Viernes 7 de octubre, 2022

OPINIóN | 02-02-2022 17:26

Quién era José Luis Cabezas

Un texto escrito en dos tiempos: ante el impacto del crimen y 25 años después. Con la tristeza de haber perdido a un amigo.

Querido José Luis: Antes de agarrar la cámara de nuevo te escribo unas líneas con las últimas noticias. Parece que hay mucha gente que quiere saber de vos, te diría que todos me preguntan. Sé que no te va a molestar porque nos tenemos confianza y, seamos sinceros, te encanta. Hoy, para que te sientas orgulloso, todos hablan de vos. Les digo que eras bueno con tus hijos, malo con los malos, irremplazable para Cristina, ingenuo con los ojos, franco con la risa, incansable con la cámara, transparente de corazón, curioso de oficio, amplísimo de amigo y fraternal conmigo. Para los desmemoriados llevamos una cinta negra en tu memoria. Yo no llevo un luto. Llevo prendida una carcajada tuya de repuesto. Gracias por todo y hasta la próxima.

Escribí estas líneas hace 25 años en la vieja redacción de la revista Noticias, en Corrientes y Talcahuano. Con dos dedos y en una máquina de escribir desvencijada trate de hacer lo que me había propuesto: contar quién era José Luis Cabezas. En los días posteriores a su asesinato, los rumores echados a correr eran miles. Cabezas era “un extorsionador”, “un doble agente”, “un adicto”. Cataratas de mugre caían sobre la imagen de José Luis con el claro propósito de desviar las verdaderas razones de ese crimen. Lo único cierto era que José Luis ya no estaba entre nosotros.

Nosotros, los fotógrafos, conocíamos muy bien la calidad humana de José Luis. Nuestra tarea fue iluminar quién era realmente. Muy rápido se instaló en la sociedad la magnitud de lo acontecido, lo peligroso de esa metáfora de impunidad y corrupción.

La Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina, ARGRA, con el liderazgo de Osvaldo Baratucci, trabajó sin descanso por el logro de justicia. Todo fue muy confuso, complejo e intrincado. Y una vez más, lo único cierto era que José Luis ya no estaba entre nosotros.

“Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la cabeza”. Eso habría dicho Alfredo Yabrán, considerado el autor intelectual del crimen. Fue una profecía autocumplida, se voló la cabeza de un escopetazo cuando estaba por caer en manos de la justicia. Antes, alguien había tramado la muerte del autor de aquella foto.

Las cosas han cambiado, nosotros, los reporteros gráficos crecidos con la ambición de ser parte de ese mundo editorial, de llegar a trabajar en las grandes revistas como Paris Match y Time o nuestras Siete Días y Noticias misma, nos estamos quedando sin trabajo.

Recuerdo las increíbles historias que contaba el querido fotógrafo Hugo Ropero cuando fue enviado por Noticias a una isla del Caribe. Allí, el famoso sindicalista, Armando Cavalieri, disfrutaba de la arena, el mar y una joven compañía. La revista destinó miles de dólares y el trabajo de dos periodistas para obtener ese documento revelador. Hoy es impensable y, sobre todo, innecesario. Los propios protagonistas postean sus fotos en las redes sin vergüenza ni pudor. Estamos inundados de fotografías y da la impresión de que hemos perdido la capacidad de asombro.

De todo lo que existe hay una foto y si no hay foto es porque no existe. El enfermizo empeño de Yabrán en mantener su anonimato hoy sería imposible. Pero lo más cierto de todo es que José Luis ya no está entre nosotros.

 

 

* Guillermo Cantón. Fotógrafo y editor de la revista Contrastes, que publicará este texto en su próxima edición.

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por Guillermo Cantón*

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