todos se dirige a una situación de ruptura inexorable, advierten. La magnitud del choque dependerá de la velocidad que tome. Pero el kirchnerismo ha demostrado que no cederá. Es un rumbo de colisión para la coalición. Si el albertismo cree que puede independizarse, el kirchnerismo ya ha demostrado que lo abandonará, y el resultado en términos de la gobernabilidad será complejo para el presidente.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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